Febrero 7, 2010 · Posted in Macroverso  

Día: Siguiente
Hora: Temprano (o demasiado tarde)
Lugar: Mundo “real”

Su esfera de paz y luz infinitas hacía aguas por todas partes (no sabía de donde venía el agua y, preguntarse aquello tampoco le ayudaba a descansar) No había manera. Estaba claro que aquella noche no iba a dormir. Si a todo esto le sumábamos que, en la habitación de al lado, Sandra roncaba de manera ostensible algo (en teoría) tan sencillo como dormir, se convertía en una quimera inalcanzable.

Se levantó y se dirigió de puntillas hacia el salón. Mientras hacía esto, no podía evitar el escuchar en su cabeza la clásica música de “acechar” de los dibujos de la Warner.
Al llegar al salón comprobó que, con el barullo mental que le había provocado la visita, se había dejado encendidos el portátil y la consola. Al menos la tele sí que la había apagado. Se cruzó de piernas sobre el sofá y miró si había alguien conectado en los programas de mensajería. Nada.
La consola se estaba quedando sin batería, así que la puso a recargar. Eran las siete de la mañana y no sabía que hacer.
Opciones, opciones. De nuevo tantas posibilidades, tantas elecciones posibles y tan pocas ganas de tomar ninguna.
Podía limpiar. La verdad es que la casa estaba bastante guarra (es más, en aquel momento todo le parecía estaba más sucio y desordenado que hacía un par de horas)
Nah. Aparte del ruido que metería, aquello daría a su invitada una idea equivocada de donde se había metido. Cerró los ojos y mando su cabeza hacia otro lado. Mentalmente repasó todas las historias que tenía pendientes y continuó una de ellas en el punto recurrente en el que siempre la retomaba.
Vale, parecía que aquello funcionaba, ahora tocada centrarse en uno ¿Su versión/homenaje de La Atlántida, o la justificación/trasfondo de los Tanraq?
Tampoco es que pudiese elegir. Por su cabeza iban apareciendo en bucle una sucesión de imágenes aleatorias; Fragmentos distorsionados de películas y bustos parlantes, colgados en mitad del vacío, que repetían siempre una misma frase o palabra. Paseos imaginarios por mundos imposibles y el sonido de los golpes de un combate del que sólo percibía los destellos provocados por el entrechocar de las espadas. Aquella ruleta giró y giró hasta detenerse en el interior de la mente de Ulwrath, uno de aquellos personajes que habían tenido la desgracia de ser creados por él.

El sonido de la puerta trajo de vuelta su cabeza a este mundo. No recordaba haber dejado de escuchar los ronquidos, pero parecía obvio que Sandra se había levantado. Poco después escucho el sonido de la ducha, parecía que también se había perdido como había salido de la habitación. El alien de su estomago despertó de nuevo y empezó a moverse por su interior buscando la salida.
Encendió la tele, y miró el reloj. Las ocho y media. O su invitada necesitaba poco el dormir, o no había sido capaz de hacerlo.

- Vaya, nunca habría imaginado que te gustaban estas cosas – su cabeza se había ido otra vez de paseo y la voz de Sandra fue la que la trajo de vuelta esta vez. Sus ojos lograron enfocar las imágenes que le mostraba la pantalla y se dio cuenta de que estaba viendo algo que debía ser la reposición de algún culebrón.
Javi se giró hacia la dirección de la que había venido la voz, y la vio. Al lado de la puerta del salón, Sandra permanecía de pie. Aún tenía el pelo mojado por la ducha, y solo llevaba puesta la camiseta que había dejado en su habitación y sus botas. La camiseta le llegaba casi hasta las rodillas y era suya, por lo que debía tratarse de una prenda de lo mas antiherótica. Pero no. Bello, hermoso, bonito. Su mente trataba de encontrar una palabra que describiese lo que tenía delante, y lo que mejor le sonaba para describir aquello era perfecto. Mientras tanto, procesándose en paralelo, sus neuronas se preguntaba si el tener olfato habría añadido algo a aquella experiencia, y no podía evitar pensar que aquellas cosas sólo pasaban en las películas.

- Hola, guapo – Sandra le saludó reforzando aquella palabra y la mirada que la acompañaba con un gesto de su mano.
Javi trató de pensar una réplica. Algo original y gracioso. Mientras tanto en su cabeza le preguntaban:
- ¿Porqué estás buscando una replica original para un simple “hola”? – Bueno, el guapo que había venido después no había sido precisamente una ayuda.
- ¿Esta tratando de seducirme, señorita? – no sabía si el tono en el que había dicho aquello era el correcto, pero las voces en su cabeza tampoco terminaban de ponerse de acuerdo sobre la intención última de aquella respuesta.
- ¿Sabes que la gente normal no habla así, no? – vale, la sonrisa en su cara parecía indicar que se lo había tomado como una broma. En la votación popular que acababa de finalizar en su cabeza, parecía que habían ganado, con bastante diferencia, los que defendían el “Eso es lo que queríamos”
- Aceptaremos “anormal” como un halago. ¿Que tal? ¿Mejor? – trataba de pensar en cuanto tiempo había tardado en salir la replica, pero le daba la impresión de que había sido mucho. Aquella imprecisión no le gustó demasiado.
- Bueno, mi cabeza aún tiene que dejar de dar botes por ahí adentro – seguía sonriendo. Aquello era bueno y hacía aquella visión aún más perfecta.
Aunque si aquello ya era perfecto, se suponía que no podía mejorarse. Decidió cambiar la apreciación de su primera impresión a “casi perfecto”. También se propuso dejar de intentar catalogar o definir aquello.
- Siéntate cuando y como gustes – decidió continuar con la vena arcaica.
- No se… – la sonrisa desapareció por un momento y se volvió expresión de preocupación y tristeza. Parecía que se había acordado de lo que fuese que la había llevado hasta allí. De todas formas, se sorprendió al comprobar que aquello no le hacía perder un ápice de su… casi perfección – Tendría que irme – aquello le decepcionaba, pero también le aliviaba – Aunque tampoco tengo muy claro que hacer – se sentó en el sofá junto a él.
- Tómate tu tiempo – quería preguntarle sobre lo que le había pasado, pero prefirió esperar a que fuese ella quien sacase el tema – No tengo planes para hoy.
Sandra se echo las manos a la cara y se encogió. Parecía que se iba a echar a llorar, pero aquello no parecía tristeza, sino rabia e impotencia. En aquel momento tenía ante él a alguien en quien no reconocía a su compañera del trabajo. Nunca pensó que utilizaría la palabra “frágil” para describirla.
Un abrazo parecía la respuesta idónea para aquella situación, pero un análisis rápido le indicó cinco razones distintas en las que podría malinterpretase aquello (aunque estaba seguro de que habría muchas más) así que no hizo nada. Al final el llanto no llegó.
- ¿Tú que harías en mi lugar?
- Supongo que antes de tomar una decisión, sabría la razón por la que estoy así – cruzó los dedos para que aquel intento de humor funcionase.
- Perdona… es que nada que tampoco me haya pasado antes.
-
- ¿Me vas a preguntar que ha pasado?
- Ah, sí, perdona ¿Que ha pasado?
- Tío, a veces pareces de otro planeta.
- ¿Gracias?
- No, pero bueno. A ver, he pillado a mi cuñado poniéndole los cuernos a mi hermana.
- Vaya.
- Ya te digo.
- Vale, ya sabes que hoy…
- Ayer.
- Vale, ayer ¿porque eres tan puntilloso con esas chorradas? No, déjalo. Ayer había cena del curro. A todo esto ¿Porque no viniste?
- Si que fui, pero me largue después de la cena.
- Ah, sí, es verdad. Perdona… el alcohol… mi cabeza… ya sabes.
- Puedo hacerme una idea.
- Sabes que no vivo en Pamplona, así que, como no quería cortarme con las copas, le dije a mi hermana, que si que vive aquí, si podría dormir en su casa esta noche. Y va y me encuentro al cabrón de su marido, en un bar, metiéndole la lengua hasta los pulmones a una tipa.
- Supongo que estas segura de que era tu cuñado.
-
- Y de que la tipa no era tu hermana.
-
- Vale, vale. Así que deduzco que no sabes si contárselo a ella, o no.
- Jo, que listo eres – sí, sarcástica sí que era una palabra que habría utilizado para describirla. Parecía que volvía en sí.
- Es un don, pero no te sientas inferior por ello. Es más, arriesgándome aún más, el problema no es tanto el contárselo, como el cuando y el como.
- Ahí le has dado – la sonrisa parecía que trataba de asomarse de nuevo. Aquello no era bueno. Estaba esperando una respuesta que él no tenía.
- Pues no te envidio – brillante, Javi. Te has lucido con tu respuesta.
- ¿De verdad? ¿Con lo que mola?
- Llámame raro.
- No sé que haría sin tus consejos.
- Hombre…
- Mujer.
- Vale, mujer. Antes que nada yo intentaría hablar con él.
- Es verdad, seguro que hay una explicación lógica. Estoy convencida de que le estaba practicando una traqueotomía con la lengua a esa zorra.
- A ver, puedo parecer un poco inocente, pero tan tonto no soy. Por lo que cuentas, los actos hablan solos, pero no estaría de más saber el contexto – vas mejorando la situación, Javi. Ahora viene cuando te acusan de ponerte del lado del corneador. Todos los tíos sois iguales y blablabla.
- ¿Tú crees? – rápido, di algo antes de que recupere todas sus funciones mentales.
- Que esas cosas de pareja son muy suyas (por lo que me han dicho) Que Igual andan con problemas (y el va “arreglándolos” como todo un macho) Yo hablaría con él sobre lo que “vi” y le daría la oportunidad de que fuese el quien se lo contase a tu hermana. Si no lo hace, pues ya volvería a estar la pelota en tu tejado.
- Pues… pues igual tienes razón
- Pero vamos, ahora que esta la cosa chupada, si quieres sí que te cambio el papelón.
- Gracias. Y yo pensado que ya estaba todo solucionado – por fin regresó la sonrisa.
Se hizo el silenció, y entonces Javi se dio cuente de un pequeño (y aún más incomodo) detalle. Mirándole fijamente a los ojos, le preguntó:
- ¿Puedo hacerte una pregunta un tanto “intima”?
- Adelante.
- ¿Llevas ropa interior debajo de la camiseta?
- ¡¿QUE?! – Sandra armó el brazo para una bofetada.
- Espera, espera, esto tiene una explicación lógica, casta y pura.
- Sorpréndeme. Tienes cinco segundos y descontando.
- Esa camiseta que llevas es mía, y te está un poco grande. Entre las cosas, el cuello está un poco cedido, y cuando te inclinas hacia adelante, corro el riesgo de que mi mirada se dirija hacía… ahí.
- ¿Y con ropa interior lo encontrarías más aceptable?
- Vale, déjame que reformule la pregunta. Bueno, mejor déjame que la convierta en una petición. ¿Podrías ponerte tu ropa para librarme de la tentación?
- Tío, eres la polla.
- Espero ser algo más, pero no has respondido mi pregunta/petición.
- Sí.
- ¿Sí, a que? ¿A que llevas ropa interior? ¿A que te vas a poner tu ropa (o algo menos tentador)? ¿A que soy algo más que un miembro viril? ¿Sí a todo y formateamos el disco duro?
- Sí a ninguna de esas preguntas.
- Ah, vale, eso lo aclara todo.
- No. La verdad es que has acertado antes con lo del intento de seducción – Vale, aquello no se lo esperaba. Le halagaba y no se lo creía, pero no se lo esperaba.
- Pues sí que estás en shock.
- Que no, imbécil, que es verdad.
- Pues nunca lo habría imaginado.
- Tampoco acabo de entenderlo yo, así que imagínate.
- Vaya. ¿Me siento halagado u ofendido?
- Tómatelo como quieras, pero como no me digas algo al respecto antes de que se me termine de pasar la resaca, esto se va a volver aún más incomodo.
- Pues no se muy bien que quieres que te diga. Me pareces una chica muy guapa y me llevo muy bien contigo pero, esta creo que ha sido la conversación más larga que hemos tenido. Vamos, que no es que seamos íntimos o nos conozcamos demasiado.
- Sigues sin responder.
- Pues… no se si la cosa funcionaría.
- A ver. Te estoy diciendo que me gustas, no que seas el padre de mis hijos.
- ¿Me lo puedes explicar con palabras sencillas? Es que entre el alien de mi estomago y el derrame cerebral que acaba de desatarse, me va a costar un rato reaccionar y formar pensamientos coherentes.
- Te iba a preguntar si te apetecería quedar algún día para dar una vuelta o algo. Pero, visto lo visto, me parece que casi mejor si dejamos la cosa como está.
- No, no es eso. Pero es que esto es algo nuevo para mi.
- ¿Que una tía te pregunte si quieres salir con ella?
- No, que una tía quiera salir conmigo.
- ¿De verdad? No puedo imaginarme el porque.
Aquello era algo para lo que no estaba preparado. La opciones estaban claras, y la decisión era sencilla. El problema es que no quería hacer lo que consideraba que debía. Podía aceptar el quedar con ella y alimentar unas “esperanzas” (¿de verdad quería salir con él?) en una relación en la que entraría sólo aportaría dudas y reticencia (aunque agradecería la compañía) O podía decirle que no, y confiar en que se lo tomase a bien y comenzar con el tiempo una relación de amistad.
- Yo… creo que va a ser que no. Ya te digo que me caes muy bien pe…
- Déjalo, me visto ahora y me largo. Creo que prefiero darme de hostias con mi cuñado.
- No tienes porque irte, y no quiero que te vayas así…
- No, va a ser lo mejor.

Sandra se fue. Bien por ti, Javi. Estas hecho un crack (y el lunes va a ser un día muy incomodo en el curro)
Vale, no son ni las diez de la mañana de un domingo ¿Y ahora que?
Descolgó el teléfono y marcó.

- ¿Sí? – Marcos descolgó al otro lado.
- Hola M, ¿está D?
- Hola Javi, acabas de subir a nivel nueve.
- Mola – Marcos colgó.
Había alcanzado el nivel nuevo en el odiometro de su cuñado, acababa de superar a Data (el de los Goonies no, el de Star Trek)
Poco después sonó el teléfono.
- Hola D.
- ¡Que no me llames D!
- Pero si es una de mis películas favoritas.
- Ya, pero no soy un tío.
- Ya, ni un cazador de vampiros. Ni un medio vampiro.
- Vale, evitas el tema por el que has llamado desde el segundo uno. La has debido de liar gorda. Anda, déjate de rodeos y empieza a largar.
Esa era su hermana, al menos siempre le quedaba ella para contarle sus penas.

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Enero 14, 2010 · Posted in Mundos improbables  

Estoy planteándome varios genocidios. Así, como suena.
En un ataque de furia xenófoba me voy a pulir al noventa y nueve por ciento de las especies no humanas (e inteligentes) de Daegon. Ahí, con un par.
Soy consciente de que eso acarreará una reducción notable del interés del mundo ante el jugador estándar pero… bueno… pues que no jueguen. Podré vivir con ello.

Como os comentaba hace poco, estoy redactando la versión “definitiva” de Daegon y me estoy dando cuenta de algo que ya sabía (así de listo que soy): Todas esas razas son superfluas. No añaden nada a las historias que pretendo contar.
Sólo son herencias del pasado. Del concepto de “Mundo fantástico” que está anclado en nuestro imaginario colectivo friki. Pero en el fondo no dejan de ser clichés andantes, arquetipos hipervitaminados encumbrados a los altares de la generalización racial y/o/u justificaciones para actitudes concretas.

Ya desde mis inicios en esto del rol nunca me atrajeron los no-humanos. Podría contar con los dedos de una mano (y sin repetirlos) la cantidad de personajes no humanos que me he hecho por elección (ya que hay juegos en los que eso iba por tirada) No se trataba de ningún tipo de repulsa o cruzada pro-humana. Simplemente (y como ya he mencionado por ahí arriba) me parecen opciones muy limitadas.
Porque admitámoslo, vale, sí, mola eso de llevar un tío súper ágil, uno enorme, con cuatro brazos o con alas. Pero no dejan de ser eso: Humanos con una característica más desarrollada (y con sus correspondientes bonos a las tiradas) pero por dentro no dejan de ser eso: Humanos. Y una idea que puede estar muy bien para un personaje, cuando lo conviertes en un estándar racial, pierde toda su gracia (y su originalidad)
Se les intenta dar una pátina de trascendencia. Maquillar sus aspecto con rasgos raciales de personalidad o “culturales” y es precisamente ahí donde comienzan a cagarla (siempre en mi opinión) Porque siempre nos encontramos con lo mismo.
Luego esta la gente que pretende ir de rompedora y dar “una vuelta de tuerca al concepto” y te encuentras con razas igual de limitadas, que mantienen más o menos la apariencia física que se le supone y acepta en el imaginario fantástico, pero que actúan como la raza de al lado (esa que la convención dicta como su opuesta) y viceversa.
Y todo esto me cansa. Me cansa mucho, porque sólo son excusas para tener superhéroes de andar por casa. Me cansa porque no se cuenta con ellos nada que no se pueda contar con otra cultura humana (con la libertad que eso te da) Y me cansa porque, a mi, no me aportan nada. Todo lo contrario: No me las creo.

Para mi la inteligencia (la nuestra, vamos, la de las razas inteligentes) es algo que sirve para hacernos únicos, pero únicos como personas individuales, no únicos como especie.
Podemos tener asimilados una serie de conceptos culturales, pero también tenemos la posibilidad de cuestionárnoslos, y no por eso dejamos de ser “humanos” o “navarros” o “ciudadanos de la tierra” Tenemos el intelecto para controlar al instinto (o, al menos, para intentarlo) Pero cuando juegas con una especie no-humana, no. Entonces tienes una serie de valores marcados a fuego de los que no puedes escapar. Si tratas de llevarlo de otra manera es que no eres un “enano” o un “habitante del planeta X” (o cualquier bicho del mundo de tinieblas)

Ahora es cuando decís: Vale, listo, ¿Entonces porqué creaste las razas no humanas en Daegon? Pues… por lo que empecé a usarlos: Porque venían con el libro.

Como ya he comentado en más de una ocasión, Daegon no comenzó siendo un mundo complejo (es más, en sus comienzos ni siquiera tenía nombre) así que iba tirando de lo que había. Y lo que había era RuneQuest… pues lo usamos (conste que esto no es una crítica a Rune, que ya sabéis que me encanta)
Así que adoptamos las tiradas de características de sus razas (que no sus descripciones físicas ni culturales, que Glorantha es demasiada Glorantha como para ponerse a hacer adaptaciones conceptuales) y tiramos p’alante como buenamente pudimos. Las dudas metafísicas, desbarres filosóficos y demás rayadas personales no vendrían hasta pasados unos años.

De todas formas, ya desde la primera toma de decisiones sobre conceptos, orígenes y demás parafernalia, tenía algo muy claro: Todas aquellas razas que iba presentando no dejaban de ser hombres mutados por uno u otro poder. O sea, lo que comentaba antes de superhéroes de andar por casa, pero con una mentalidad humana.
Claro, uno quería ser rompedor y blablabla y se empeñaba en que se llamaban elfos, pero no eran elfos, se llamaban trolls pero no eran trolls, y todo lo demás. Así que, más adelante, para mantener mi propia coherencia, les cambiaría nombres y apariencias (y “poderes”) pero manteniendo sus orígenes y culturas.
Mi mayor problema era como ubicarlos de una manera “orgánica” (signifique lo que signifique) en mi mundo. Como justificar su existencia, más allá del simple hecho de “molar”
Y eso fue lo que hice: Justificar sus existencias. Buscar excusas para que estuviesen allí. Forzar la (mí) lógica interna para que todo lo que había dicho y escrito con anterioridad no perdiese validez. Vamos, cagándola.
Porque no todo lo que había escrito era bueno (ni siquiera para mis estándares). No todas las ideas merecían ser salvadas de la quema, pero me ha costado Crom y ayuda el aceptarlo.

Y así llegamos hasta hoy (bueno, hace un par de días que me vino la iluminación) cuando me doy cuenta de que no hacen falta. La historia se entiende perfectamente sin ellos y siempre que me los imagino, los veo con su humanidad por encima de su apariencia.
Es más, cada vez veo más forzadas sus creaciones. Sí, encajan con el mundo, pero a martillazos. Así que deben morir.

Si que mantendré la apariencia de alguna de esas razas, pero no como especies sino como personajes concretos. Hay explicaciones que si están bien integradas para un individuo, pero extrapolándolas a una especie entera hace que pierda gran parte de su fuerza y acabas con un ejército de clones con mente de colmena.

También añadiré que “molar” no es algo intrínsecamente malo. Es más, si un elemento “molón” está bien integrado en la historia, si es coherente, mi molómetro puede llegar a explotar por la emoción.

Así que, ya sabéis. Apagad vuestros molómetros, o empezad a sintonizarlos en otras frecuencias. Después de esto (le importe a alguien, o no) Daegon no volverá a ser lo mismo (¿Donde habré leído yo esto antes?)

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Enero 9, 2010 · Posted in Biografía computeril  

Tras dejar los estudios (es más, al día siguiente) comencé un curso de mantenimiento de ordenadores en el Fondo de Formación (que, creo, tenía alguna relación con el INEM) El curso ya llevaba tiempo empezado para cuando entré, y la verdad es que llegué bastante perdido, y nunca terminé de encontrarme en él.
Básicamente, la formación se dividía en tres vertientes: Dos de sistemas operativos (DOS y UNIX) y otra de desguace y goce con la casquería electrónica (vamos, reparación de hardware)
En las de sistemas operativos no me enteraba de nada. De DOS sabía un par de comando (más que nada intuía alguna que otra cosa gracias a saber un poco de ingles, y de los tiempos del Basic) y alguna cosa más me sonaba. Por ahí utilizaban las PCTools, aunque no sabía muy bien para que.
No pedían que hiciéramos cuadrados y círculos de colorines con aquella herramienta, pero a mi me sonaba que mis colegas la utilizaban para trampear las características de sus personajes del Bard´s Tale, así que no terminaba pillar por donde tenía que ir aquello.
Lo único que sacaría en claro de aquellas clases serían algunas cosillas:
Que el gore electrónico era algo que nunca tendría que haber abandonado. Me seguía encantando ver maquinas desmontadas, juntar las piezas y que aquello hiciese cosas.
Que el Prince of Persia era un juegazo. Bueno, con esto creo que no descubro nada a nadie.
Que el Atomic runner era otro juegazo (No, a este no jugaba en los PCs del curso, sino en el bar al que íbamos a tomar algo en los descansos)
Y que la programación y yo no éramos compatibles (aunque, cabezón como soy, de vez en cuando trato de demostrar como falsa esta afirmación)

En aquel momento los más de los más que había en PCs (al menos en aquel lugar) eran los 386, que se utilizaban en exclusiva para la sala dedicaba a Autocad. Nosotros nos teníamos que conformar con unos 286. Aquellos números entonces no me decían gran cosa. Lo único que sacaba en claro era que los tíos que los fabricaban y comercializaban tenían alguna fijación rara con los números y el año ochenta y seis.
También empezaban a moverse por la clase unos discos con una cosa que se llamaba Ventanas 2.x , lo cual me decía que los tiempos cambiaban, y que los tipos que empezaban a diseñar y comercializar los sistemas operativos debían de ser colegas de los que ponían nombre a los superhéroes.

Cuando acabé el curso, llegó el doloroso momento de abandonar de nuevo al Commodore y poner un PC en casa. Ya desde aquel momento tomaría la decisión que se mantendría en todos los PCs que he ido comprando (salvo con los portátiles): Nada de ordenadores de marca. Es más, mi primer PC ni siquiera sería Intel, sino que optaría (bueno, aconsejaría a mi padre, que con aquella edad uno no tenía esos dineros) por un procesador de la ya desaparecida Cirix: Un 386 a cuarenta megaherzios, con un mega de RAM y un disco duro de ciento veinte megas. Luego, ya por mi cuenta, le doblaría la RAM, le pondría (bueno, lo harían los de la tienda) un coprocesador matemático, y le pondría una disquetera de cinco y cuarto.
Con este equipo también comenzaría otra tradición: La desconfianza hacia las versiones modernas de los sistemas operativos.
Ya durante el curso había visto como mis compañeros sufrían los estragos causados por aquella cosa de las “Ventanas”, con sus pantallazos de error continuos y su casi completa ausencia de programas para utilizar.
De todas formas, terminaría por caer con la versión 3.1, porque el wordperfect para DOS era feo e incomodo de cojones y los cantos de cisne del entorno gráfico de los Mac llamaban con fuerza.
Pero antes de llegar hasta ahí, tendría mi primera experiencia mística con los virus, acabaría hasta el gorro de los mensajes de memoria insuficiente para ejecutar tal o cual juego (y me haría un ferviente devoto del memmaker) y nacería en mí un odio cada vez más acentuado hacia las disketeras.
Pero de eso ya os hablaré en la siguiente entrada.

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Diciembre 23, 2009 · Posted in Mundos improbables  

Hace unas semanillas me pase por Barcelona para echar una mano en las Ayudar jugando. No es que hiciera gran cosa, aparte de mover cajas, buscar (sin éxito) material interesante en las baúles de saldos (y en Gigamesh) y recoger mi recreativa.
La cosa es que, no se si por estar rodeado de tanto friki, por el repaso que estoy dando a los juegos viejunos para este blog, o por el tiempo que llevo proponiéndome retomar ciertas tareas, sin llegar a hacer nada, volvió al primer plano de mis procesos mentales la idea de publicar Daegon como juego de rol.

Ahora, bien. La pregunta que toca responder es el “como”
El papel mola. Me encantaría publicar en papel, sólo por poder ponerlo en una estantería y contemplar a mi “pequeñín” en su encarnación física.
Pero la cosa esta chunga por varias razones.

La primera, pero no la más importante, es que es una pasta.
Publicarlo como me gustaría (buen papel, tapa dura, mapas a tamaño colosal) sería absurdamente caro a la par que estúpida, caprichosa y ruinosamente idealista por mi parte. Y si vamos a hacer algo estúpido, hagámoslo bien y a lo grande.

La segunda, y un poco más importante que la anterior, aunque entronca directamente con ella, es que no tengo dibujos. Y como muy bien ha mencionado alguna que otra vez cierto desaprensivo al que llamo amigo: Si no entra por los ojos, no se lo va a leer ni cristo. Lo cual no deja de ser lamentablemente cierto.
Por supuesto, podría hacer yo los dibujitos (dentro de unos cuantos siglos, cuando me considere capaz de dibujar como me gustaría) o encargárselos a algún conocido que tenga manos en lugar de muñones. Pero, con lo maniático que soy, seguro que terminaba usando sus manos para aplastar mi traquea y, pese a que no le tengo especial afecto a mi traquea, tampoco le deseo ningún mal. Así que pasaremos de esta opción. Nos quedaría la posibilidad de pagar a alguien por aguantar mis neuras y preservar mi traquea, pero entonces la cosa pasaría de absurda, a obscenamente cara.

La tercera (y más importante de las razones) es… que no tengo el material.

Ahora alguien podría soltar un: ES GRASIOSO PORQUE ES VERDAD (y tendría toda la razón del mundo)

Si sumamos todo esto, concluiremos en que la cosa está un tanto complicada, pero no empecemos aún a enterrar Daegon. No todo esta perdido.

El material está. En mi cabeza, pero está.
También hay material escrito, ideas y anotaciones como para que, caso de hacerme rico y famoso (con los textos que aún no he escrito ni publicado) mis hipotéticos descendientes pudiesen dedicarse a sacar libros con morralla a saco.
El problema es que lo ya escrito esta redactado con el culo (con mi culo, para ser mas exactos) y tengo que volver a escribirlo todo.

Y es aquí donde me entra la duda a la que alude el título:

¿Como lo hago?
Por favor, ahorraos el “A mano (boli, lápiz o rotulador) o con el ordenador”. La pregunta no va por ahí. A ver. Me explico:

Todo lo que tengo escrito, lo he hecho desde el punto de vistas de un junta-letras (o, si lo preferís, “Contador de historias”. Me parece que aún me falta mucho como para poder denominarme “escritor”) No como un diseñador de juegos de rol.
A ver, no quiero ser un Alan Moore de la vida, que si no has leído lo mismo que yo, no pillas mis referencias “cultas”, mis desbarres psicodélicos o mis mitos personales, no seas capaz (ni digno) de leer o entender los textos.
Pero si que busco despertar el interés en los lectores. Su complicidad y curiosidad para que quiera realizar el “esfuerzo” de unir las piezas que voy dejando desperdigadas a lo largo de los distintos textos. Nunca he tratado de ser exhaustivo, todo lo contrario; mi intención siempre ha sido más la de sugerir que la de mostrar. Ir dejando pistas, para que, una vez resuelto el “puzzle” (ya sea por mi mano, o por quien se haya tomado el esfuerzo de resolverlo por su cuenta) se vea que todo estaba ahí desde un principio. Lo que quería era contar historias, ya fuese esto a través de la curiosidad del lector por el trasfondo del mundo, arbitrando las campañas o escribiendo los relatos.

Claro, supongo que eso tiene un pequeño (ínfimo, apenas perceptible) problema: Que si no lo hago bien, sólo lograré despertar la indiferencia ante la gente que, al fin y al cabo, es quien tiene que leerlo. Y dada mi falta de regularidad y, porque negarlo, escasa capacidad narrativa (aunque espero haber mejorado en éste último aspecto) me temo que ese ha sido el caso.

Así que me encuentro ante una disyuntiva (porque me conozco)

No, no se trata del tema de “papel sí, papel no” ni de la improbable “comercialidad del hipotético producto. Ambos temas están ya descartados. La cosa va por otros derroteros.

Sé que Daegon no es el paradigma de la originalidad (y mucho menos de la comercialidad). Tampoco pretendo que lo sea, ya que soy perfectamente consciente de aquello que me ha inspirado conscientemente (de lo que haya podido “alimentarme” de manera inconsciente ya es otro asunto) Lo que sí que trato de hacer es dar algún que otro cambio de dirección a algunos conceptos. Personalizar y “moldear” referencias para que encajen de una manera coherente en el resultado final. Que no haya “estridencias” entre los elementos, que todo tenga su sentido dentro del conjunto. He tratado de hacer algo “único” e “identificable”, pero en el fondo no deja de ser un mundo bastante clásico. Lo mismo que el sistema de juego que diseñé para él. Así que se que el mercado no esta como para arrebatos nostálgicos. Y es que va a resultar que también soy retro para esto del rol (pero de eso ya hablaré en otra ocasión)

La disquisición que me ha traído a escribir esta parrafada viene provocada, por un lado, por el tema, anteriormente citado, de mis neuras y manías. Podríamos empezar con algo tan estúpido como que no me gusta repetirme, aunque supongo que parecerá mentira por lo que suelo escribir por aquí (y por lo que yo pueda entender por “repetir”)
Si quiero escribir material para que lo utilicen “otros”, obviamente tendría que dar todos los detalles, con el problema (por estúpido que suene) que esto representa para mí.

¿Que problema?

Pues ese, el que os acabo de comentar. Mi concepción de lo que significa “repetirse” Si ya me cuesta repetir argumentaciones que he escrito en el blog… a gente que sé que no se lo ha leído (chorrada, o no, usted decide) No puedo quitarme de la cabeza que, si ya he “explicado” o “contado” una historia en su totalidad, como parte del trasfondo del mundo de juego, no podría evitar el sentirme como un “tramposo” contando otra vez esa historia en un relato (vale, mirado con la lógica como herramienta de análisis, se trata de una grandísima chorrada, pero es que uno es asín de… de… bueno, de eso, aunque tratamos de ir mejorando)

Por otro lado esta el tema de mi falta de regularidad (que no se arregla con los yogures de la tele) Podría pedir ayuda a la gente para que me echasen una mano, pero sé que me iba a costar horrores el aceptar material de otros (y ya sabéis, lo que os comentaba antes sobre riesgo de mi traquea) y nunca conseguiría (o consideraría haber conseguido) la “implicación” que quiero en el asunto (de todas formas, si alguien quiere echar una mano, estaré encantado de arriesgar mi función respiratoria en el intento)

Y aquí estamos otra vez, de nuevo en el punto de salida y no se cuantas veces van ya (menos mal que no me gusta repetirme) dispuesto a meterme en otra embarcada que no se cuando, donde o como terminará.
Por ahora ya he montado otro blog. Una versión “beta” de Daegon, donde iré subiendo lo que vaya escribiendo y reescribiendo de nuevo. Donde aprovechare para ir probando diseños, de cara a cuando decida hacerle otra limpieza de cara a mi dominio y empiece a subir el material que considere que es “definitivo”
Por ahora no está publicado, ni en Google ni Technorati (y no sé si llegaré a publicarlo) y tampoco tiene material, así que nadie se pierde gran cosa. Si a alguno os entra la curiosidad, preguntad libremente, y os pasaré la dirección cuando comience a subir material.

Pues nada, eso es todo por ahora (espero que en poco tiempo haya más)

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Diciembre 21, 2009 · Posted in Mundos improbables  

Como ya decía en la anterior entrada fue comenzar a leer esta ambientación y caer rendido a sus pies (Sí, ya se que los libros no tienen pies. Es una forma de hablar)

Por un lado estaba su componente Retro-space-opera. Por otro, la cantidad y originalidad de sus razas alienígenas (más aún si tenemos en cuenta su años de publicación) A esto le seguiría de cerca los referentes culturales tomados para los imperios humanos, alejados del medievo europeo o de la versión “fantástica” del mismo que daban el resto de juegos americanos.

Si a esto le añadimos la jerga que se había inventado su autor, que estaba por todas partes, y la grandiosidad, tanto de conceptos como de nombres… el resultado fue amor instantáneo.

De la misma manera que admito (y ensalzo) sus virtudes, también entiendo que es un juego un tanto duro aquellos que quieren jugar partidas “instantáneas”

Hace falta leer mucho y currarse mucho las partidas para sacarle todo el jugo que da esta ambientación.

Ahora es cuando me decís “Hombre, no será un mundo tan raro, al fin y al cabo no deja de ser un mundo habitado por humanos, donde hay caravanas que necesitan ser protegidas, nobles necesitados de (ejem) “servidumbre especializada” y tesoros antiguos esperando a ser encontrados”
Por supuesto, se podían hacer módulos más sencillos… Pero estas historias, para poder integrarlas bien en Tékumel, pese a no dejar de ser eso, sencillas, necesitan de una preparación un poco más en profundidad.

Vamos a ir dándole un pequeño repaso a su historia para ver si consigo que vayáis viendo todo lo que vi (y continúo viendo) yo en Tékumel.

Mapa de Tékumel
Antes de la historia registrada Antes del tiempo de la oscuridad (empezamos bien)

La colonización de Tékumel comenzó unos sesenta mil años después del siglo XX (ahí es nada)

Cuando el planeta Tékumel fue descubierto por exploradores humanos, era un mundo cuyas masas continentales se encontraban cubiertas por una vegetación púrpura (que bueno, es exótico, pero no peligroso) y venenosa (vale, eso ya dolía un poco más), que lo hacían inhabitable para nuestra especie.

Pese a este “pequeño” inconveniente, aquel planeta estaba situado en un lugar estratégico dentro de las nuevas rutas de comercio interestelares, así que se pusieron manos a la obra y comenzaron a limpiar su atmósfera, exterminar y reemplazar la flora venenosa… y pelearse con las dos especies inteligentes que vivían en aquel pedazo de roca: Los semi subterráneos Ssu, y los insectoides Hluss, ya que estos eran los únicos lo suficientemente avanzados tecnológicamente como para dificultar la conquista del planeta. Al final (y siguiendo la mejor tradición humana) se crearían “cómodas y lujosas” reservas en las que ubicar a los habitantes originarios de aquel planeta.

Todo esto les llevaría a los hombres casi un siglo. Al mismo tiempo, tanto la órbita como la gravedad del planeta fueron corregidas para adaptarse al día terrestre y posibilitar la vida humana en general. Finalmente Tékumel acabaría convirtiéndose en un planeta residencial. La temperatura era un poco más calurosa de lo deseado, pero no resultó especialmente inconveniente para que fuese “invadido” por la aristocracia y la gente con poder.

Pero claro, estamos en el año sesenta y dos mil DC (año más, año menos) Para estas alturas, la humanidad ya había descubierto (y se había hecho colega) de otras especies alienígenas. Así que también pasaron y se asentaron por allí aquellas que eran aliadas de los hombres: De Procyon vendrían los Pe Choi, de Antares los Shen, de Achemar los Ahoggya, los Pigmy Folk de Mirach, los Tinaliya de Algol, los Hlaka de Ensis, los Urunen de Betelgeuze, los Pachi Lei de Arturus, y los Swamp Folk de Unukalhai (ahí es nada) A cada raza se le proporcionaría un lugar en el que asentarse.

Algunos de los simpáticos habitantes de Tékumel

Algunos de los simpáticos habitantes de Tékumel

Por supuesto, esto no era todo (¿que os creíais?) No todas las razas alienígenas era “amigas nuestras” Así que también llegaron, pero esta vez, sin ser invitados, los enemigos de la humanidad: Los Hlutrgu de Algenubi, y los Shunned Ones de Regulus, los Nyágga de Alhena, y los Hokun de Malkeb. A estos, como es obvio, no se les cederían los mejores terrenos, sino que se buscaron la vida y situaron puestos de observación en las zonas más remotas de Tékumel. Para completar el circo, los Mihalli (que tenían el poder de La Esfinge de Mystery men: El ser terriblemente misteriosos) aparecerían sin aviso previo, para instalarse en las tierras salvajes del norte.

Vale, ya sólo con esto, la cosa parece animada. Pero si lo dejamos así, esta ambientación parece una más o menos clásica de Spece-Opera / Ci-fi, y eso contradice un poco a las ilustraciones que hemos visto.

¿Que es lo que pasó?

El Tiempo de la Oscuridad (¡chan!) El Cataclismo Mítico (¡chanchan!)

Citando a las escrituras sobre la historia antigua de Tékumel “Del tiempo de la oscuridad sólo quedan fragmentos en la memoria de la gente. Fue éste un tiempo en el que las colinas crecieron, el mar devoró la tierra, las montañas escupieron fuego y las estrellas desaparecieron para siempre”

Resumiendo: Tékumel y todo su sistema solar desaparecieron a través de una brecha en el espacio-tiempo, hasta una dimensión en la que no existía nada más.

Nadie sabe las razones por las que todo esto sucedió. Hay quienes dicen que ésta fue la consecuencia de los experimentos que se comenzaban a realizar con nuevas formas de energía extra-dimensional, pero apenas se conservan registros de aquellos tiempos. El resultado fue que, a partir de ahí, el planeta se descontroló un poco, y las cosas fueron un tanto confusas durante unos cuantos siglos.

Por su parte, las razas originarias del planeta vieron esto como una señal y comenzaron a atacar a los humanos. Pero si se trataba de una señal… no era una buena señal, ya que, se chocaron una y otra vez con la superioridad tecnológica, armamentística y táctica de los humanos (que para otras cosas igual no, pero para pegar tiros, buenos somos)

En otro orden de cosas, otras de las razas que habitaban el planeta aprovecharon para “hacer reformas” y así los Nyagga construyeron ciudades submarinas, dejándose ver, a partir de ese momento, por la superficie sólo de vez en cuando para realizar “amistosa” batidas. Por su parte, los Shunned Ones crearon bóvedas alrededor de sus ciudades, y las llenaron con gases venenos para cualquier otra raza.

Los que si que se lo pasaron bien fueron los Hokun, quienes fingieron colaborar con la humanidad, para terminar por esclavizarla y reinar como dioses, aunque finalmente fueron derrotados.

Poco a poco las razas se fueron asentando en lugares similares a los de sus planetas originarios, y comenzaron a desarrollar nuevas técnicas agrícolas para poder subsistir.

Aunque no se sabe con certeza, se calcula que el tiempo de la oscuridad duro unos cinco mil años.

El Imperio de Llyan de Tsámara. Hace unos 25.000 años

Poco se sabe del imperio de Llyan. Sólo fragmentos encontrados en muros, que describen la adoración a dioses desconocidos. Durante este tiempo la humanidad volvió a recuperar lo que había sido cuando llegó a este mundo, sólo para perderlo de nuevo. Aún en los tiempos modernos perduran los armazones de las naves que antiguamente surcaban el espacio, ahora incrustadas en la tierra de Tékumel y los restos de las antiguas ciudades devastados por el tiempo y los elementos. Objetos tecnológicos ahora considerados como mágicos (los pocos que funcionaban), y grimorios con “rituales” para hacerlos funcionar. Muchos aventureros perecerían al confundir los perfumes de las damas de antaño con exóticos licores, o al estrellarse dentro de los vehículos que conectaban subterráneamente las ciudades. Nada queda ya del poderoso imperio de Llyan y su capital Tsámara.

La Dama Indigo

La Dama Indigo

Los Tres Estados del Triángulo: Úrmish, Jakálla y Thráya

En esa misma época o, quizás, poco después de la extinción del imperio de Llyan, otro estado floreció en las planicies del sur de Tsolyánu. Tampoco quedan restos culturales de estos países. Solo que sus capitales; Úrmish en el oeste, Jakálla en el sur, y Thráya en el este han sido reconstruidas muchas veces. Las evidencias de la existencia estos estados viene dada por sus conquistadores, los Guerreros Dragón, que llegaron desde el noroeste, de Nlúss. Según sus registros, los estados batallaron con los Churstalli, y los Mihalli durante mucho tiempo. Y también se sabe de su alianza con los Shen, gracias a los registros de estos últimos.

El Descubrimiento de los Dioses

Durante los últimos tiempos del imperio de Llyan, un estudioso, cuyo nombre ha desaparecido en las brumas del tiempo, entró en contacto con algunos de los seres más poderoso de los planos superiores. Estos seres, que solo pueden ser llamados dioses y cuyo poder trasciende al entendimiento de los hombres, ayudaban a aquellos que servían a sus enigmáticos propósitos.

Pronto se descubrieron rivalidades entre estos “dioses”. El alineamiento de unos apoyaba la “Estabilidad”: un estatus quo, una progresión tranquila del tiempo y el espacio hacia una amalgama final en un perfecto y eterno “ser de luz”. Los otros urgían al “Cambio”: una efeméride sin fin, con el universo en un perpetuo cambio violento, nacimiento, muerte, y renovación. También hay seres interplanares alejados de estas facciones, así como completas hierocrácias de habitantes menores de otras dimensiones, con un poder superior al de los hombres. Los términos morales humanos no son aplicables a estos “alineamientos”. La frontera que separa estas posiciones sobrepasa el entendimiento de la humanidad, y varios aspectos de un dios pueden aparecer como miembros de los diferentes “alineamientos”, en diferentes tiempos y periodos, o varias deidades adoradas en un país, en otro son adoradas como una sola. Todas ellas son ciertas, pero incomprensibles para el hombre.

Los Guerreros Dragón de N´lüss

Los Guerreros Dragón fueron una serie de tribus barbaras que habitaban en las montañas del noroeste. Eran más fuertes y altos que sus vecinos del sur, y se dirigían a la batalla sobre “dragones, con “piel de acero” que “arrojaban fuego por la boca” (aunque algunos estudiosos de los tiempos de los Engsvanyali, han puesto en duda estas afirmaciones, diciendo que estos dragones podrían ser en realidad vehículos aéreos preservados desde antes del tiempo de la oscuridad).

Una de las razones para estas invasiones fue el establecimiento del culto a Vimuhla, el señor del fuego. La cultura N´luss estaba basada en la violencia, y tanto los jefes, como los chamanes de sus antepasados, rápidamente se alinearon con el “dios” que mejor encajaba con sus mitos: el Poderoso Vimuhla, Señor del Fuego, Poder de Destrucción, y Ruina Roja, Aquel que todo lo consume con violencia, cuya función es la violencia, Catarsis y Renacimiento a través de la transición purificadora de la llama.

Treinta años después de la primera incursión, los Guerreros Dragón se habían apoderado de las ciudades estado de lo que hoy en día es Mu’ugalavya y saqueado la poderosa ciudad de Ch’ochi. En cincuenta años ya habían destruido lo que quedaba del imperio de Llyan. Cuando los estados Shen detuvieron su progresión hacia el sur, dirigieron su conquista hacia el este, saquearon las costas de lo que hoy conocemos por Yán Kór durante otros cien años. A lo largo del siguiente siglo atacaron a los tres estados del triángulo, hasta que estos, finalmente, fueron también derrotados. Fue aquí donde realmente comenzaría el apogeo del imperio de los Guerreros Dragón.

El imperio de los Guerreros Dragón mantendría su cohesión interna durante cerca de doscientos años hasta que, en el año quinientos de su dinastía, un grupo de regiones remotas comenzarían a escindirse. Los gobernantes locales prosperaron sin saber quien era, o no, descendiente de los Guerreros Dragón originales. Durante mil quinientos años más se sucederían intrigas y pequeñas guerras, que terminaron con el final del imperio de los Guerreros Dragón de N´luss.

La dinastía de Gámulu.

Durante los últimos siglos del imperio de los Guerreros Dragón, las gentes del este de Salarvyá se unieron bajo el mandato de Gámulu, de la ciudad de Fenul, situada en lo que actualmente es el Protectorado Chaigari en Tsolyánu. Gámulu obtuvo primero la lealtad de los señores de Khum y Koyluga, y tras hacer esto, expulsó a los últimos y decadentes herederos de los Guerreros Dragón de Tsatsayagga, Nrikakchne, y las otras ricas metrópolis del oeste de Salarvyá.

De cualquier manera su enemigo mas encarnizado fueron los Ssú, con los que tendría múltiples batallas que se alargarían durante veinticinco años, y a los que finalmente lograría expulsar a sus ciudades laberínticas en Ssuganar. Tras esta victoria, Gámulu reinó durante una década mas antes de morir de una enfermedad degenerativa que adquirió tras una de sus victorias. Todavía hoy, cuando alguien muere por una enfermedad imprevista, se dice que “sufre la muerte de Gámulu”.

Portada de la novela Man of Gold

Portada de la novela Man of Gold

Los Reyes Pescadores

Varios de los hijos de Gámulu habían caído durante la guerra contra los Ssú, y otro más moriría durante los combates por la corona de ébano, tras la muerte de su padre. Al final, sería Ho Etehltu, su duodécimo hijo, quien se haría con el trono. Durante su larga vida consolidó sus dominios, construyendo la flota de pequeñas, y rápidas galeras que dieron a esta dinastía el nombre de “Los Reyes Pescadores”. Sus negras naves tomaron Haida Pkala en el sur, atacaron el este hasta Peleis, y el el norte se hicieron con el control de las fortalezas de los Guerreros Dragón de las islas de Gánga, Thayuri y Vra. Jakalla fue sitiada pero no llego a ser conquistada.
Al final los Reyes Pescadores fueron contenidos en los fronteras de lo que actualmente es Salarvyá, y la península del norte de Haida Pakala.

El Príncipe Maldito la Estancia Azul

Durante el reinado del vigésimo segundo rey de la dinastía de Gámulu, se tuvo contacto con un nuevo “dios”: Ksarul, el Anciano Señor de los Secretos, el Príncipe Maldito de la Estancia Azul, Señor de Magia y Hechicería, Trabajador de Transiciones. Ksarul es también afamado como un rebelde entre los dioses. En alguna edad mítica, durante el Poderoso Armagedón conocido como La Batalla de la Planicie de Dormoron, los señores del cambio y la estabilidad lucharon. Pero los aliados de Ksarul, viendo su inconmensurable intelecto como una amenaza, le traicionaron y aprisionaron en un lugar de otro plano llamado la Estancia Azul, donde se dice que descansa en un sueño eterno dentro de un catafalco de profundo púrpura celeste. De acuerdo con la leyenda sólo se puede acceder a este lugar con la ayuda de las Llaves. Se conoce de la existencia de tres de estas llaves, pero la búsqueda de esos míticos artefactos aún continua.

Incluso dormido, los poderes de Lord Ksarul son grandes, y los misterios de su fe se expandieron por el reino de los Reyes Pescadores. Durante un tiempo hubo persecuciones entre los Túnicas Rojas de Vimhúla y los Túnicas Negras ataviados con la mascara plateada del príncipe maldito. Sólo el paso de los siglos traería una tentativa de reconciliación y paz.

Como podéis comprobar, pese a la cantidad de razas alienígenas que se mencionan, la historia del mundo esta contada desde el punto de vista humano. Es más, los cinco grandes imperios que gobiernan el mundo conocido son humanos.

No os creáis que con esto he terminado. Lo que pongo por aquí es un resumen de, más o menos, la mitad de la cronología del mundo. Pero como me he alargado bastante lo dejo por hoy.

Ahora me quedo con la duda de como continuar esta serie de entradas, así que lo dejo en vuestras manos:

¿Continuo con toda la cronología, o voy directamente al estatus quo del mundo en el momento que se empieza a jugar?

Vosotros diréis.

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Noviembre 30, 2009 · Posted in Macroverso  

Fecha: La misma.
Hora: Mientras tanto
Lugar: Microverso

Caía, así que debía de estar soñando.
Pero en aquella ocasión era distinto. La caída no era une experiencia relajante. No se sentía flotar, no notaba como el viento le acariciaba sustentándolo. ¿Sería una pesadilla?
Continuaba cayendo y su estomago fue el primero en sentir la sensación de vértigo. Su velocidad aumentaba, pero continuaba sin ver el suelo. Cerró los ojos y los abrió de nuevo. Estaba tumbado en su cama. No, no era él, era otro. Aquella tampoco era su cama, ni se encontraba en su habitación. Podía ver los pensamientos de “el otro” en su mente. Pensaba en una mujer, pero no era “Ella”. “El otro” estaba quieto, pero él continuaba descendiendo a toda velocidad. Cerró los ojos de nuevo y volvió a abrirlos.
Caía… pero no. Descendía, pero había algo raro en su trayectoria. Se estaba precipitando… hacia arriba.
Vale, aquello era más raro que de costumbre.
Trataba de analizar la situación, pero su cabeza se iba a otras partes. Lugares que no reconocía, gente que le provocaba una sensación de “deja vu” pese a que no conocerla de nada.
- Aún no.
Una voz sonó… a su alrededor.
Su ascenso/caída se frenó al chocar contra algo invisible. Pese a no verlo, sabía que era una gigantesca mano invisible.
- No tengas prisa. Pronto llegará.

Despertó. Ya era de noche, pero se encontraba en medio de la calle. Recordó que estaba volviendo a casa después de trabajar.
- Bienvenido de vuelta – Mike le hablaba desde el interior de la cabeza – Pensaba que me ibas a dejar al mando. Lástima que no pueda tomar control de tu cuerpo.
- ¿Cuanto tiempo he estado “fuera”?
- No pongas comillas mentales cuando hablas conmigo. Queda muy ridículo.
- Vale, lo tendré en cuenta, pero respóndeme.
- Poco, apenas unos minutos.
- ¿Y no estabas en el sueño?
- Nop. ¿Me he perdido algo interesante?
- Bueno, si no interesante, sí que ha sido raro.
- ¿Raro como un piso asequible, o como un viaje de pellote?
- Nunca he tomado pellote. Creo.
- Ya me entiendes.
- Supongo que me quedo con la segunda opción.
- ¿Más que lo habitual?
- ¿Cuantas veces me he quedado dormido mientras andaba, y cuantos de mis sueños te has perdido?
- Vale, ya te sigo.
- Hoy estas muy lento. Incluso parece que el vacilón soy yo.
- Parece que las reglas van cambiando, y no me gusta.
- ¿Estamos jugando a algo?
- Es una manera de hablar. No será un juego, pero las cosas, los axiomas de esta realidad, parece que están cambiando.
- Venga, tío, no sigas por ahí. Por un día ¿No puedes dejarlo?
- Vale. Me estoy volviendo blando. Pero eso no cambia los hechos.
- No te lo niego. La pregunta es ¿Que hacemos?
- Tú mandas. Ordena tus prioridades y nos ponemos a ello.
- No hay prioridades. Que los “axiomas”…
- Esas comillas.
- Vaaaale. Que los axiomas cambien, suponiendo que creyese tal cosa, aparte de no ser asunto mio, es algo sobre lo que no puedo hacer nada. Así que sólo queda…
- Ella.
- Sasto.
- ¿Y cual va a ser el curso de acción, Sherlock?
- Pues había pensado en visitar a Antagonista.

Antagonista era el novio de Ella. Sólo lo había visto una vez y, pese a que, en un principio, debería haber surgido una cierta hostilidad entre ambos… aquel tipo le caía bien. El problema era que no sabía su dirección, apenas sabía nada de él y tampoco sabía muy bien que preguntarle cuando lo encontrase.
Mientras caminaba hacía casa Mike se mantuvo extrañamente silencioso. Desde que aquella desagradable voz de su cabeza comenzó a meterse con él, había deseado un momento de tranquilidad como aquel. En aquel momento, habría preferido cualquier distracción antes de quedarse a solas con sus pensamientos y aquel molesto zumbido que lo embarullaba todo.
La noche era ideal para caminar, pero no le apetecía hacerlo. Sólo quería llegar a casa, echarse a la cama, apagar las luces, apagar su cerebro y descansar.
¿Por qué aquello le afectaba tanto?
Aquella chica era guapa, lo admitía, pero no más guapa que otras clientas que habían pasado por su trabajo. Ni siquiera era una de las clientas más habituales, o de las que le daba más palique le daban. Pese a que era consciente de que estaba como una regadera, Javi se consideraba a sí mismo una persona racional, y aquella a reacción suya no le encontraba ningún sentido.

Al llegar a casa, le sorprendió ver a tres personas sentadas charlando delante del portal. Ver allí a dos de aquellas personas le pareció, hasta cierto punto comprensible, ya que eran dios, su casero y satán, su vecino de abajo. Pero no sabía que razón podía haber llevado a la tercera persona hasta allí a aquellas horas. Parecía que no tendría que buscar a Antagonista y que el destino tenía algo en contra suya aquella noche.

- Aquí llega – dijo dios al verle llegar.
- ¿Que hacéis aquí fuera a estas horas? – Javi no estaba de humor para andarse con rodeos.
- Nosotros disfrutamos de nuestro libre albedrío mientras dure – dijo satán señalándose a sí mismo y a dios – Tu comparsa en esta escena es este pobre hombre – Javi odiaba cuando la panda de locos con los que le había tocado convivir se dedicaban a hablar de aquella manera. Pero el alquiler era barato.
- Vale, pues al grano.
- Ella no está – Antagonista parecía preocupado. Por un lado aquello era lo único que le parecía normal de lo que llevaba de día. Por otro, y aunque él mismo tenía intención de ir a buscarle, no sabía muy bien que pintaba aquel hombre delante de la puerta de su casa.
- Ya lo veo – no pudo evitar soltar la gilipollez. La diversión, la preocupación y la culpa iban pidiendo turno alternativamente en su cabeza. Incluso se imaginaba la maquina que les iba asignando los números.
- ¿Y bien? ¿Que vas a hacer?
- ¿Yo? ¿A mi que me cuentas? Tú sabrás que le has hecho. Ya volverá.
- Mike ¿Me echas una mano? – aquel golpe bajo no se lo esperaba, aunque en un día como aquel no tendría que haberle pillado por sorpresa.
- Javi, deja de hacer el capullo y tómate esto un poco en serio – Mike siempre estaba ahí para estropearle la diversión.
- Vale, tú dirás.
- A ver. Todo esto va sobre ti. Tú eres el que debe tomar la iniciativa.
- ¿Que me dices? ¿Que me la he llevado? ¿Que se ha… ido a donde sea por algo que he hecho o dicho?
- No. No es que se haya ido, o se la hayan llevado. Ha desaparecido. Ya no está “aquí”
- Perdona, creo que te has dejado un par de puntos para entrar en la definición canónica de “críptico”
- Pues es lo que hay. Ahora búscate la vida.

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Noviembre 23, 2009 · Posted in General, Nostalgia en cuatro colores  

Este pasado viernes, aprovechando que el Pisuerga pasa… por dónde sea que pasa, y que los zaragozanos montaban la Retromañía, el amigo G y un servidor de ustedes (y de los otros dioses) tras salir de currar, nos subimos al retromóvil y nos pasamos por las tierras mañías.

Como la retro se celebraba junto a la “II semana de la ingeniería” y se ubicaba en centro politécnico superior de la universidad de Zaragoza, estaba supeditada a sus horarios. Así que, mientras nos dedicábamos a pasear por la planta baja mirando las vitrinas con ordenadores viejunos, podíamos ver a la gente aún en las aulas. No deja de parecerme curioso que sólo he pisado las universidades para eventos frikis (bueno, salvo una vez que me tocó llevar un piano a la privada)
En la exposición, aparte de las clásicas maquinas de ocho bits domesticas, pudimos deleitarnos con la visión de un NeXT Computer, varios modelos de estaciones Sparc de SUN y unos cuantos mainframes desmontados. La pena fue el no poder verlos en funcionamiento.
A escala un poco más pequeña, también pudimos fragmentos de cinta perforada, discos de ocho pulgadas, trozos de memoria de ferrita o un disco duro más grande que una fuente de alimentación.
Nota mental: Si vuelvo el año que viene, no debo olvida el comprar una maza para reventar las vitrinas y traerme para casa todo lo que encuentre en mi camino.

En la primera planta la exposición continuaba con nuevas vitrinas a reventar, esta vez repletas de consolas (entre las que se encontraba una Virtual boy). Junto a ellas, montones de niños tirados por el suelo haciendo “pixel-art” con cuadrados de colores imantados bloqueaban el acceso al juegódromo.
Ante la imposibilidad de descargar nuestras necesidades lúdicas, continuamos nuestro camino hasta el final del pasillo. Del umbral de una puerta entreabierta, como si se tratase de cantos de sirena, salían deliciosos sonidos que nos invocaban, atrayéndonos hasta su fuente. Sin duda estaban generados por los poderosos chips monofónicos de nuestras adoradas paleomáquinas. Pero al cruzar el marco nos encontramos algo mejor; Ahí estaban los incombustibles Zylog y Eduardo Mena terminando de demostrar todo lo que son capaces de hacer los cachivaches que todo el mundo considera obsoletos. Digo terminando porque ya estaban desmontando el chiringuito. A ver cuando hacen estas cosas en fin de semana para que podamos acudir los currantes. Porque perderme la cacofonía del Retroconciertazo me fastidió, pero el martes habían dado una charla los señores Alfonso Azpiri y Juan Giménez sobre los tiempos gloriosos del software español, y eso si que me dolió perdérmelo. Al menos Zyloj me confirmo que estaba grabado, así que esperando estoy a que lo cuelguen por algún lado.

Al salir de la sala, la entrada al juegódromo ya se había despejado, así que pasamos desahogarnos. Empezamos con una partida a la secuela del Tempest Tubes para la Atari Jaguar (Tempest 2000), seguido del intento de hacer funcionar un juego para el Amiga CD32 (que no hubo manera). A esto le siguieron un par de partidas el Cobra en un spectrum pero, el triunfador de la noche fue el Nemesis 2 en un MSX 2, y ya que había tanto dos por ahí suelto… pues jugamos a dobles. Mientras uno manejaba la nave, el otro iba seleccionando las mejoras. Seguro que más de uno se nos quedó mirando mientras gritábamos “Artillero, dame speed” o “No, el doble no, ahora tocaba el option” Ahí nos quedamos alternando los controles, partida tras partida, hasta las ocho y media que vimos que esta gente empezaba a recoger.

Tras despedirnos de esta gente, procedimos a adentrarnos entre las obras de Zaragoza a la busca y captura de un aparcamiento. Habíamos quedado con la tropa webcomiquera maña para cenar. Después de fracasar en nuestro intento de encontrar un aparcamiento cerca de donde habíamos quedado, atracamos el retromovil en Kazajstan del norte y nos adentramos caminando en los peligros de la noche zaragozana.
Al final peligros, lo que se dice peligros más bien fue que no hubo. Diversión sí, a montones (para alguno incluso por motivos ajenos a los allí reunidos)
Aparte de Morán, a quien ya conocía, se nos unieron Marcos, Ana e Iván que además de una conversación de lo más entretenida nos dieron una lección de lo que es una auténtica “Tormenta de ideas post-alcohólica”
Pero como siempre, lo bueno se acaba, y nos volvimos esa misma noche a Pamplona. Aunque no creo que tardemos en volver a vernos, ya que es muy probable que volvamos por esas tierras para el Salón del cómic de Zaragoza.

Va a terminar por resultar que no esta tan mal mañolandia.

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Noviembre 3, 2009 · Posted in Pontificaciones desde la subjetividad  

Y ahora quieren obligar a la chavalada a estudiar hasta los dieciocho años…

Venga, vamos a ponernos reivindicativos y escribanos una:

Carta abierta al ministro de educación (y a los padres)

Empecemos por el principio: Porqué me parece un error obligar a la gente a estudiar hasta los dieciocho.

Desde mi experiencia personal (que no deja de ser eso, personal, y que no tiene que ser extrapolable a todo el mundo) podría afirmar que queda demostrado que esta medida no es acertada.

Yo no quería estudiar. Así de sencillo.
Ya a los catorce quería dejar los estudios. Mi padre tiene un negocio y “sabía” (aunque, con el tiempo, resultó que me equivocaba) que iba a acabar trabajando ahí. Así que el continuar estudiando me parecía una perdida de tiempo (aparte de que no me gustaba nada, y que los últimos años de la EGB habían sido un constante “in crescendo” de suspensos en mis notas)
Pero mis padres tenían otra idea, y se empeñaron en que siguiese estudiando. Entre tiras y aflojas la cosa se eternizó, pero mis padres lograron sacar algo en claro sobre lo que me podía interesar. De verme obligado a estudiar, me planteaba dos opciones: Informática (caso de que existiese tal cosa en aquellos años en Pamplona) o electrónica. Los ordenadores me gustaban, pero había hecho alguna intentona de aprender a programar en academias de informática, con el resultado de un aburrimiento supino. La opción de de la electrónica iba orientada a la sección del negocio familiar que más me podía atraer, que era el taller, pero tampoco me apetecía lo más mínimo.
Al final, entre mi pasotismo al respecto y que mis padres tampoco se terminaron de decidir, para cuando lo hicieron, no quedaba ninguna plaza para estudiar electrónica en los institutos.
¿Resultado? Me apuntaron a electricidad (supongo que porque sonaba parecido)

Y es que, creo yo, ese es parte del problema que tenemos por aquí con el tema de los estudios: Los cursos no se encaminan a los conocimientos de los alumnos, lo hacen con respecto a su edad.
“Perder” un curso es algo terrible. Los vecinos van a decir que el niño es tonto, o un inútil, o algo peor.
¿Habría pasado algo malo porque ese año hubiese trabajado, y apuntarme el año siguiente a algo que me interesase lo más mínimo?
Nunca lo sabremos.
La cosa es que asistí a clases de FP de electricidad. Pasé como buenamente pude el primer año, pero el segundo curso me tocó repetirlo (terrible tragedia para todos, yo incluido)
Una vez finalizado el ciclo formativo de FP1, me dieron la opción de empezar FP2… de electrónica. Claro, puestos a perder el tiempo en clase, prefería hacerlo en algo a lo que le fuese a sacar partido. El problema es que, por mucho que se parezcan sus nombres, las similitudes entre la electricidad y la electrónica terminan ahí.
No me enteraba de nada, así que ya me veía repitiendo otra vez y acabé con una úlcera. Ante esta perspectiva, y ya con los dieciocho cumplidos, mis padres aceptaron (es más, me lo sugirieron ellos) que dejase de estudiar.
¿Que lección podemos aprender de esto? (vale, sí, aparte de que soy un neuras)
Obligar a alguien a estudiar (bueno, a acudir a clase) no va a conseguir que absorba la cultura por osmosis.
En mi caso, de unos años a esta parte (pasados ya los treinta) es cuando he comenzado a estudiar (aunque por mi cuenta, ya que no he encontrado ninguna enseñanza reglada que me convenciese, ya sea por horarios, materias o simple y llanamente por el tema económico) pero hay gente a la que la “curiosidad” le llega más tarde (o no se le llega a despertar nunca)

Sé que mi caso es mío, igual que cada caso es único y personal, pero por obligar a alguien a hacer algo no vas a conseguir que haga lo tú quieres.

No estoy diciendo que la escuela sea algo opcional desde un principio, pero a partir de cierta edad, por mucho que se empeñen los padres (es más, muy probablemente, cuanto más se empeñen, peor será) sus hijos van a hacer lo que les salga de las narices. Y el problema no es sólo que pierdan el tiempo yendo a clase, sino que es probable que lo único que consigan sea retrasar el avance del resto de sus compañeros.

El problema que tenemos aquí (y supongo que también en otros países) es que consideramos que se tiene que estudiar a una edad concreta. Vale, sí, los patrones mentales se forman cuando se forman, y es entonces cuando hay que “alimentarlos” pero, por mucho que su metabolismo esté preparado para formarse, quien no quiere aprender no va aprender.

Ojo, no estoy proponiendo que quien decida no estudiar se dedique a tocarse las narices en casa, todo lo contrario. Lo que habría que hacer (y siempre desde mi opinión) es buscarles una ocupación. Claro, ahí entran ya los padres, entran las leyes de empleo y entran las empresas que buscan aprovecharse de las oportunidades mano de obra barata.
Porque no puedes sacar a un chaval de (pongamos) catorce años al mercado laboral normal. No es cuestión de que se dediquen a desempeñar trabajos que pueden ocupar gente con familias que alimentar, por un sueldo inferior. Del mismo modo, tampoco puedes pedirle las responsabilidades laborales de un adulto.
Pero eso no implica que necesariamente tengan que permanecer desocupados, al igual que por el simple hecho de no estudiar de una manera “reglada” no vayan a aprender.
Se podría establecer una nueva categoría laboral para esa gente (o se podría recuperar la figura del aprendiz, aunque de una manera regulada)
Que vean a lo que se van a “enfrentar” cuando salgan al mercado laboral de verdad y se preparen para él. Pero no como castigo o como un dedo acusador; Eres un fracasado, no sirves para estudiar, ahora púdrete y trabaja.
En su momento, cuando opté por la formación profesional, esa era la idea que tenía: Aprender a trabajar. Todo lo demás; física, matemáticas, lengua o historia me daban igual (aunque reconoceré que el profesor que me tocó para historia en FP era muy bueno y logró despertar mi interés al respecto)
Básicamente se trata de cambiar una obligación por otra: Estudiar por trabajar. En el fondo no deja de ser lo mismo pero desde una perspectiva distinta (ya que no sólo de los libros se aprende)

De todas formas, si, con el tiempo, ese chaval (o ese adulto) quisiese retomar los estudios, también tendría que poder hacerlo. El camino hacia la educación tendría que estar siempre abierto, pero de una manera flexible. Volver a estudiar no tendría que ser una carga. Obviamente requeriría de un esfuerzo por su parte, pero tendría que ser algo que compaginable con un trabajo (y una vida) normal.

Vale, de acuerdo, ahora mismo existen el bachiller y FP en horario de tarde, pero no considero que sea algo viable para un trabajador. Un amigo mío ha regresó a los estudios el año pasado, pero sin dejar de trabajar. Así que trabajaba sus ocho horas, y luego tenia que estar otras seis o siete estudiando (bueno, yendo a clase) Por mucho que sea en horario de tarde, eso no me parece “facilitar” la educación a los trabajadores, porque es un ritmo que pocos puedan (o estén dispuestos a) mantener durante los años que dura la formación.

Para que esto fuese viable, también haría falta un cambio social de mentalidad. Desde un principio se nos plantea, y asumimos, la educación como algo obligatorio. Como un escollo a sortear hasta llegar al mundo “real”. Pero no debería de ser así. Cuanto más forcemos a la gente, más se va a rebelar. La cultura no se puede imponer, es algo que se debe aceptar por voluntad propia.

No digo que no deba de haber una formación obligatoria, lo que digo que es que por obligar a la gente a estudiar hasta los dieciocho, no vamos a sacar gente más preparada. Obviamente, para desempeñar según que funciones, hace falta cumplir unos requisitos mínimos, pero no todos los requisitos se obtienen únicamente mediante la formación reglada. Que nos cueste más llegar al mismo sitio, o que hayamos tomado una ruta distinta, no evita que podamos llegar hasta el mismo lugar. Aquí estoy yo para demostrarlo (o, igual, para desmentirlo)

La cultura no debería de ser una carrera contra reloj, una competición o una imposición. La educación es un fin al que se puede llegar por distintos medios.

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Octubre 28, 2009 · Posted in Biografía computeril  

La llegada de los 16 bits a mi casa (al menos en su vertiente, llamémosla, “seria” o “con teclado”) había sido un tanto “bluff”
Sí, los gráficos eran como los que veía en las revistas, el tiempo de carga (comparado con el de las cintas) era una maravilla, pero los juegos apenas me decían nada. Eso si, yo defendía mi Atari a muerte antes aquellos que fardaban de sus Amigas o PCs… Pero, en el fondo, un poco de envidia si que me daban. Si disfrutaban tanto con ellas, algo debían de tener aquellas maquinas.
La solución a mis dudas existenciales apareció, como no podía ser de otra manera, en la mítica Micromanía.
En un anuncio de MailSoft (actual GAME, previa existencia bajo el nombre de Centro del Mal) ofrecían un cachivache que convertía tu Atari (también lo había para el Amiga pero, ¿a quien le importaba aquella maquina?) en un PC. Por arte de brujería binaria iba a tener dos ordenadores en uno. Mi pequeño STFM iba a ser un también un 286, no tenía ni idea de que significaba aquello, pero tenía que ser mucho mejor (o, al menos, cruzaba los dedos para que así lo fuese)
Tras unos momentos de duda (monetaria) realicé el pedido.
Un par de semanas después me dirigía a correos con toda mi ilusión (y el resguardo) para recoger el objeto de mi deseo.
Al abrir el paquete llegó la primera decepción: El cacharro era diminuto. Al abrir el ordenador llegó la segunda: No veía donde cojones encajaba aquello.
Inasequible al desaliento y desconfiando de mi capacidad observatoria, lleve el equipo a los técnicos que trabajaban en el negocio familiar, y llegó la peor de las decepciones: Tampoco ellos supieron que hacer, o donde colocar aquel amasijo de circuitería.
Un poco más asequible al desaliento, llame por teléfono a los amables vendedores (ya sabéis, no había internet, así que tocaba contactar con la peña zapatófono-mediante) y sólo en esa ocasión se les ocurrió decirme que aquel cacharro no valía para el STFM (majos ellos) Así que mi posible gozo lúdico volvió al pozo del que parecía no ser capaz de escapar.

Con el tiempo, el Atari también acabaría desapareciendo de mi casa. Pero bueno, siempre me quedaba mi fiel MegaDrive. Los juegos eran caros de cojones (en ese sentido las consolas no han cambiado hoy en día) pero los juegos eran rejugables una y otra vez (algo en lo que sí que han cambiado las consolas de hoy en día)
Esto también nos sirvió para desempolvar el Commodore 128. Las cintas las habíamos regalado, pero aún nos quedaban los juegos que habíamos volcado a disco (que, en el fondo, eran a los que más habíamos jugado en su momento)
Como si se tratase de un Ave Fénix, la maquina del señor Tramiel desbancó sin dificultad incluso a la muy superior (técnicamente hablando) consola de Sega. Y no sólo lo digo como una apreciación personal, sino como algo que afectó a todo el que pasaba por casa.

Venga, vamos con una de esas anécdotas de abuelo cebolleta:

En aquellos tiempos solíamos quedar para jugar a rol en casa de mis padres las tardes de los domingos. Hasta entonces todo había sido normal. Mientras la gente iba llegando, echábamos alguna partida al ordenador o consola que hubiese por casa y cuando llegaba el último, apagábamos el aparato y nos poníamos a jugar alrededor de la mesa.
Pero todo esto cambió tras el segundo advenimiento del Commodore.
La primera parte del proceso continuaba siendo la misma; Gente llegando, una partidita que otra y luego a viajar por mundos imaginarios ataviados de papel y dados.
En nuestras partidas solía pasar que algún jugador decidía separaban del grupo para ir por otro camino y hacer otras cosas.
Como no estaban con el grupo, obviamente no sabían lo que hacíamos los demás, y se iban a otra habitación hasta que nuestros caminos de todo el grupo se volvían a encontrar.
Pero dio la (ejem) “casualidad” que, desde que alguno de los jugadores descubrió el Traz, el Pirates (que ya lo conocían del Atari pero…) el Deflektor o cualquiera de los juegos de Hewson (a ver cuando hago una entrada sobre todos estos juegos, que se lo merecen, y mucho) solían “separarse del grupo” a la mínima ocasión.
Vamos, lo que no habían conseguido el Atari, la Master System o la MegaDrive (o los PCs o Amigas en casa de otra gente) lo consiguió el pequeñín de la gran C.
Pero… ¿Quien podía culpar a aquellas criaturas encandiladas, cual marineros de los tiempos antiguos, por el poder de los cantos de sirena de los 8 bits?
Luego ya pasaríamos a jugar los domingos en otras ubicaciones, y la cosa volvió a la normalidad. Ni siquiera la llegada de los PCs o de Internet en el local volvería a desestabilizar el grupo de juego.

Y es así como terminó la primera gran época de mi vida lúdico-informática. Con un regreso a los orígenes y la recuperación del estatus y grandeza de la maquina que más me ha aportado como aficionado a los videojuegos.

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Septiembre 30, 2009 · Posted in Nostalgia en cuatro colores  

No se si recordaréis que hace unos meses, mientras os hablaba sobre la RetroEuskal, os comenté que había comenzado a “fraguar maldades”
Pues bien, esas maldades de las que os hablaba, tomaron forma este pasado fin de semana, bajo el nombre que da título a esta entrada, y englobadas dentro de la séptima edición de la Navarparty.

Ahora, después de un pequeño descanso, procederemos a hacer un pequeño análisis-resumen de como resultó el evento.

Como no podía resultar de otra manera, siendo yo el crítico, y habiendo estado estado involucrado en el asunto, la cosa fue mejorable, pero bueno, como tampoco quiero pasarme de crítico, así que diré que, como mínimo, fue un inicio prometedor.

Empezaremos con los aspectos mejorables (así podremos acabar con un sabor de boca más agradable)
La cosa comenzó de una manera un tanto irregular ya desde su misma concepción. Porque yo no tengo nada que ver con la organización de la Navarparty es más, nunca había ido a una de ellas. Así que, cuando durante el Euskal Encounter de este año, entre la broma y el desafío, un amigo me hablo sobre la posibilidad de llevar algunas de mis maquinas viejunas a la party, tampoco le di demasiadas vueltas al asunto.
Pero las ideas se empeñaron en no quedarse quietecitas, y fueron llegando ellas solas mientras volvía desde Bilbao.
Así que al día siguiente le dije que sí, que vale, que por mi no había problema. Bueno, sí que había un problema: Yo tengo maquinas, pero no pantallas. Así que la gente que se pasase por allí no podría verlas en funcionamiento. Y claro, aquello le quitaba parte de la gracia al asunto.
Al final hubo una tele y conseguí tener conectados a ella cinco maquinas, pero obviamente sólo se podía trastear con una de ellas cada vez.
La gente se acercaba y curioseaba un poco, pero al no poder hacer nada con ellas se iba enseguida. Al estar dentro del recinto de la party, si quería entrar alguien ajeno a esta, tenía que pagar, lo cual echaba bastante para atrás a posibles visitantes que viniesen sólo a la sección retro.
Pero bueno, para haberlo preparado todo en menos de dos meses, con los presupuestos para actividades prácticamente cerrados y la organización hasta el cuello con los preparativos de última hora, fue un resultado más que digno.

Ahora lo bueno:
Y lo mejor de todo fue, como suele (y debe ser) la gente (claro, las maquinas que se exponían no me resultaron sorprendentes ni me dieron la más mínima envidia, ya que todas eran mías).
En la party coincidí con un par de compañeros del curro, y otros tantos amigos. También logré engañar al señor Viruete para que se pasase por aquí y diese una charla sobre retroinformática y a Morán e Ismurg para que diesen otra sobre webcomic (que no es retro, pero igualmente mola)
Ambas charlas resultaron interesantes a la par que instructivas y la gente (tanto publico como conferenciantes) pareció salir contenta de ellas.
En lo personal, la preparación para la conferencia sobre “Las guerras paleogamer” (en la que le eche una pequeña mano a Viru) me sirvió para ahondar un poco más en mi vena retro-arqueológica. Durante la búsqueda de material descubrí tres grandes libros que recomiendo a cualquiera que pueda estar interesado en saber de donde vienen las maquinas que utilizamos a diario.
Están en la lengua de la pérfida Albión, pero nadie es perfecto. Podeis haceros con ellos a un precio más que razonable (y sin gastos de envío) aquí. Los títulos son: Digital Retro, Electronic Brains y The Ultimate History of Video-Games

La conferencia sobre webcomcs fue también muy entretenida, ya que ambos conferenciantes podrían acabar cualquier día en el club de la comedia. Antes de su visita relámpago, Morán e Ismurg habían hecho una porra sobre la cantidad de gente que acudiría, y me alegró que ambos fallaran en sus previsiones. La pena es que tuviesen que irse tan pronto y no poder estar un rato más charlando con ellos. A ver si el año que viene se pasan por aquí con un poco más de calma.
Para aquellos que no pudisteis pasaros por las charlas, en cuanto suban las grabaciones a la pagina de la party las enlazaré por aquí.
Aparte de las charlas, conseguí la serie completa de Dragon’s Lair gracias a un amigo de mi hermano mayor, y los pocos ratos que pude estar en la party si que se acercó algún curioso a mirar y charlar sobre el asunto.
También, para mi sorpresa y regocijo, me reencontré con un viejo conocido de los tiempos roleros que, casualmente, formaba parte de la organización de la party. Así que fue un fin de semana de lo más completo.
Para terminar, sólo diré que me he quedado con ganas de más, y el año que viene no dudaré en repetir (solo que entonces trataré de preparar las cosas un poco mejor)
Tampoco quiero despedirme sin dar las gracias a todo el mundo: Juanjo, Arcan de la organización, y a los pardillos que se dejaron engañar y venir desde fuera para dar sus charlas: Viru, Morán e Ismurg.

Nos vemos el año que viene.

Actualizando (Primera parte):
Ya están disponibles para su descarga los videos de las conferencias. Las podeis conseguir aquí

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Agosto 24, 2009 · Posted in Hazte con todos, Mundos improbables  

Tékumel es, desde que lo conozco, uno de mis juegos favoritos. Lo cual no deja de tener su coña ya que nunca lo he jugado o arbitrado (pero mi relación con él siempre ha sido muy especial)

Tribulaciones de un clan tras la guerra

Tribulaciones de un clan tras la guerra

Podría decir que me “enamoré” de él cuando vi, a finales de los ochenta, por primera vez los anuncios que aparecían en la Dragón, pero mentiría. No negaré que me llamaron la atención, pero también eran un tanto cutres (sobretodo comparándolos con los del resto de materiales que se anunciaban) Y es que, creo yo que, ese ha sido uno de los principales problemas para que esta ambientación no haya terminado de calar entre el público: La falta de un grafismo llamémoslo “solvente”
No sería hasta bastantes años después que mi interés por ese mundo se despertaría realmente. Pero bueno (y liando las pocas un poco más) el origen de mi curiosidad por Tékumel no lo provocó el mismo mundo, sino otro mundo al que yo, equivocadamente, tomé por Tékumel.

Mi búsqueda de material sobre ésta ambientación comenzó después de una partida de Rolemaster ambientada en un mundo que, básicamente, era Tékumel aunque con alguna aportación personal de nuestro master.
La partida fue divertida, pero no llegamos a terminarla (es más, apenas avanzamos) pero había conceptos de lo más originales e interesantes. Uno de ellos, y el concepto que más despertó mi interés, fue alguien llamado “El Cronarca”. Por algo tan sencillo como una palabrita comencé a hacerme con material de Tékumel pero, por más material que comprase, no conseguía encontrar donde se mencionaba a aquel condenado tipo. Lo cierto es que aquello tampoco importaba demasiado, cada cosa que leía de aquel mundo hacía que me gustase más, pero era una espinita que siempre tenía clavada.
Varios años más tarde le pregunte a aquel master en que libro o edición salía mencionado aquel condenado tipo, sólo para descubrir que había sido una de las aportaciones que había hecho él para aquella ambientación (por la cual sólo puedo estarle agradecido)

De todas formas, si a día de hoy cualquiera quiere adentrarse en el mundo de Tékumel, la cosa esta un poco complicada. No por la falta de material, sino justamente por todo lo contrario. Hay material a expuertas, pero es un poco complicado el saber a donde pertenece cada cosa (que me lo digan a mi, que me costo dios y ayuda el saber donde encajaban los distintos materiales que iba comprando)
Por eso voy a dividir la entrada sobre Tékumel en dos partes. Esta primera (como reza el título) tratará sobre la historia del juego, las vueltas que ha dado, quienes lo han publicado y como. La segunda tratará sobre el trasfondo del mundo.

Comenzaremos por el principio, y no hay un principio anterior que el propio autor, el señor M.A.R Barker.

M.A.R (Muhammad Abd-al-Rahman) Barker nacería un 3 de noviembre de 1930 bajo el nombre de Philip Barker. Este cambio de nombre se produciría cuando, tras viajar a la india en el año cincuenta y uno, conoció y se convirtió al Islam por, cito textualmente, “razones puramente teológicas. Me pareció una religión más lógica”)

Según sus propias declaraciones, comenzaría a crear el mundo de Tékumel durante su infancia (entre las décadas de los años 30 y 40) después de leer libros como “Las mil y una noches”, diversas novelas de ciencia ficción, pulp, libros sobre egiptología, los mayas, historia antigua y medieval, etc (vamos, que ya desde jovencito tenía unos gustos literarios bastante orientados)
Más adelante compaginaría su dedicación a esta labor (la creación de Tékumel) con otras ocupaciones menores como, por ejemplo, trabajar como profesor de Urdu y de lingüística y estudios sobre el Sur de Asia en la universidad de Minesota. De esta ultima labor ya se encuentra retirado (vamos, que está jubilado) pero de lo realmente importante este hombre no se retira, ya que continua escribiendo material (sobre todo novelas) ambientadas en el mundo de Tékumel y arbitrando la partida semanal a su grupo de toda la vida.

El Imperio del Trono de Pétalos (nombre que recibió la primera edición del juego, y al que nos referiremos como EPT) fue publicado por primera vez en 1975 por Reglas para Estudios Tácticos (sí, “esa” editorial; TSR), poco después de la publicación de la primera edición del D&D.
En el prefacio de una de las reimpresiones de esta edición de Tékumel, Dave Arneson comenta que Barker fue la segunda persona a la que vendieron el reglamento del D&D.
Pese a que el núcleo básico del sistema de juego era muy similar, y siempre se ha dicho que EPT era la primera ambientación para este reglamento, se trataba de un juego independiente con reglas propias.
A la publicación del reglamento le seguiría, poco después, la creación por parte de Ral Partha de varios juegos de miniaturas de toda índole para la ambientación. Para aquel entonces el amigo Barker aun no había publicado sus reglamentos de combate de miniaturas, pero tampoco tardaría demasiado.
Tras unos pocos años TSR dejaría de publicar EPT, para centrarse en la producción de materiales cuyos derechos controlase en su totalidad (y, posiblemente, por las presiones de “ciertos grupos” a los que no les haría mucha gracia que sus niños jugasen en una ambientación donde los demonios y los sacrificios a deidades paganas eran algo común). Aunque para aquella época también publicaría algún juego más del señor Barker, como el War of Wizards, un reglamento de tablero que enfrentaría a dos jugadores, cada uno controlando un mago, que contaban con diversas fichas que representaban los conjuros, cada uno con puntuaciones y efectos diferenciados (de que me sonara a mí esto)

Unos años más tarde, ayudado por sus jugadores habituales, publicaría bajo el sello de The Imperium Publishing Company “The Book of Ebon Bindings”: Una “traducción” al ingles de uno de los textos arcanos más antiguos (y poderosos) existentes en Tékumel. En él, sin hacer mención alguna a reglas o características de criaturas o hechizos, se nos mostraban una serie de rituales místicos así como la descripción de varias criaturas, dioses y demonios de ese mundo.
También sacaría “Missum”: un reglamento para miniaturas y el primer libro de ejércitos para el mismo: “The Armies of Tékumel Volume 1: Tsolyánu”

Ese mismo año pero, en esta ocasión, bajo el sello de “Adventure Games” publicaría las dos partes de “The Tsolyani Language”, un diccionario Inglés/Tsolyani-Tsolyani/Inglés que incluía una guía de frases comunes y notas gramaticales (e incluía una cinta con una guía de pronunciación) que tendría una segunda edición en el ochenta y uno. También reimprimiría el libro de ejércitos de Tsolyánu, aprovechando la ocasión para sacar un segundo volumen con los ejércitos de Yán Kór y sus aliados.
También publicaría en el ochenta y uno “Deeds of the Ever-Glorious: Histories of the Tsolyani Legions” un resumen de las historias de las gloriosas legiones de Tsolyani. En ella se relataban tanto las tácticas militares, como la historia de diversos personajes relevantes y “Northwest Frontier Map Set” un juego de seis mapas hexagonados que, pese a estar orientados sobretodo para jugar con miniaturas, resulta también muy útil para conocer las distancias exactas que separaban las ciudades que se mostraban en ellos.

En 1983, Gamescience reimprimió el EPT original, y publicó el primero de los (en un principio planeados) tres volúmenes de “Swords and Glory”
Este primer volumen sería la guía de Tékumel. Una descripción completa del mundo, sin mención alguna a reglamentos o similares (sí seños, como debe ser)
El volumen II fue la guía del jugador dando la creación de personajes, reglas de combate y magia (reglas completamente nuevas, mas una hoja de personaje de 8 paginas).
El volumen III iba a ser la guía del master, pero (no es broma) el Huracán Hugo se llevo, tanto el material manuscrito como las copias que tenían en el almacén del volumen II, a darse un baño al golfo. Esto finalizó la excursión de Gamescience en el mundo de Tékumel. Era el ochenta y tres y las cosas se hacían de una manera un tanto más “manual” que ahora.
Pese a no llegar a terminarse la edición, el “núcleo duro” de jugadores afirma que esta edición es que la posee un reglamento que “simula” con mayor fidelidad lo que significa “vivir” en Tékumel.

Al mismo tiempo, pero bajo un sello distinto (The Tékumel Journal) publicaría tres volúmenes más de sus libros de ejércitos en esta ocasión los de Mu’ugalavya, Salarvyá y Livyánu y Tsoléi, así como una guía para pintar las figuras.

Un años después, y (como no) bajo otro nuevo nombre; Tékumel Games, publicaría tres aventuras: “Qadardalikoi” (no, no me he equivocado al escribirlo), “The Tomb Complex of Nereshanbo” y “A Jakállan Intrigue”, a los que seguiría un nuevo reglamento de figuras (aunque esta vez para magos): “The Art of Tactical Sorcery”, reimprimiría los mapas de la frontera del noroeste, publicaría un índice para el primer tomo de Swords & Glory (que falta le hacía) para terminar con una frikada como es una lamina en color con la “reproducción” de la carta de declaración de guerra del imperio de Tsolyánu al de Yán Kór (por supuesto, en perfectísimo Tsolyani)

Y como nuestro chico es una mente inquieta, en el ochenta y cuatro y ochenta y cinco DAW Books publicaría dos novelas ambientadas en Tékumel: “Man of gold” y “Flamesong”.

Portada de la novela Flamesong

Portada de la novela Flamesong

En el ochenta y siete, Different Worlds, editorial que publicaba una revista de rol del mismo nombre, publicaría sendas reimpresiones tanto de EPT (aunque en lugar de en caja, como un único libreto) como los dos volúmenes de Swords and Glory.
Unos años después (en el noventa y uno) y junto con la editorial TOME (Theatre of the Mind Enterprises) más conocidos por sus juegos de tablero, reimprimirían The Book of Ebon Bindings.

Habría que esperar un añito más, para que TOME, esta vez en solitario, sacase una nueva edición (con nuevo sistema de juego incluido) de Tékumel. Esta nueva encarnación se publicaría bajo el nombre genérico de “Aventuras en Tékumel” que estaba compuesto en un principio por un libreto del mismo nombre (que contenía la generación de personajes) y una serie de tres módulos introductorios en solitario, durante las cuales el personaje comienza siendo un niño, y según va creciendo va conociendo como es el mundo en el que vive
Adventures on Tékumel, Part Two / Volume 1: Coming of Age in Tékumel.
Adventures on Tékumel, Part Two / Volume 2: Beyond the Borders of Tsolyanu.
Adventures on Tékumel, Part Two / Volume 3: Beneath the Lands of Tsolyanu.
A estos libretos les seguiría dos años después una caja llamada “Gardásiyal: Deeds of Glory” con el nuevo reglamento, un poco más de trasfondo y los mapas, a la que más tarde se le uniría el bestiario de Tékumel.
Por primera vez desde el setenta y cinco Tékumel volvía a disponer de un material oficial y “canónico” con todo lo necesario para poder jugar, impreso y a disposición de las tiendas, ya que salvo estos libros, todo el material anterior se encontraba fuera de impresión.

Unos años después (y ya con el establecimiento de Internet) la saga tendría un nuevo capitulo, pero en esta ocasión de forma “virtual” con la publicación en la red de diversos netbooks que se ponían a disposición de la gente, bajo licencia shareware, vía FTP (que ya no existe, lástima). Tras bajar el material, el lector podía decidir si quería pagar el registro del shareware (vamos, lo que ahora se conoce como donationware) De esta manera recuperaría los diccionarios de Tsolyani, las historias de la legión y material nuevo como la historia: “The Ever Glorious Empire: Engsvan hla Ganga”, uno de los grandes imperios de la antigüedad de Tékumel. En la actualidad ese material se puede adquirir en DriveThruRPG.com previo pago de unos pocos euros.

A principios del nuevo milenio, una pequeña editorial llamada Zottola Publishing sacaría tres nuevas novelas ambientadas en nuestro querido mundo (y escritas ya sabéis por quien): “The prince of skulls”, “Lords of Tsamara” y “A death of Kings” junto a una edición en dos tomos de “Mitlanyál” el tratado teológico de Tékumel.
También planeaban reimprimir las dos primeras novelas y el Book of Ebon Bindings, pero en su página siguen apareciendo como “Próximamente, a lo largo del dos mil cinco” así que no se yo que me da, que van a terminar por no sacarlos.

Después de esto, habría que esperar hasta el dos mil dos para tener esperanzas de una nueva edición de Tékumel (por una nueva editorial, en este caso los canadienses Guardians of Order) De nuevo tendríamos un nuevo sistema (que manía) en este caso propiedad de la compañía, como era el Tri-Stat.
Ese año, estos buenos señores anunciaron la futura publicación de la cuarta encarnación de Tékumel (en este caso llamado Tékumel: Empire of the Petal Throne) publicando en su página para descargar la copia de playtesting. También se podía encontrar en Amazon la oferta de pre-pedido del futuro libro (así que pinchamos en la casillita y comenzamos a esperar)
Tres años más tarde, y cuando ya me había olvidado del asunto, me llegaron a casa dos cosas: Un paquete de Amazon, que no recordaba haber pedido, y un alegrón al ver lo que contenía en su interior.
Pero los chicos de Guardians of order no sobrevivieron a la maldición de Tekumel, y un años más tarde se fueron al garete sin haber sacado mas material para el juego (y eso que en aquel momento estaban publicando juegos ambientados en licencias bastante populares)

A día de hoy se puede encontrar gran parte del material gracias a Carl Brodt que en su tienda online; Tita House of Games esta haciendo un trabajo increíble.
Tampoco os olvidéis de visitar la página de Tékumel, donde podéis leer mucho del trasfondo del mundo. No deja de ser curioso que esta página tenga un diseño gráfico mucho más atractivo que cualquiera de las ediciones que ha tenido este mundo en papel.

Y… creo que esto es todo. Bueno, me dejo un par de cosas:
Un señor llamado Zane H. Healy (junto a nuestro amigo Muhammad) creó un juego llamado Mackevuk (ambientado ya sabéis donde) lo que pasa es que sólo está para mac. Lo podéis encontrar aquí

Algo después sacaría un generador de personajes con el sistema de TOME (Gardásiyal) también para mac, pero este parece que ha desaparecido en las brumas binarias.

Ahora sí. Para la próxima entrada, un ladrillazo aún mayor con una traducción-resumen de la historia de Tékumel.

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Agosto 21, 2009 · Posted in Macroverso  

Fecha: Otra
Hora: Un poco más tarde (o igual no)
Lugar: Limbo conceptual.

De nuevo nos zambullimos en esa no-dimensión en la que habitan los conceptos comúnmente aceptados. En ésta ocasión la “X” que marca el lugar se ha movido un poco. No, por ahí no, un poco a la derecha (o a la izquierda, todo depende de por donde vengas) Sí, más o menos por aquí, entre Harvey: el conejo rosa invisible y los elfos de sexualidad distraída.
Es posible que os preguntéis ¿Como podemos ver a un conejo invisible? A lo que os respondería ¿De verdad lo estáis viendo? (soy navarro, tengo que responder con otra pregunta)

Pues bien, si hacéis el favor, dirigid vuestras miradas para que se centren en éste arquetipo consensuado por nuestro bienamado imaginario colectivo que os señalo (ya sabéis, con la “X”)
¿Hecho?
De acuerdo, para entendernos (o liarnos un poco más) pondré un nombre a eso que estáis mirando: Llamaremos a nuestra abstracción… “Tipo Listo” (original, ¿Eh?)
Fijaos en él. Vale, ya se que cada uno estamos viendo algo distinto, pero sí que hay una serie patrones en los que coincidiremos (vale, quizás esto tampoco sea cierto, pero silbaremos distraídamente y haremos como que si lo fuese)

Ahí está él. Distante y seguro. Confiado, ya que cuando la misma razón de tu existencia es “saber”, se podría decir que la sorpresa es lo único cuyo significado realmente no comprendes (y digo comprender porqué, obviamente sí que conoce su significado).
Aunque, claro, si asumimos que la compresión real sólo puede ser otorgada por la experiencia, podríamos decir que nuestro querido avatar comprendería más bien poco (tendiendo sus posibilidades, que no capacidades, comprensoras hacia la nada)
De todas formas, no estáis obligados a coincidir con mi apreciación. Ventajas / Desventajas de ser un ente abstracto.

Una vez aclarado (o no) esto, continuamos observando la inacción de este ente inmaterial. Por supuesto, él “sabe” que estamos aquí, escudriñando desde los recovecos dimensionales y analizando su misma esencia; Esa es su naturaleza. De la misma manera, y por la misma razón, no hará nada al respecto.

Pero claro, esto es (o pretende ser) un relato. Y los relatos se mueven por los oscuros senderos y turbios recovecos de la mente de quien los escribe. Torciendo leyes universales a voluntad y mutando lo inmutable según su conveniencia.
Es por esto que “alguien” (quien se dedica a estas lides tecleadoras) forzando la credibilidad del lector, en un momento dado decide sorprender a nuestro tranquilo concepto y arrastrarlo a un entorno hostil. Trasladarlo al mismo lugar al que “invitó” a un viejo conocido suyo; Tipo duro.
Por supuesto, esto estaba premeditado, y nuestro amigo Tipo Listo debería de haber sabido que sucedería, así que rogaremos vuestra clemencia ante esta tergiversación de las leyes de la coherencia, y confiaremos en que el resultado final os resulte lo suficientemente satisfactorio (y coherente porque, lo parezca o no, ese es uno de los objetivos de toda historia que escribo) como para perdonar esta pequeña trampa argumental.

Dicho esto, nuestro amigo, Tipo Listo, se encuentra atrapado en un cuerpo físico dentro de un mundo material. Obviamente él sabe en que lugar se encuentra y cuales son las razones que le han llevado hasta ahí (ya sabéis, su naturaleza y demás) también sabe lo que necesita hacer para volver a donde quiere estar (sí, amiguitos, es tan listo que se ha leído el relato antes de que este terminado) así que inmediatamente comienza a representar su papel dentro de esta obra.
Porque nuestro amigo también sabe que no tiene demasiado tiempo y que, según vayan transcurriendo las palabras, su esencia dejara de ser suya, hasta que no se reconozca a sí mismo. En éste lugar ya no es un concepto; es un personaje. Y los personajes, por muy ligados que estén a un concepto, son entes finitos constreñidos por las necesidades (o caprichos) de la historia.

Tipo Listo sabe que tiene que encontrar a su “hermano” Tipo Duro, ya que éste tendrá problemas para comprender los paradigmas reinantes en el mundo en el que han acabado.

No demasiado lejos, Tipo Duro, por su parte y muy a su pesar, ya ha descubierto que las cosas no funcionan de la manera correcta.

Mientras buscaba las respuestas que guiasen sus pasos quiso, el destino, el azar (o quizás otra persona o concepto) que presenciase un incendio. Al igual que nuestro invitado de hoy, Tipo Duro también tiene su naturaleza, y esta le impulsa a hacer lo correcto.
Frente al edificio, la policía y los bomberos habían acordonado la zona, pero el fuego continuaba descontrolado. Los agentes discutían los unos con los otros sobre las rutas y la posibilidad de evacuar a las personas encerradas por las llamas. La ubicación de la gente atrapada estaba claramente marcada en un mapa que se pasaban de mano en mano, como si el calor que emanaba de aquel edificio hubiese impregnado también el papel. Estaban desperdiciando el tiempo de oxigeno que les quedaba a las personas atrapadas.
Como dijimos en su presentación, Tipo Duro es un concepto de acción y, en aquella situación, no tardo mucho en decidir el curso a seguir.
Si mediar palabra con los agentes, saltó las vallas y se dirigió corriendo hacia el edificio. Mientras se acercaba dejó que el agua que era bombeada de manera constante por los bomberos le empapasen el cuerpo y la ropa. Tras tomar una bocanada de aire limpio, cubrió su rostro con su chaqueta húmeda y se introdujo sin vacilación en el edificio.
En el interior el calor era sofocante y aquello no facilitaba la concentración para tratar de ubicarse dentro del plano que había visto sólo de pasada. Si no estaba equivocado, aún le quedaban tres plantas para llegar al primero de sus objetivos.
Las escaleras eran de baldosa y parecían resistir sin problemas su paso, pero la pintura de las paredes y el material aislante del techo se desprendían incandescentes, cortándole el paso, o tratando de hacerle arder también a él. Avanzaba agachado para tratar de no respirar el humo pero, después de subir dos plantas en aquella posición, su espalda comenzaba a molestarle.
Aquello no era normal. Él siempre había sido un concepto. Asuntos como la fatiga, las dudas o los axiomas físicos que sufrían aquellos avatares ficticios que le habían representado en diversas historias, jamás le habían repercutido.

Llego hasta la puerta que daba acceso a la tercera planta, pero estaba cerrada. Su mano, pese a estar cubierta por la chaqueta, le dolió como si la hubiese sumergido en lava en cuanto toco la manilla, pero no le impidió abrirla. Tan pronto como la puerta se vio libre del cerrojo, se abrió empujada por una explosión de llamas, tirando escaleras abajo a un aturdido e incandescente Tipo Duro.
La corporalidad representaba un inconveniente más importante de lo que jamás había esperado. En su mente y su naturaleza, el objetivo seguía claro. De eso no había duda, él hacía lo que tenía que hacer, lo que dudaba era si sería capaz de llevarlo a cabo.
El fracaso o la muerte no era algo ajeno a su memoria. Muchas de sus encarnaciones habían fracasado o perecido para que la trama continuase, o como un intento de giro inesperado dentro de la historia, pero siempre era en un momento dramático, en uno de los puntos culminantes de la historia. No allí, no en las escaleras que llevaban de la segunda a la tercera planta de un edificio cualquiera.
Mientras trababa de incorporarse se decía que él no moriría allí. No retrocedería. No fracasaría. Las vidas de aquellas personas dependían de él. Pero, por mucho que lo intentase, su cuerpo no le respondía y el dolor se abría paso por encina de la adrenalina.
Su mente continuaba diciéndole que aquello no importaba, que era irrelevante. Tenía una misión, un papel que cumplir en aquella historia. La rabia era más fuerte que el dolor. La voluntad más fuerte que la carne. Había una razón para que él estuviese allí. No podía morir así, no podía morir allí, no pod…
Cayó inconsciente.

Tipo Listo llegó hasta el callejón en el que se encontraba Tipo Duro. Su cuerpo estaba cubierto de quemaduras que fundían piel y ropa, pero respiraba. El hombre que acababa de dejar el cuerpo ahí se cruzó con él y le guiñó un ojo antes de continuar con su camino.
Aquello no era bueno. No era nada bueno. Y lo peor era que él sabía como acabaría todo.

Definitivamente, el mundo “real” no le gustaba nada.

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Agosto 16, 2009 · Posted in Nostalgia en cuatro colores  

Este pasado fin de semana La semana pasada Hace un par de semanas Hace ya tres semanas, al igual que llevo haciendo desde los últimos años, me pase (junto con el señor G) por el BEC para asistir a la RetroEuskal.
Ya, desde antes de ir, tenía intención de hacer una entrada al respecto (como los dos últimos años), pero lo he ido retrasando a la espera de como iba desarrollándose un proyecto que salió de ahí y que, pese a que avanza a buen paso, aún no ha terminado de concretarse. Así que mejor lo escribo ya, antes de que la razón de esta entrada pierda (aún más) su razón de ser y, mientras tanto, os dejo con la duda sobre mis planes a los que aún no os los he contado.
Mmmmm….
Ah, sí.
Bwahahahahahahaha

Vale, al asunto.

Sábado veinticinco (por favor, no hagan rimas, gracias) de julio del año de nuestro señor del señor de quien sea del dos mil nueve.
Pamplona
Barrio de San Jorge.
10 de la mañana (tampoco íbamos a madrugar)
Dos misteriosos individuos se reúnen junto a un portal, tras intercambiar soñolientos saludos (que no madrugásemos no quiere decir que no hubiese sueño) se introducen en un coche. Pero ese no un vehículo cualquiera, sino ¡El RETROMOVIL!
Tras conectar una suerte de arcanos artilugios, el sonido desaparece para ser sustituido por la misteriosa voz de un desconocido e invisible interlocutor.
¿Les estará hablando a ellos?
¿Se dirigirá a alguien oculto en el asiento trasero dándole órdenes para detener a nuestros héroes?
Eso es algo que nunca sabremos (porque ya me he cansado de escribir en este plan)

Bueno, la cosa es que tras juntarnos el amigo G y yo, comenzamos el viaje hacia tierras bilsasoras. Si el año pasado amenizamos el viaje con el Podcast de Viruete sobre las recreativas, este año tocaron los podcast sobre videojuegos de La parada de los monstruos (gran descubrimiento, no os los perdáis)

Tras llegar al BEC, el panorama que nos esperaba fue más o menos el de siempre. Hordas de tipos, con montones de ordenadores (con sus respectivas pantallas teclados y demás periféricos) de todo tipo. Los había de todos los tamaños formas y colores. Normalitos y rarunos. Algunos dignos de verse, otros que habría sido mejor no haber visto nunca (por vergüenza ajena, o por ganas de echarlos al saco y llevarlos para casa) Pero bueno, no me voy a extender más a este respecto, porque no fuimos a eso.
Mas allá de la marea “mod”eadora, más allá del puesto de la Cruz Roja, más allá de los puestos de los expositores (y justo antes que el Tele Pizza) se encontraba nuestro Shangri-La, el cubículo en el que se encontraba encajonado la más avanzada tecnología que nos habían legado los genios del pasado, el lugar que daba sentido a nuestro peregrinar: El stand de la RetroEuskal.
Nada más entrar, donde el año pasado se encontraba un enorme tablero negro con la efigie de invasores y defensor del Space invaders, este año se encontraba (también) un enorme tablero, pero esta vez con más colorines. Este año la partida-gigante-multijugador-por-turnos (y totalmente analógica) era, no más ni menos, del Galaxian (la pena es que no tenía soniditos).
Frente a ella se encontraba la mesa de la organización, donde pudimos ver las versiones en cinta (para MSX y Spectrum) y en cartucho (para MSX) de La corona encantada, el nuevo (sí, descreídos PCeros, habéis leído bien: Un juego nuevo para ocho bits, y además Apañó… y además con portada de Azpiri. Chupaos esa, modernillos) juego de Karoshi Corp. El juego ya lo habían presentado en marzo en el RetroMadid, pero en esta ocasión estaba por allí Jon Cortázar (para más señas, padre de la criatura) que daría una charla al respecto esa misma tarde.
Al lado de esa joyita se encontraba el segundo volumen de Mondo Píxel, cuyo autor también se encontraba en el lugar para una charla posterior.
Ya en el interior de la habitación, pudimos contemplar, a nuestra derecha el Juegodromo, con montones de maravillas tecnológicas para nuestro uso y disfrute (entre las que se encontraba un Commodore 64, a ver si toman ejemplo los Mandrileños) A nuestra izquierda se encontraba el museo, este año dedicado a las consolas de bolsillo (de esto si que haría con todas, y no de los Pokemon) con toda suerte de maravillas de la miniaturización (las ganas que me entraron de destrozar las vitrinas y echar p’al saco las Game&Watch)

Como no queríamos parecer unos desagradecidos ante lo que ahí se nos ofrecía allí, tomamos asiento y (con gran dolor en nuestros corazones) nos dedicamos a echar unas partidillas a las maquinas que estaban funcionando. Que si una Corona encantada en el MSX, que si un Comix Zone en la MegaDrive, mira si tienen un CPC con el PacMan, a ver cuando encienden los Ataris para que podamos echar un MidiMaze. Ya sabéis, ese tipo de cosas. Al final el MidiMaze no pudo ser porque no conseguimos pillarlo libre. Lastima.

Después nos dimos una vuelta por el recinto y aprovechamos para jugar al Street Fighter IV en una XBox 360 (que poco me gustan estos mandos modernos) Vimos a unos tipos jugando al Starcraft II (supongo que la beta) y a un montón de individuos jugando por equipos (y dando el cante jondo) el campeonato de algún juego de esos de tiros en primera persona.

Así, tontamente, llegó el momento del descanso, y nos dirigimos a comer (y comenzar a fraguar maldades) con un amigo que había ido jugar y saturar su el disco duro de su maquina, hasta que llegó el momento de dirigirnos hacia las conferencias.

La primera fue la de Jon Cortázar, no hablaría tan sólo del proceso de creación de su juego, sino que también de la gestación, vida y (desgraciadamente) muerte de Karoshi. Pero no os desaniméis, que ya tiene un nuevo proyecto llamado Relevo videogames.
La charla fue muy ilustrativa y entretenido y se notaba toda la ilusión que había puesto Jon en el proyecto y el orgullo por el resultado final (y haber logrado que Azpiri les hiciese la portada)
Así que ya sabéis, a descargarlo y jugarlo con vuestro emulador favorito (o también lo podéis comprar y ponerlo a funcionar con vuestros retro-ordenadores)

Tras esta charla llegaría la presentación del segundo volumen de Mondo Pixel que dieron John Tones y Javi Sanchez. La charla en sí fue breve (como el año pasado) pero (al contrario que entonces) en esta ocasión el publico que si que se animo a hacer preguntas, dando lugar a una conversación bastante interesante.

Para finalizar el día tubo lugar la conferencia de Open Ars Games, también verbigracia de los señores Tones y Sanchez.
¿Que es Open Ars Games?
Aquí lo tenéis.
Iba a decir que fue la mejor charla del día. Que, tras finalizar los ponentes su charla, el publico se animo a hacer bastantes preguntas y que podría haber durado más de no echarse la hora de cierre encima. Pero buscando un posible podcast sobre ella, he encontrado a un simpático señor que la grabó en video (sólo está la primera hora, pero como fue lo más interesante, mejor que mejor) así que me ahorro el deciros todos los halagos y parabienes que iba a decir sobre ella.

Después de esto, y ya con el buen sabor de boca del trabajo bien hecho, nos montamos en el Retromovil para regresar a Pamplona.
El año que viene, podéis estar seguros de que volveremos.

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Uno cree estar tranquilo, seguro y afianzado en las costas del presente. Pero sólo es necesaria una pequeña ola de nostalgia para hundirte en las simas e insondables abismos de la memoria.

Pues sí. Fue escribir la anterior entrada, y descubrir que las puertas que llevaban unos cuantos años conteniendo a ese océano que es el ansia fabuladora eran, a todas luces, insuficientes. Y como da la casualidad de que vosotros pasabais por aquí, os va a tocar aguantarlas.

Hasta donde me alcanza la memoria, mi mente siempre ha tenido la fabulosa, según cuando preocupante y, en ocasiones, molesta, capacidad de irse de paseo por otros lugares. Una vez en esos lugares, se dividía a sí misma, y cada una de sus divisiones se iba de paseo a un lugar distinto.
Como podréis haber adivinado dados los calificativos que le he otorgado, ni me solía pedir permiso para ausentarse del mundo que ocupaba mi cuerpo, ni siempre me hacía caso cuando la llamaba y/o/u necesitaba de su servicios para conmigo.

Que estas frases no os confundan. Vale, sí. Quizás tendía a distraerme más de lo que debía (bueno, también podéis quitar el “Quizás”) pero esto no implica que viviese, quisiese o creyese vivir en mundos fantásticos alejados de la realidad. Tampoco creo que me hubiese gustado vivir en ellos, a nada que hayáis seguido los relatos de Daegon, cuando mando mi cabeza de paseo tiendo a crear escenarios no demasiado agradables.

De crío no tenía el rol, pero no era raro que me diese una vuelta por la Zona Negativa o echase una mano a los Vengadores o al Comando G contra el malo de turno. Que descubriese nuevos mundos junto a los protagonistas de Érase una vez el espacio o Ulises XXXI. Todo eso, claro, cuando no estaba apartando de en medio al inútil de Koji, o cualquiera de los pilotos de super-robots de Go Nagai, para patear brutos mecánicos pilotando mi propio coloso metálico.
Eran tiempos de descubrimiento, del “sentido de la maravilla”. Todo era nuevo, todo te impresionaba. No importaban los personajes, no importaba la coherencia, no hacía falta que tuviese sentido, el axioma reinante era el de la acción sobre la reflexión.
Cuando echo la mirada hacia aquellos años no recuerdo que nada (serie, película o tebeo) me pareciese malo o decepcionante. También puede ser (es más, es bastante probable) que los haya olvidado pero… claro… no me acuerdo.

Como no podía ser de otra manera, con el tiempo la cosa fue cambiando. Continuaba leyendo y visionando el mismo tipo de material, pero cuando mi cabeza se iba de paseo por aquellos mismos mundos, tomaba rutas distintas a las de los personajes que los habitaban. Sí, era posible que apareciese alguno de ellos en escena, pero cada vez con menos frecuencia y en papeles secundarios. Como gente a la que salvar.

De todas formas, pese al pequeño cambio en el germen de las imágenes, el axioma continuaba siendo el mismo: Escenas cortas sin contexto alguno, que me asaltaban de vez en cuando, repitiéndose de manera continuada, pero carentes de un contexto que les diese sentido más allá de la pura espectacularidad. Y la cosa fue así hasta que, por supuesto, cambió.

No se cual fue el día exacto. Si tuvieron algo que ver la aparición de los libro-juegos (donde rara vez llegabas a saber las motivaciones de nadie que no fuese tu personaje) la serie de dibujos de Dragones y Mazmorras (no por nada, sino porque nunca llegaban a explicarte la razón por la que los personajes habían llegado a ese mundo) o una confluencia de astros lo que provocó el cambio. La cosa es que un día, uno que no recuerdo y que no tiene mayor relevancia en los calendarios, comencé a hacerme preguntas sobre esas imágenes.
No, las preguntas no versaban sobre mi posible perdida de contacto con la realidad, o la necesidad de una camisa muy incomoda de mangas demasiado largas. Mis inquietudes iban justo en a dirección opuesta. Quería “saber” más sobre aquellas escenas, de donde venían y en que desencadenaban.
Pero, claro, tenía un problema (que no, que no estaba loco) aquellas imágenes no existían más allá de mi cabeza (bueno, igual un poco loco, sí) así que no podía preguntarle a nadie. Para saber más sobre ellas, tenía que ser yo quien lo crease todo.
Y llego el rol a mi vida. Así, a traición, sin buscarlo ni avisar. Y durante mucho tiempo copó casi todo mi tiempo de ocio (bueno, el rol y, sobretodo, la gente que conocí gracias a él) y las historias comenzaron a volar libres.
Primero un tanto sencillas o tontas (tendría cosa de catorce o quince años) por no decir ruborizantes (bueno, lo he dicho) Llenas de referencias nada disimuladas a lo que leía. Forzando, a menudo en exceso, la lógica interna de las historias y lastrando su desarrollo. Luego cada vez se irían haciendo más complejas, más grandes y más ambiciosas.
¿Más refinadas?
Quizás.
¿Más pretenciosas?
También es posible.
¿Mejores?
Espero que sí.
Y el tiempo del rol pasó (al menos el de jugar a él, porque la gente continuaba ahí, espero que hasta el fin de los tiempos) también a traición, con alevosía y sin premeditación (o eso creía yo, que ni lo esperaba ni lo deseaba)
Y cuando creía estar asentado en una posición estable y establecida, llega una ola traicionera y te arrastra de nuevo hasta lugares que ya habías visitado antes. Y revives los momentos pasados, consciente de que no se volverán a repetir, pero sabedor de que aún puedes extraer grandes cosas de ellos.

Y aquí estamos ahora. De nuevo en la casilla de salida (aunque con el grado y la perspectiva que aportan las experiencias ya vividas) y dispuestos a tomar un nuevo rumbo.

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Julio 17, 2009 · Posted in Mundos improbables  

Hace mucho tiempo.
Pero vamos, la tira de tiempo (cosa de doce años) comencé una campaña (léase campaña como sucesión de aventuras unidas para crear una historia más grande. No vaya a ser que los no versados en materia rolera crean que me metí en jaleos militares o, peor aún, publicitarios)
Ya llevaba bastantes años arbitrando, y había hecho bastantes campañas. Es más, en aquel mismo momento estaba arbitrando otras dos campañas en mi mundo (cuando aún lo hacía con RuneQuest) mientras continuaba con otras en Ravenloft y Warhammer.
La cosa es que, arbitrando un par de veces al mes, la cosa no avanzaba a demasiado buen ritmo, y para cuando retomaba una de las campañas, los jugadores se habían olvidado de la mitad de las cosas que habían pasado en la anterior.
También teníamos el efecto “prefiero éste juego” o “me gusta más éste personaje” así que parte de los jugadores te andaban diciendo ¿Porque no arbitras esta semana tal juego en lugar de tal otro?
Pero ¡que narices! ¡a mi me apetecí arbitrarlos todos! (aunque, siendo sinceros, tenía mas ideas, y me apetecía más arbitrar en Daegon que en los otros)
Sí a esto le sumamos que, como buen rolero, tenía en mis estanterías otro montón de juegos a los que nunca había arbitrado, pero para los que también tenía historias preparadas. Si sumábamos dos y dos, la conclusión lógica es que al final terminaría por no arbitrar ninguno de los que tenía aparcados.
Sabía que mis jugadores me iban a poner pegas a empezar otra campaña, igual una partida suelta sí, pero iba a ser complicado que la cosa cuajase como para lo pillasen con ganas. La verdad es que a mí tampoco me apetecía arbitrar cinco, seis o diez campañas simultáneas. Si a esto le sumamos que solíamos jugar las tardes de los sábados y domingos y que yo no era el único master, el resultado era que había meses en los que estaba complicado el ponernos de acuerdo con cuando arbitraba cada uno.

Y fue así hasta que tuve una revelación: Iba a arbitrarlos todos dentro de la misma campaña.
Así los jugadores podrían utilizar siempre los mismos personajes y sería más fácil el compaginar los días con los demás masters.
Claro, las revelaciones, en un primer momento, molan mogollon. Pero luego tienes que darles sentido, y que aquello tuviese sentido iba a necesitar de mucho curro.
En un principio, los juegos que quería arbitrar eran:
Skyrealms of Jorune
Shadow World (para éste había llegado a hacer personajes con el RMSS, pero nunca llegue a arbitrar)
Talislanta
Glorantha
Tékumel
Torg
Fading Suns
Maelstrom (el de Hubris Games, no el de Arion Games)
Planescape
Tales of Gargenthir
Hârn
Conan (de éste ya había llegado a arbitrar hacía tiempo unas partidas con GURPS)
Arcanum
Y diversas ambientaciones históricas (Japón feudal, Europa medieval, Vikingos, Grecia y Roma clásicas, China mítica)

Como veréis, tratar de dar coherencia a todo esto dentro de un mismo universo de juego era un tanto complicado.
A la hora de buscar el sistema de juego baraje varios a lo largo de los años (porque desde que empecé a darle vueltas al asunto, hasta que, por fin, lo di por cerrado, pasaron cosa de dos o tres años)
Empecé buscando varias ambientaciones “multi-universo” como DreamPark, Rifts o Torg, pero terminé descartándolas, porque me parecía que aquellas ambientaciones (y sus sistemas) condicionaban demasiado el tipo de aventuras.
Al final, y tras darle muchas vueltas, conseguí “crear” (más bien conjuntar) algo que tuviese algo de sentido (al menos para mí). Había cosas que estaban un tanto pilladas con alambres, y otras metidas directamente con calzador, pero tenía un trasfondo más o menos sólido. El sistema acabaría siendo aquel en el que tenía que tenía que haber pensado desde un principio: GURPS.

Así que, una vez finiquitado todo (elegir las ventajas y desventajas, habilidades y razas a las que podían optar los personajes) les lancé el órdago a mis jugadores: Iba a dejar de arbitrar Warhammer y Ravenloft (porque Daegon no iba a dejarlo) para empezar la campaña de GURPS
La cosa es que el asunto no les sentó del todo mal ¡MALDITOS INGRATOS!¡CON LO QUE HABIA SUFRIDO YO PARA HACER LAS PARTIDAS DE RAVENLOFT Y WARHAMMER, Y LES DABA IGUAL EL NO SEGUIR JUGANDO! (si es que no estoy contento con nada) y nos pusimos a hacer personajes.

Más o menos en aquella época terminé de desarrollar el sistema de juego que quería utilizar para Daegon (adiós, Rune, siempre te llevaré muy adentro) y ya que estaba en el asunto de hacer reglas, también aproveche para hacer unos cambios en el GURPS (básicamente convertir el sistema 3D6 a porcentual, pero con algunos apaños)
La verdad es que siempre que he arbitrado mucho a un juego he terminado cambiando alguna regla. Si no recuerdo mal, el único sistema que no he retocado a mi gusto ha sido el de Warhammer.

Pues bien. El momento había llegado, y la campaña empezó en Jorune.
Poco a poco fui desplegando la trama, dejando pistas de eventos venideros (calculaba arbitrar una vez al mes y estar en cada ambientación cosa de un año) y a los jugadores parecía gustarles… más que Daegon (¡INGRATOS, MAS QUE INGRATOS!)
Pero la cosa se torció un poco y las partidas se fueron distanciando cada vez más en el tiempo y al final apenas arbitraba una vez al mes. Eso quería decir que era una partida de cada uno de los juegos cada dos meses. Esto provocó que lo que los jugadores apenas se acordaban de lo que habían hecho en la anterior sesión.
Otra vez tocó elegir, y otra vez elegí a mi pequeñin, donde arbitre un par de años más antes de colgar los dados.

Tiempo después comencé en esta afición de juntar letras. Empecé a escribir “la novela” de Daegon (ciento y pico paginas que tengo que rescribir desde cero algún año de estos) y el amigo Tiberio me diría si me apetecería escribir algo para el EXO. De ahí nacería el primer relato de “El ermitaño”
El asunto tampoco cuajó, pero yo ya le había cogido cariño al personaje y comencé a fabular un universo de Ci-Fi propio, de donde saldrían el resto de relatos de esta índole.
En estos relatos utilicé a un par de los personajes que había creado para la campaña de GURPS y el hilo conductor de la historia (de la que estos relatos sólo eran la introducción) era el mismo, pese a que el desarrollo final (lo escriba cuando lo escriba) poco tiene que ver.

Pero en el fondo siempre se me ha quedado clavada la espinita de esa historia no contada. No puedo hacerlo como relato, ya que las historias estaban muy vinculadas al trasfondo de las diversas ambientaciones (por no hablar de derechos de autor y esas cosas)

Y la cosa seguía así hasta que esta semana en Gades Noctem han empezado a hablar de los juegos de rol viejunos y me ha asaltado un ataque severo de nostalgia.
Tanto es así, que me he estado planteando la posibilidad de pasar a escrito lo que era el cuerpo general de la campaña, así como todo el trasfondo que había creado para ella.
Ahora bien, me pregunto: ¿A quien narices el puede interesar esto? (el me es retórico, os lo estoy preguntando a vosotros, si es que queda alguien leyendo esto)

Ahora mismo estoy con dos “narraciones seriadas” (la biografía computeril y el macroverso) ambas con similar éxito de critica y publico (cercano a cero) y ponerme a escribir otra cosa con pretensiones de (ejem) continuidad, sería como volver a los tiempos de múltiples campañas continuadas.
¿Que pretendo decir con esto?
Muy sencillo. No estoy diciendo que vaya a dejar ninguna de las dos (hace ya tiempo que deje de escribir para un grupo concreto de personas) Sólo digo que, si alguien dice por aquí que encontraría interesante esto de lo que os estoy hablando, podría posponer una de ellas mientras me dedicase a escribir sobre la campaña.

Caso contrario, lo escribiré igualmente. Pero si contamos con que el Macroverso serán veinticinco entradas y la biografía supongo que ira para más aún (y el ritmo de vértigo que llevo) igual para cuando llegase el momento se me ha pasado la morriña y vuelvo a dejarlo esta idea por ahí apalancada hasta ser agredido de nuevo por la nostalgia.

Pues nada, ahí queda eso.

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Julio 13, 2009 · Posted in Desvaríos varios  

En los límites del universo. En el umbral que separa la entropía de la existencia, moran ellos. Su hogar se encuentra más allá de la vida, donde los conceptos pierden su forma y los axiomas su validez. Pocos son los que saben de su tarea y menos aún los que alguna vez han establecido contacto o comunicado con ellos, pues son criaturas atemporales, constructos exadimensionales incomprensibles para las mentes mortales que han nacido y moran bajo su creación.
Su oscura labor es, en si misma, una contradicción y un sinsentido para nuestras percepciones constreñidas por el paradigma de los cinco sentidos.

Ellos son los creadores de conceptos, los diseñadores de universos, los maquetadores de realidades, los funcionarios cosmogónicos.
Ellos trabajan en:

LA FÁBRICA DEL ESPACIO-TIEMPO

Y, por primera vez en la historia, tenemos grabaciones exclusivas sobre sus actividades (bueno, en realidad no son grabaciones, ya que no disponemos de dispositivos capaces de captar a los integrantes de la plantilla, pero hemos hecho una reconstrucción con actores que nos ha quedado la mar de mona)

Hora: Fuera de la corriente temporal
Lugar: Oficina de gestión de proyectos del sector 5. Sección de desarrollo de nuevas tecnologías.

- ¡GUTIERREZ! – todo en la expresión del jefe de proyecto García parece indicar que no está contento. La verdad es que no esta nada contento – ¿Quiere hacer usted el favor de venir de una puñetera vez a mi oficina?
Más allá de la puerta se puede escuchar el sonido de unas pisadas aceleradas acercándose por el pasillo. Después, silencio y unos leves golpes en la puerta.
- ¿Señor? – Gutierrez esta sudando tras la puerta. El tampoco parece contento, pero su rostro, más que ira, muestra miedo.
- Adelante, adelante – pese a que Gutierrez no puede verle desde el otro lado, García acompaña sus palabras con un ademán de su mano – ¡Que pase ya! ¡cojones! – parece que el jefe tiene prisa.
Mientras con una mano se seca el sudor de la frente, con la otra, Gutierrez sujeta montones de planos. Tras guardar el pañuelo, abre la puerta con timidez. No es muy grande, pero entre su andar cabizbajo y la enorme mesa de su jefe, casi parece un enano.
- ¿Puede explicarme esto? – sin dejar tiempo a su empleado a sentarse, el jefe golpea con un dedo inquisidor los planos que hay sobre su mesa.
- Son los planos para la ampliación de la sección vigésima del cuadrante treinta y dos del parsec ocho de la sección cinco.
- ¿De verdad cree que le estaba preguntado eso?
- No, señor, disculpe. Son los nervios.
- Pues deme una razón para que las obras sigan aún en el estado en el que se encuentran.
- Pues verá, señor… Es que no hay espacio – Gutierrez se encoje preparándose para la bronca.
- Vamos a ver ¿COMO COJONES QUE NO HAY ESPACIO? ¡NOSOTROS HACEMOS EL ESPACIO!… ¡Y EL TIEMPO!… y miniaturas, camisetas y otro montón de cosas que no vienen ahora al cuento… ¡SI NO QUIERE QUE LE SAQUE A HOSTIAS DE ESTA OFICINA SERA MEJOR QUE ME DE UNA EXPLICACION UN POCO MÁS SÓLIDA!
- Vera, es que no hay espacio… espacio físico. Vamos, que otra gente ha ocupado el espacio que íbamos a ocupar nosotros. Que nos han colado un par de galaxias que no son de nuestro sector.
- ¿Y nadie se ha dado cuenta?
- Verá. Es que aparecieron así, sin más. Al parecer las estaban llevando a su ubicación definitiva… alguien activo un agujero negro a donde no debería… y la cosa es que acabaron consolidándose en nuestro sector.
- Serán – García activa el intercomunicador – ¡QUE ALGUIEN ME TRAIGA AQUÍ AHORA MISMO A SATUR!
- Hemos tratado de arreglarlo, jefe, en serio – mientras tanto, Gutierrez continúa con sus explicaciones – pero es que esas galaxias no se parecen en nada a las que nos habían encargado. Tendríamos que cargárnoslas del todo para continuar con las obras y se nos sale del presupuesto, porque iba a generar una cantidad de escombro que tampoco tenemos donde meter. Ahora estamos concentrando nuestro esfuerzos en tratar de “empujar” el resto del espacio para hacer hueco a nuestro proyecto, pero nos está costando un poco más de lo esperado.
- ¿Y no me lo podíais haber dicho antes para poder comentárselo al cliente y tratar de ganar un poco de tiempo?
- Le mandamos un memorando por la mensajería taquiónica, y recibimos la confirmación de que había sido recibido. Aquí tengo el comprobante – Gutierrez ondea el mensaje como una banderola, pero sabe que aquello no le va a servir de mucho – ¿Lo ve? ¿Lo ve? Tengo el comprobante – su voz baja de volumen poco a poco, mientras se encoje de nuevo para recibir otra bronca.
- ¿Está usted tonto? ¿Una cagada de ese calibre y no hay una sola persona en el equipo capaz de decírmelo en persona? – mientras vocifera, García revisa la mensajería taquionica. Cuando encuentra el mensaje el color de su rostro cambia de rojo ira, a rojo-infierno-sobre-la-tierra – “Señor” – lee en voz alta, y fingida entonación nasal, mientras balanceando la cabeza de un lado a otro con gesto de burla y desdén – “Debido a problemas técnicos, el proyecto de ampliación de la sección vigésima del cuadrante treinta y dos del parsec ocho de la sección cinco, sufrirá un leve retraso”
- Bueno… verá…
- ¿Tiene una explicación para esto?
- Pues… bueno… la verdad es que no… PeroelmensajeloescribióLópez – dice con voz apresurada, mientras con un dedo extendido apunta hacia algún lugar indeterminado fuera de la oficina.
- Dígame que, al menos, han buscado alguna solución temporal – el tono calmado en la voz de García contradice el tamaño que está adquiriendo la vena de su frente – Algo que pueda sugerir, o con lo que podamos engañar al cliente mientras arreglamos esto.
- Sí, verá señor, aquí le traía los planes de contingencia que habíamos desarrollado – Gutierrez despliega de manera desordenada los planos que hasta ahora mantenía apretados contra su cuerpo.
- ¿Se encuentra alguno de ellos en curso?
- Aún no. Todavía nos quedan algunos pequeños – Gutierrez acompaña esta palabra con un gesto de su mano – detalles por pulir, y queríamos consultarlos con usted antes de ponerlos en practica.
- ¿Y a que estaban esperando para hacer las consultas?
- ¿Puedo serle sincero?
- Por favor.
- Nos estábamos rifando quien vendría a proponérselos.
- ¿Son ideas de bombero?
- Bueno… aun están por perfilar y matizarse. Ya sabe como son estas cosas.
- Sabe que se esta jugando el puesto.
- En un principio, necesitábamos saber para que quería el cliente el espacio que había comprado
- Al parecer, uno de sus usuarios, lanzó una sonda espacial hace unos cuantos siglos y va a alcanzar los límites del sector. El quiere mantener ante sus usuarios la apariencia de un universo único e infinito, así que necesita mantener el engaño, al menos unos cuantos siglos más.
- ¿No sería más sencillo meterle un buen pepinazo a la sonda? Los accidentes ocurren en el espacio.
- No.
- ¿Crear un bucle entre el comienzo y el fin del sector?
- Tampoco, contabilidad dijo que vendría bien el líquido que nos daría la operación. Así que la única opción viable ahora es la de formatear ese sector del espacio según las indicaciones que nos dio el cliente.
- Vale, pues ahora empiezan las ideas de bombero
- Enséñeme lo que tiene, a ver si podemos utilizar algo.
- La primera opción que habíamos barajado era el insertar unos cuantos años en su línea temporal. El problema es con que los llenamos, y como hacemos para que el cliente no se de cuenta.
- Mala opción. Los de producción y diseño están liados ahora mismo con el chandrío que montó el tipo aquel del sector doce, con la chapuza de tratar de alterar el pasado de sus usuarios. Ya sabes, todo ese jaleo de las guerras cósmicas.
- ¿Aún no lo han terminado de arreglar?
- No
- Pues si que debió liarla gorda.
- Más ideas.
- Esta me encanta, pero aún esta un poco verde. Incluye la utilización de segundos teraluminicos.
- Pero… ¿Eso no esta aún en versión alfa?
- Sí. Ese corredor temporal aún esta en investigación, pero está dando muy buenos resultados. Además, hasta que nadie invente nada capaz de moverse a esa velocidad sin perder su cohesión, hay mucho tiempo.
- ¿Y que había pensado?
- Verá. Metemos al cliente en el corredor teraluminico durante unos segundos. Lo que para él sería apenas un parpadeo, a nosotros nos daría unos cuantos cientos de años para poder hacer la obra.
- Hay un pequeño problema.
- Lo sé. Lo sé. No sabemos si el cliente podría sobrevivir a la experiencia.
- Aparte de ese. Los usuarios del cliente habrían evolucionado todos esos años sin su supervisión, así que él se daría cuenta del cambio. Es más. Muy posiblemente para cuando volviese ya se habrían olvidado de él, y no creo que le gustase. Por no mencionar como se pondrían los de contabilidad si les decimos que el pago de la obra se va a retrasar tanto tiempo. Bastante tienen con las amenazas de las fundiciones de Quarks de no producir si no hay pasta pronto, como para irles ahora con esas.
- Pues ya sólo nos queda una opción más entre las que estábamos barajando. Aunque es un poco cutre.
- ¿Más que estas?
- Sí. Es bastante más convencional y nos va a salir por un pico. Podríamos construir sus galaxias en otro lado, y enlazarlas con un puente subespacial. Con el tiempo podríamos ir moviendo las estrellas poco a poco a sus ubicaciones definitivas.
- Eso es una locura. El beneficio se nos iría a paseo, y como al cliente se le ocurriese inspeccionar esa sección, se daría cuenta enseguida de la chapuza.
Se hace el silencio en la oficina, y al poco se comienzan a escuchar los rítmicos golpeteos del bolígrafo del señor García sobre la mesa.
- ¿Se puede? – tras unos minutos, una voz les habla desde el otro lado de la puerta. Es Saturnino Pérez Pérez, responsable de la división de obras publicas y transporte.
- Pasa, Satur. Puede retirarse, Gutierrez. Ya volveremos a hablar – la voz del señor García parece algo más calmada.
Mientras se cruzan en el umbral de la puerta, Satur y Gutierrez se saludan con un leve gesto de sus cabezas.
- Pues tú dirás – tras tomar asiento, Satur comienza a hablar – ¿A que viene tanta prisa por verme?
- Satur, tío ¿A que clase de gente me contratas, que andan soltando galaxias donde no deben?
- ¡Ah! Eso.
- Sí “Eso”
- No fue culpa suya. La culpa fue del generador de agujeros.
- Entonces ¿Fue un error técnico? ¿Le podemos pasar el marrón al fabricante?
- Se podría intentar, pero va a estar complicado.
- Verás, el aparato es nuevo, y funciona bien. El problema es el manual. Estaba mal traducido. Alguien puso “fábrica” donde debía poner “estructura” y todo lo demás se fue al garete.
- Putos traductores. Lo bien que viviríamos de no ser por ellos.
- No te quejes. De no ser por los traductores, ni siquiera estaríamos aquí.

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Junio 30, 2009 · Posted in Biografía computeril  

Pamplona.
Navidades del noventa y uno (del siglo pasado)
Un tipo diciendo venir en representación de no se que regentes de alguna potencia petrolífera nos obsequia con un avatar de la deidad de la ludiscéncia (que ya se que el palabro no existe, pero como esas entidades que supuestamente nos lo entregaban tampoco existen…)
Si cuando declaré mi amor eterno hacia Sega, ya sabía yo lo que me hacía.
Estéticamente la Megadrive era un poco más armatoste que la Master System y sus formas tan redondeadas no me terminaban de entrar a simple vista, pero aquello no importaba en cuanto le pinchabas sus JUEGOS. Porque aquello si que eran juegos, con unas mayúsculas bien merecidas.
Después de la “decepción” que había supuesto la conversión del Altered beast para su hermana pequeña, el ver a aquellos tiarrones moviéndose como se movían en su versión para 16 bits, resultó toda una epifanía. Y lo mejor es que aquello no era todo.

Me daba igual el chip gráfico o sonoro que le hubiesen puesto a aquella cosa (en aquellos tiempos aquello me parecía de lo más irrelevante. Bueno, a día de hoy tampoco es que me importe demasiado) Lo mejor de aquella máquina es que sus juegos tenían la dificultad justa pata mí
¡Me los podía acabar!

Reconozcámoslo, nunca he sido un crack en esto de darle al joystick (o al OPQA), pero en la Mega aquello no importaba. Igual es que los juegos eran más fáciles que en el ordenador (o tenían menos bugs) pero el resultado era una notable mejoría de tú (bueno, de mí) autoestima.

En los tiempos de la Master system había estado cerca de acabarme alguno de los juegos (recuerdo el Zillion, el Lords of the sword, Wonder boy in Moster land o el Y´s) después de pegarme con ellos una sentada de varias horas. Pero al final no los acababa, y terminaba por pillarles un poco de paquete. Vamos, que no me apetecía pegarme otras cuatro horas del tirón para llegar al mismo punto (y que me volviesen a matar en él)
Con la Mega no pasaba eso.
Vale, los juegos (al menos los que me engancharon) no eran tan largos y el control de los personajes era bastante mejor. Aparte de esto, el mando que venía de serie también era más cómodo y su respuesta a tus deseos mas satisfactoria (puede sonar sucio, pero era algo de lo más hermoso. Es lo que tiene el amor)
Mirad si me cambiaría la Mega, que personajes a los que no tenía ninguna simpatía, como los de la Disney (más concretamente Mickey y Donald), lograron tenerme pegado a la pantalla mucho más que sus versiones animadas (lástima que no sacaran juegos de Patomas, mi personaje preferido de los Don Miki pero claro, era una creación de la sucursal italiana de la Disney y supongo que la casa madre no le hizo demasiado caso)
De todas formas, la parte lúdica de mi corazón pronto caería rendida ante la respuesta que dio Sega al fontanero bigotudo de la competencia: Sonic.

El diseño del bicho no era de los de quitarse el sombrero. Es más, siempre me ha parecido un tanto cutre (aparte de que la actitud chulesca que le dieron tampoco lo hacía santo de mi devoción) pero verlo correr y botar por la pantalla era una auténtica gozada.
A este nuevo ídolo binario se unirían otros tantos: Alisias Dragoon, Might and magic II, Streets of rage, Strider, el inmortal Golden Axe o las distintas encarnaciones de ShinobiShadow Dancer.
La cantidad no era grande (eran caros los condenados) pero la calidad sí.

Pero tampoco os creáis que todo lo que sacaron para la Mega fueron clásicos instantáneos. También les di un tiento a los géneros que no conseguían decirme nada en su versión para ordenador… con idéntico resultado. El Rings of power tuvo el mismo éxito en mi que el Populous y el Where in time is Carmen San Diego creo que sólo lo pinché una vez.
Es más, aquellos años también tuvieron sus propios Hypes, como el Sword of Sodan, con una portada cojonuda de Boris Vallejo y unos gráficos que dejaban en bragas a los del Altered Beast, pero que luego era un truño injugable.

Pero bueno, estos pequeños deslices no lograron empañar el cariño que le tengo a esta maquina.
Pero por hoy ya es suficiente. En el siguiente capitulo de mi biografía computeril toca el comienzo de mi fin (lúdico): El advenimiento del PCverso.

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Mayo 13, 2009 · Posted in Macroverso  

Día: Entre uno y el siguiente.
Hora: Tarde (muy tarde)
Lugar: Mundo “real”

Javi trataba de dormir. No sabía cuanto tiempo tenía antes de que llegase Sandra pero, entre la curda que parecía llevar encima, y que nunca había estado en su casa, estaba convencido de aún le quedaría un rato largo.
Aún así, por si acaso, no se atrevía a dormir profundamente.
- Como si dormir profundamente fuese una elección – sonrió resignado mientras se decía esto mentalmente – Trataremos de dormir sin más.

Se imaginó a sí mismo flotando en la posición del loto, en el centro de una esfera infinita en la que sólo existían él y el color blanco. La esfera se expandía con cada uno de sus latidos. Más allá de ella se encontraban los pensamientos conscientes que no le dejaban dormir.
Bueno, también les acompañaba el insistente pitido que aparecía cuando todo lo demás se había silenciado.
Las disquisiciones sobre la posibilidad de que algo fuese esférico (o de cualquier otra forma, ya fuese, o no, geométrica) a la par que infinito las dejaría para las charlas con sus colegas de ciencias.
Vale, de acuerdo, el que algo infinito se expandiese también era un contrasentido en su mismo, por mucho que matemáticamente fuese posible. Pero aquello era otro de los pensamientos conscientes que tenía que estar más allá de la esfera blanca (que, pese a ser infinita y estar en expansión, no impedía que el ruido de las ideas llegase hasta él)
Aunque, claro. Si veía que era blanca, también debía haber por ahí un punto de luz para iluminarla. Pero él se imaginaba con los ojos cerrados, así que tampoco tenía que ser capaz de percibir aquello.
Trató de mandar a paseo aquellas disquisiciones chorras, pero las muy condenadas se empeñaban en rebotar por los limites de la esfera infinita, incordiándole una y otra vez. Parecía que aquel plan no funcionaba… otra vez.
Su universo infinito-pero-menos pasó, sin previo aviso, de tres a dos dimensiones. La esfera se transformó en un círculo y él parecía un dibujo plano sacado de la viñeta de algún cómic.
Ya no se hacían los infinitos como antes.
El tamaño de la circunferencia se reducía por momentos, perdiendo su forma, comprimida por la presión de las ideas que la rodeaban. Mientras tanto, Javi extendía los brazos tratando de impedir el acabar aplastado por aquel, a todas luces, ineficaz campo protector.
- A la mierda – abrió los ojos y miró al despertador. No había pasado ni un minuto desde que los había cerrado.

Se levantó y, tras ponerse la bata, se dirigió al salón. Encendió la tele y el portátil. Hizo zapping hasta encontrar en alguno de los canales algo que no fuese la tele tienda; La reposición de una peli de acción de los ochenta. Había cosas peores.
Abrió los documentos que tenía con textos a medio escribir, y revisó el programa de mensajería. No había nadie conectado.
Se sentó con los pies cruzados sobre el sofá y pilló una consola portátil, en la que se puso a jugar al Tetris.
- Tantas cosas por hacer, y tan pocas ganas de hacerlas – se recriminó mientras las figuras se le acumulaban en la pantalla.

Estaba nervioso y no sabía el porqué. Bueno, sí que lo sabía pero aquella era una reacción que no tenía el más mínimo sentido. Al menos no la tenía analizándola fríamente.
Como no podía ser de otra manera, aquella sensación provocó una nueva andanada de preguntas y soliloquios mentales. Ya podía tener las cosas todo lo claras que quisiese, su cabeza no iba a dejar de darle la paliza por eso.
Se imaginó a sí mismo saltando desde algún punto indeterminado de la pared, y zambulléndose en su cerebro. Buceando entre sus neuronas llegaba hasta una habitación donde había muchos “yoes” sentados formando una circunferencia abierta, hablando entre ellos. En cuando entró en la sala, se hizo el silencio. En el centro había una silla vacía reservada para él. Se adentro en el círculo sintiendo como la mirada de todos aquellos seres le seguían con impaciencia en su camino. En cuanto tomo asiento, todos volvieron a hablar al mismo tiempo, pero ya no entre ellos, sino directamente a él.
Javi trataba de establecer un cierto orden en aquella cacofonía, pero no le hacían ni caso. Después de este primer fracaso, trató de filtrar las voces, pero todas eran la suya.
Tomó aire mentalmente y se levantó dispuesto a irse. Por fin logró que se hiciese el silencio.
- Vamos a ver – le dijo una de sus voces – ¿A que viene tanto alboroto? – esa debía de ser su parte lógica.
- Va a venir una chica – el comentario era demasiado genérico como para dilucidad de que parte de si mismo le estaba hablando.
- Eso no deja de ser una suposición – vale, aquella era su parte puntillosa, aunque también podía ser la tocapelotas o la pesimista.
- Asumamos que lo que nos han dicho es cierto – la lógica volvía al ataque – Continua sin tener sentido este jaleo.
- Los datos de los que disponemos nos indican que ha cortado con su novio – aquello era demasiado aventurado para atribuírselo a la lógica, podía tratarse de la segunda voz que había hablado.
- Eso es una suposición – la lógica contraatacaba. Parecía que estaba logrando imponerse. Aquello era bueno – Carecemos de la información suficiente como para afirmar tal cosa.
- ¿Alguien sabe si tiene novio? – ¿Cotilla o Desesperado?
- Eso es irrelevante – muy bien, se dijo. Dales duro, Lógico – No estamos interesados en ella.
- ¿Seguro? – aquella pregunta no le gustaba, su parte conformista entraba en juego.
- Mientras no cambien las cosas, sí – la respuesta era demasiado críptica como para ser Lógico. Alguien más entraba en juego.
- Las cosas son así, especular es fútil – como le gustaba escuchar aquella voz.
- Vale ¿Puede estar ella interesada en nosotros? – aquello tenía que ser broma, pero no, eran Desesperado y Peliculero hablando al unísono.
- Continúa siendo irrelevante.
- Va a venir a nuestra casa – no, previsor, cuando ya casi estaba solucionado – Hay que tratar de preveer todas sus posibles motivaciones y pensar en las nuestra reacción a cada una de ellas.
- Y las razones que motivarían esas reacciones – llevaba por ahí desde el principio, pero a Analítico le había costado comenzar a hablar aunque, pero no estaba sólo, detrás de aquellas palabras también andaba Inseguro.
De reojo Javi vio a Desesperado preparándose para atacar.
- Es posible que ella quiera “vengarse” de lo que le hayan hecho con nosotros – Peliculero se le adelantó, pero tampoco le ayudaba demasiado.
- Lógico, como vuelvas a decir “irrelevante” te arreo – ahí estaba Desesperado.
- Pues arréame, pero no tenéis ninguna razón real para dedicaros a dar tantas vueltas – ahí, ahí, Lógico, con un par – Os estáis dedicando a marear la perdiz y fantasear.
- Vale, son unos bocas, pero tú estas negándote a aceptar que tienen parte de razón – y dale, estaba tan cerca, pero no, Analítico tenía que abrir la boca otra vez – Podría tratarse de una oportunidad para encontrar, por fin, una pareja – No, espera, era Conformista tratando de utilizar psicología inversa.
- Datos concretos: – Lógico volvía a la carga – Nos ha llamado una compañera de trabajo, para pedirnos ayuda. Hemos aceptado ayudarla, así que le ayudaremos. Más allá de eso, el resto es especulación.
- Pero…
- Ni pero ni leches – vaya, por fin Correcto se había decidido a aparecer – Como cualquiera de vosotros trate de aprovecharse del estado en el que aparezca esa chica, os las veréis conmigo y, Javi, ya sabes lo pelma que me puedo poner.
- Dejar de montaros películas – y Romántico le iba a la zaga – Cuando surja la cosa, sea con quien sea, será de una manera natural y espontánea. Entonces dará igual todo lo que digáis. Yo hablaré, y asumiré el mando.
- Espero que no sea como la otra vez – pensó Javi para sus, aún más, adentros.
- Eso no te lo crees ni tú – Conformista volvía a la carga – Estoy hasta el gorro de tu tiranía. No asumirás el control de facto, pero siempre estas tocando las narices.
- ¿De verdad? – Romántico parecía realmente cabreado – Estoy hasta las narices de Desesperado y de ti. Siempre tratando de buscar cualquier resquicio para debilitar la voluntad de Javi y hacer lo que os venga en gana.
- Eso es lo que quieres, ¿no? – y Desesperado se sumaba al ataque, otra vez – Que acabemos solos. Al menos nosotros tratamos de hacer algo para solucionarlo.
- Si, quejaros y no dejarnos tranquilos a los demás – parecía que aquel comentario había molestado a Correcto – ¿Qué más habéis hecho?
- ¡Ya basta! – a ver si esta vez Lógico zanjaba el asunto – Sabemos o, podemos asumir con un alto grado de certeza y, a partir de los datos de los que disponemos, que esa relación no funcionaría.
Por unos segundos el silencio se apoderó de la sala de nuevo. Unos escasos segundos de paz interrumpidos por el sonido del timbre.
La consciencia de Javi emergió de nuevo para asumir el control de su cuerpo. En aquel momento sus preocupaciones e inseguridades aprovecharon para bajar al estomago y alimentar al alien que trataba de abrirse camino hacia el exterior. Se limitó a abrir la puerta del portal sin preguntar, y se quedó esperando la llegada del ascensor.
- ¿Por qué cojones estoy tan nervioso?
Sabía cual era la respuesta a aquella pregunta. En el remoto caso de que alguna de las voces de su cabeza que trataba de desoír tuviese razón ¿Seria capaz de hacer lo que consideraba correcto, si ella daba un paso hacia donde no debía?
Se decía sí mismo que sí, pero nunca le habían puesto en aquella hipotética situación. Al darse cuenta de lo peregrino de aquella preocupación y lo improbable de aquella reacción, no pudo evitar el sentirse un tanto estúpido, pero el Alien continuaba su desgaste del estómago
- ¿Por qué me tengo que angustiar con estas chorradas?
El ascensor abrió sus puertas, y de él emergió una criatura Sandra. El pedo parecía que, prácticamente, había desaparecido, porque su rostro, sobre todo, mostraba odio.
- Hola – saludó Javi.
- Hola – el rostro de Sandra, repentinamente se iluminó mientras su expresión cambiaba hacía las facciones que él recordaba – Perdona este follón.
- Tranquila – Javi hizo un gesto caballeroso con la mano y se inclinó invitándola a entrar – Tú pasa y descansa.
- Gracias – Sandra se abrazó a su cuello y, tras unos segundos, le dio un beso en la mejilla. Javi fue incapaz de conseguir que su cuerpo respondiese.
- ¿Quieres pasar, sentarte y charlar un rato? – logró decir al rato.
- Casi mejor me voy a echar directamente. Ahora sólo estoy como para gritar.
Javi la acompañó hasta la habitación de invitados tratando de que no diese demasiados tumbos. De repente parecía frágil y desorientada. A punto de echarse a llorar de rabia.
- ¿Puedo abusar un poco más de ti?
- Prueba.
- Me puedes dejar algo para dormir. Mi ropa, ahora mismo, apesta un poco a cualquier cosa.
- Tienes una camiseta sobre la cama.
- Gracias. Hasta mañana – dijo mientras cerraba la puerta.
- Hasta mañana – dijo él con una exhalación, mientras se dirigía meditabundo hacia su habitación.

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Abril 30, 2009 · Posted in General  

Esta semana pasada, leyendo el blog de SuperSantiEgo, descubrí una cosa que, sería la mar de interesante, de ser yo otro tipo de persona: SoopBook.

Y ¿Qué es SoopBook?
Pues, amigos míos, nos encontramos ante una red social de, por y para creadores literarios.
¡Que resuenen las fanfarrias!

Dicho así suena muy modelno, multimedia y sofisticado. Es más, seguro que hay mucha gente que, no siendo capaz de encontrar en nuestra (pobre y tercermundista) legua palabras capaces de expresar la grandeza del concepto, se rendiría a la superioridad de los anglicismos y la calificaría con un simple, a la par que mayestático “Cool”
Porque ¿Que hay mas modelno, sofisticado y multimedia que el idioma ajeno?
Pero apenas llevo cuatro líneas, y ya estoy desvariando.

A lo que íbamos. La cosa vendría a ser algo, más o menos, tal que así:
Uno comienza a escribir el relato, novela o texto libre.
La gente va votando y se abre la posibilidad para que él mismo, o algún otro (u otros) lo continúe, creando distintas ramificaciones a partir de un mismo comienzo.
Con respecto a los votos de la gente, se va creando una historia… no la llamaría oficial o canónica, sino “popular” ya que, una vez se da por terminada la “obra”, la historia (o, mejor dicho, “ruta”) que se queda como definitiva, es la que mayor puntuación haya recibido por parte de los lectores.

La idea, como tal, no me parece mala. No deja de ser una evolución del juego que practicábamos de críos. Sí, hombre, ese en el que uno comenzaba una trama, y se la contaba al oído a quien tenía a su derecha, para que este la continuase, contándosela, a su vez a quien tenía a su diestra, repitiendo este ciclo hasta que nos aburríamos, para luego contar en voz alta la “historia” (por llamarlo de alguna manera) resultante.

Ya os digo que el concepto, en sí, me parece, cuando menos, interesante.
Es más, hace unos años, después de una cena, comencé con unos amigos un proyecto similar, a la sazón del cual monte un foro. La cosa no avanzó más allá de una docena de mensajes, con resultados más bien anárquicos. Supongo que sólo tendrá gracia para aquellos que participamos pero, por si a alguien le entra la curiosidad, aún sigue colgado aquí.

Pero claro, tenía que haber algún pero. Y este pero que os debo, os lo voy a pagar.

Soy muy maniático con mis cosas (oh sorpresa) y sobre todo con las cosas que escribo (que son más mías que cualquier otra cosa del universo)

En mis tiempos de master rolero, cuando arbitraba partidas ajenas (ya fuesen creadas por aficionados en una revista o fanzine, ya las hubiese escrito el autor de juego que estuviese arbitrando) siempre lo cambiaba todo.
Cuando las leía me decía: Tal o cual idea no esta mal. Empezaba a desarrollar las cosas a partir de ahí, para terminar haciendo algo que no tenía prácticamente nada que ver con lo escrito.
No era algo intencionado (al final era más trabajo para mí) pero siempre era lo mismo.

En los tiempos en los que escribía el trasfondo para Daegon, me planteé en varias ocasiones el pedir ayuda a alguno de mis jugadores para desarrollar alguna parte del mundo que no tuviese muy definida. Pero, era ponerme a pensar sobre cual de los territorios “ceder” y mi mente ya empezaba a inundar las lagunas que no me había preocupado en llenar. Así que, al final, ni lo escribía yo, ni se lo encomendaba a nadie. No porque dudase de sus capacidades, sino porque sabía que iba a escribir algo que no tenia nada que ver con “lo mío”
En la primera lista de correo de Daegon que creé, a un par de usuarios se le ocurrió la “desfachatez” de crear material para mi mundo. Uno creó una criatura y al otro le dio por introducir una ciudad enana (vamos, habitada por enanos) y creo que se me fue un tanto la mano con los comentarios sobre sus contribuciones (no es que me dedicase a meterme con ellos, pero igual si que fui un tanto duro)
Las criticas no eran por la antes mentada “desfachatez”, sino porque el material me pareció bastante malo, aparte de tremendamente tópico (no digo que lo mío no pueda parecer tópico a ojos de otros) y no lo veía conexión alguna con el material en el que supuestamente se basaba.

Asimismo, no me veo capaz de desarrollar argumentos de otros sin una libertad absoluta. Si la historia, los personajes y el trasfondo no son totalmente míos no me siento cómodo. Es como si sintiese que no iba a llevar a cabo la idea del creador original.
Cada vez que he pensado en historias para creaciones preexistentes, acabo creando cosas radicalmente distintas. Ya me pueden gustar mucho los personajes o la ambientación; Siempre introduzco cambios sustanciales y de raíz.

Porque para mí historia y personajes son entidades completas e indivisibles. No hay espacio para la improvisación o el cambio de planes (aunque si para la matización) Si, una vez que he comenzado a escribir, se me ocurre una idea que podría quedar bien dentro del relato, no la incluyo, sino que la dejo como germen para otra.
No me parece bien el alterar la historia una vez que la he dado por completada en mi cabeza. Siento como si “mintiese” al posible lector.
Peor aún. Si estoy ya en la fase de escritura y me doy cuenta de que alguno de los detalles que tenía en la cabeza no “funciona” fuera de ella, me cuesta horrores el cambiar ese detalle. Es más, tampoco puedo evitar el sentirme “deshonesto” pese a saber que es un cambio a mejor.

Concluyendo. No diré que no me gustaría que otros escribiesen relatos utilizando mis personajes o mi trasfondo (es más, me encantaría) Lo que no se es si, por muy bueno que fuese, sería capaz de aceptarlo como parte de “mi visión”

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Marzo 29, 2009 · Posted in Biografía computeril  

Ya os comentaba, en alguna de las anteriores entradas, que el cambio de generación binaria no significó, implícitamente, un salto cualitativo en lo que a la experiencia lúdica se refería.
Así como recuerdo montones de juegos para las plataformas de 8 bits, con los que me lo pasé en grande jugando, apenas recuerdos media docena a los que jugase en el Atari más de una partida. Es más, para más INRI, dos de estos juegos ya los había jugado en su versión de Commodore: Airborne Ranger y Pirates.

Ya os comenté en la anterior entrada que la distribución de juegos (iba a decir programas, pero, en mi caso, no dejaría de ser un eufemismo) para el Atari no era especialmente boyante por Pamplona. Aún así, pronto descubriría otros (ejem) “métodos” para obtenerlos.
En efecto, mi camino se desvió hacia la ilegalidad. No se trata de que, antes de aquello, no hubiese catado las mieles de la piratería. El los tiempos del MSX me hice con más de un volcado de cartucho a cinta, pero aquello era distinto; nunca había pagado por un juego no-original.
La cosa es que, la precariedad de medios monetarios y materiales hizo que aguzáramos el ingenio (iba a decir que nos obligó, pero eso no dejaría de ser otro eufemismo)
Para seros sincero, la verdad es que no recuerdo a través de quien logré contactar con “ÉL” pirata y digo “ÉL” porque solo hubo uno (de verdad, señor juez)
Supongo que lo localizaría gracias a alguno de los amigos que también tenían Ataris aunque, cabe la posibilidad de que obtuviese si teléfono de la sección de anuncios de la Micromanía. Viniese de donde viniese la información, lo que cuenta es que al final accedí a aquel nuevo mundo.
Aquello, en un principio era una maravilla. No tanto porque los juegos saliesen más baratos que originales (que lo eran, y mucho) como por la inmediatez con la que podía conseguirlos con respecto a la publicación en su país de origen.
Al abandonar el Commodore 128 también abandoné la Commodore User, pero continuaba comprando la Computer + video games y, cuando se ponía a tiro, la Computer gaming world. En estas revistas, aparte de bastantes páginas más, también aparecían títulos que jamás llegue a ver en las tiendas, o en las revistas españolas, pero que si que podía conseguir gracias mi (ejem) contacto telefónico.

Así lograría jugar a juegos como el Bards Tale, Curse of the azure bonds o el Pool of radiance, aunque nunca llegue a hacer gran cosa con ellos.
Del Bards tale había escuchado montones de historias de amigos que lo tenian para PC y Amiga. Gente que se dedicaba a hacer cosas que a mi me sonaban poco menos que a magia como editar los personajes y trampearles los puntos de vida, o conseguir que un Golem de piedra les acompañase como parte del grupo.
Como a mí todas esas cosas me quedaban un tanto grandes, me dedique a hacer otros pequeños apaños para que el grupo pudiese avanzar. Mirándolas desde el punto de vista rolero eran un tanto aberrantes, pero en el ordenador colaban sin problemas.

Atención, momento batallita del abuelo cebolleta.
Lo primero que hice fue crearme un guerrero hobbit, repitiendo las tiradas hasta que me coincidían la destreza máxima con los puntos de vida máximos y una fuerza medio decente.
Después de esto, creaba montones de personajes para el grupo a los que, tras hacer que le diesen su dinero de salida al hobbit, borraba.
Cuando el hobbit tenía el dinero suficiente, le compraba una coraza y una alabarda. No tratéis de imaginároslo, ya se que es una imagen de lo más patética.
Muy bien, tenemos una cosa de menos de un metro acorazada y con un arma que mide dos o tres veces más que él.
¿Qué hacemos?
Lo sacaba a la calle y lo llevaba a dos lugares concretos que había cerca de la posada. En uno de ellos había un samurai, y en el otro un Golem. Después de acabar con ellos regresaba a la posada a descansar y, al día siguiente, volvían a estar ambos en el mismo sitio dispuestos a ser humillados, mutilados y ejecutados, día tras día, por nuestra abominación acorazada.
Poco elegante, lo sé, pero increíblemente práctico.
Cuando nuestro hobbit había subido cuatro o cinco niveles gracias al sacrificio cuasi-ritual de aquellos dos pobres desgraciados, me hacía un personaje mago y lo sacaba de paseo con el tanque de medio metro, a visitar a sus dos viejos amigos. Una vez allí, el hobbit pegaba y el mago se defendía. No importaba, los puntos de experiencia se repartían a partes iguales entre ambos.
Repitiendo esto hasta unos niveles rallaban en la más completa e infinita absurdez, terminábamos teniendo un grupo de personajes medianamente competentes… dispuestos a ser exterminados entre gran dolor y sufrimientos en las catachundas que había bajo los templos.
Vale, ya dejo la batallita y continúo.

Mientras practicaba mi faceta de rolero aberrante y solitario en el Bards tale, aproveché más de un día para quedar con un par de amigos y jugar en modo “cooperativo” a los juegos de SSI.
Cada uno de nosotros creábamos un par de personajes y luego nos dedicábamos a discutir hacia donde los encaminábamos en el mapeado del juego, y que hacía cada uno de ellos en los combates (con resultados, generalmente, esperpénticos a la par que hilarantes)

Y… básicamente eso es todo lo que hubo de bueno con el Atari. A los anteriormente citados podría añadir otros dos grandes juegos como el Zanny golf, los Rick Dangerous o el Another World (del que no me cansaba de poner a todo el mundo su intro) pero todo lo demás era un aburrimiento supino.
Descubrí que, por lo general, los criterios de las revistas inglesas coincidían con los de las españolas (o que las distribuidoras se empeñaban en promocionar lo mismo en todas partes) y que seguían sin ser compatibles con los míos. Ni el Populous, ni el Powermonger, ni el Mega Lo Mania me dijeron nunca nada, igual que me han aburrido sus descendientes.

Menos mal que los 16 bits también tuvieron entre sus filas a la MegaDrive, pero eso os lo contaré en la siguiente entrada.

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Febrero 13, 2009 · Posted in Frikcionario, General  

Decir que el Frikcionario estaba vivo sería, aparte de un eufemismo, una estupidez y una mentira de las que es harto difícil que cuele (¡Como un huevo Kinder, tres en uno!)
¿Que, qué es (ha sido, fue y/o/u será) el Frikcionario?

Pues fue mi intentona (fallida) de hacer un blog tematico sobre mis aficiones.
El frikcionario nació hace ya tres años pero, como si se hubiese quedado atrapado en alguno de esos caos cronales chungos de Morrison (Jim no, Grant) nunca llegó a crecer o prosperar.

Éste blog que leéis ahora ha tenido muchas razones de ser a lo largo del tiempo. Primero fue una tontería para dar un poco de movimiento a la página de un amigo. Luego una manera de forzarme a escribir y tener una cierta regularidad (y sin comer cosas con fibra) Después de esto, vino el momento “catártico” en el que me dedicaba a decir a mis amigos las cosas que no suelo expresar de manera verbal.
Fue entonces cuando decidí crear el Frikcionario, ya que, hablar por aquí de mi vertiente lúdica me pareció que era como “traicionar” el espíritu que tenía el blog (al menos en aquel momento)
Coincidió que en aquella época encontré y comencé a leer con asiduidad varios blogs sobre comics como: Un Tebeo con otro nombre, El blog de ADLO, el desaparecido Heroe.com o El Blog de Jotace) (No, Viruete no. A ese ya lo conocia de mucho antes gracias a la 2D10 y, además, tampoco es “de cómics”) y me entró la envidia del colegueo que se veía entre ellos y en los comentarios.
Aceptémoslo. Me encanta Pamplona, pero en lo relativo a mis aficiones no hay, lo que se dice, una oferta diversa.
La gente más afín a mi vertiente retro (ya sea en lo relativo a la informática, los tebeos, las series o los juegos de rol) ha ido emigrando a otras ciudades y los que se han quedado aquí no comparten esa faceta mía.
Así que decidí dejar este blog para “los de aquí” (que, al fin y al cabo, los únicos que lo leían pertenecían a ese grupo), y crear uno nuevo para los que pudiesen surgir “por allí”

Y la cosa comenzó bien. Al principio hubo un poco de regularidad (durante casi un par de meses). Mientras me limitaba a dar opiniones sobre esas pequeñas joyas que me encantaron (y encantan) y parece que nadie más parecía haberse enterado de su existencia, la cosa se mantuvo con una moderada estabilidad.

Si iba tan bien la cosa ¿Qué falló?
Puesss… estooo… mmmmm ¡Un mapache tecnofago gigante de la quincuagesimotercera dimensión se comió mi ordenador!
¿Cuela?
¿No?
Vale. Ya lo suponía.
¿Pues que creéis que iba a fallar?
Pues yo, almas de cántaro. Yo.

Vale, reformularemos la pregunta ¿Porque falló la cosa?
El problema vino cuando quise hacer un poco más que sólo eso. Algo más que limitarme a dar mi opinión y comencé a buscar documentación.
Pero claro, la interné es asín y basta que quieras buscar información de algo o alguien para que no encuentres nada, o para que lo poco que encuentres sea contradictorio lo uno con lo otro. Así que me dedicaba a perder el tiempo buscando información, pero sin saber si esta era correcta. Así que buscaba más.
Tampoco quería dedicarme a copiar o reciclar información de la wikipedia, o a tratar temas de la misma manera que los habían tratado en otro lugar. Aparte de todo esto, tampoco me terminaba de sentir cómodo hablando de cosas que no conocía en primera persona, sino que tenia que dedicarme a escribir sobre lo que alguien había oído, creído o leído sobre el asunto que estuviese escribiendo.
Por otro lado, había temas sobre los que no escribía aquí, porque eran más adecuados para el Frikcionario, pero tampoco escribía ahí sobre ellos, porque tampoco sabía si era el lugar mas adecuado. Por esto llegue a plantearme la posibilidad de crear un tercer blog, pero sabía que, con toda seguridad, también acabaría igual de abandonado, así que me dedicaba a no escribir también sobre esos temas.
Así que el Frikcionario iba languideciendo lentamente mientras decidía sobre que narices escribir o hacer en él.
Y el tiempo pasaba y todo cambiaba: Mi vida, mi trabajo el blog (bueno, mis aficiones no). Vamos (casi todo) yo en mi conjunto.

Bien, pues ésta es la razón por la que estamos aquí hoy (estemos quienes estemos)
Definitivamente, declaro como oficialmente muerto al Frikcionario. Larga vida al difunto (Lo sé, no tiene sentido, pero es lo que se suele decir en estas ocasiones, ¿no?)

¿Habéis derramado la lagrimita?
Supongo que no, pero bueno, por preguntar tampoco se pierde nada.

Pero el Frikcionario no ha muerto de verdad.

Ahora es cuando vosotros decís (venga, pofavó, decilo):

¡¿COMO?! ¡¿Y PARA ESO NOS CAUSAS TANTO DOLOR Y SUFRIMIENTO?!
¡ERES UNA CRIATURA CRUEL QUE DISFRUTA JUGANDO CON LOS SENTIMIENTOS DE LOS DEMAS. QUE SE RECREA Y REGODEA DESTRUYENDO NUESTRAS ILUSIONES!

¿No decís nada?
Bueno, al menos tenía que intentarlo.

Lo que os iba diciendo.
El Frikcionario como blog ha muerto. Tenerlo ahí comiendo polvo virtual me parece un tanto chorra, así que he optado por ponerlo como una categoría más de éste.
Hace una semana importe las entradas que había escrito en él (pero nadie se ha dado cuenta, malditos desagradecidos) pero no podré los comentarios, ya que no se hicieron en este blog, y morirán con él (pero los textos son míos y me los quedo)
En breve (no se si será una semana o un siglo) comenzaré también a hablar sobre algún temilla más (Linux, algún truquillo de vindous, cacharros que he ido encontrado por ahí y cosas por el estilo) e iré creando más categorías para aglutinarlas.

Por que, como os iba comentando antes, las razones por las que va avanzando este blog van cambiando conmigo, al igual que van surgiendo y desapareciendo sus lectores. Al fin y al cabo, todo esto forma parte del “mundo” que soy yo y desde el que os hablo (y si me quiero ahorrar una pasta en psiquiatras para que traten mi esquizofrenia, mejor dejo de fraccionarme en la red)

Y dentro de nada, a ver si le cambio el aspecto al garito éste, que ya me vale.

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Febrero 4, 2009 · Posted in Macroverso  

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Enero 12, 2009 · Posted in Biografía computeril  

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Enero 2, 2009 · Posted in Daegon, Relatos  

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Diciembre 31, 2008 · Posted in Macroverso  

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Diciembre 5, 2008 · Posted in General  

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Noviembre 24, 2008 · Posted in Macroverso  

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Noviembre 3, 2008 · Posted in Biografía computeril  

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Octubre 13, 2008 · Posted in Daegon, General  

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Octubre 8, 2008 · Posted in Macroverso  

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Septiembre 3, 2008 · Posted in General  

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