Junio 30, 2009 · Posted in Biografía computeril  

Pamplona.
Navidades del noventa y uno (del siglo pasado)
Un tipo diciendo venir en representación de no se que regentes de alguna potencia petrolífera nos obsequia con un avatar de la deidad de la ludiscéncia (que ya se que el palabro no existe, pero como esas entidades que supuestamente nos lo entregaban tampoco existen…)
Si cuando declaré mi amor eterno hacia Sega, ya sabía yo lo que me hacía.
Estéticamente la Megadrive era un poco más armatoste que la Master System y sus formas tan redondeadas no me terminaban de entrar a simple vista, pero aquello no importaba en cuanto le pinchabas sus JUEGOS. Porque aquello si que eran juegos, con unas mayúsculas bien merecidas.
Después de la “decepción” que había supuesto la conversión del Altered beast para su hermana pequeña, el ver a aquellos tiarrones moviéndose como se movían en su versión para 16 bits, resultó toda una epifanía. Y lo mejor es que aquello no era todo.

Me daba igual el chip gráfico o sonoro que le hubiesen puesto a aquella cosa (en aquellos tiempos aquello me parecía de lo más irrelevante. Bueno, a día de hoy tampoco es que me importe demasiado) Lo mejor de aquella máquina es que sus juegos tenían la dificultad justa pata mí
¡Me los podía acabar!

Reconozcámoslo, nunca he sido un crack en esto de darle al joystick (o al OPQA), pero en la Mega aquello no importaba. Igual es que los juegos eran más fáciles que en el ordenador (o tenían menos bugs) pero el resultado era una notable mejoría de tú (bueno, de mí) autoestima.

En los tiempos de la Master system había estado cerca de acabarme alguno de los juegos (recuerdo el Zillion, el Lords of the sword, Wonder boy in Moster land o el Y´s) después de pegarme con ellos una sentada de varias horas. Pero al final no los acababa, y terminaba por pillarles un poco de paquete. Vamos, que no me apetecía pegarme otras cuatro horas del tirón para llegar al mismo punto (y que me volviesen a matar en él)
Con la Mega no pasaba eso.
Vale, los juegos (al menos los que me engancharon) no eran tan largos y el control de los personajes era bastante mejor. Aparte de esto, el mando que venía de serie también era más cómodo y su respuesta a tus deseos mas satisfactoria (puede sonar sucio, pero era algo de lo más hermoso. Es lo que tiene el amor)
Mirad si me cambiaría la Mega, que personajes a los que no tenía ninguna simpatía, como los de la Disney (más concretamente Mickey y Donald), lograron tenerme pegado a la pantalla mucho más que sus versiones animadas (lástima que no sacaran juegos de Patomas, mi personaje preferido de los Don Miki pero claro, era una creación de la sucursal italiana de la Disney y supongo que la casa madre no le hizo demasiado caso)
De todas formas, la parte lúdica de mi corazón pronto caería rendida ante la respuesta que dio Sega al fontanero bigotudo de la competencia: Sonic.

El diseño del bicho no era de los de quitarse el sombrero. Es más, siempre me ha parecido un tanto cutre (aparte de que la actitud chulesca que le dieron tampoco lo hacía santo de mi devoción) pero verlo correr y botar por la pantalla era una auténtica gozada.
A este nuevo ídolo binario se unirían otros tantos: Alisias Dragoon, Might and magic II, Streets of rage, Strider, el inmortal Golden Axe o las distintas encarnaciones de ShinobiShadow Dancer.
La cantidad no era grande (eran caros los condenados) pero la calidad sí.

Pero tampoco os creáis que todo lo que sacaron para la Mega fueron clásicos instantáneos. También les di un tiento a los géneros que no conseguían decirme nada en su versión para ordenador… con idéntico resultado. El Rings of power tuvo el mismo éxito en mi que el Populous y el Where in time is Carmen San Diego creo que sólo lo pinché una vez.
Es más, aquellos años también tuvieron sus propios Hypes, como el Sword of Sodan, con una portada cojonuda de Boris Vallejo y unos gráficos que dejaban en bragas a los del Altered Beast, pero que luego era un truño injugable.

Pero bueno, estos pequeños deslices no lograron empañar el cariño que le tengo a esta maquina.
Pero por hoy ya es suficiente. En el siguiente capitulo de mi biografía computeril toca el comienzo de mi fin (lúdico): El advenimiento del PCverso.

    
Mayo 13, 2009 · Posted in Macroverso  

Día: Entre uno y el siguiente.
Hora: Tarde (muy tarde)
Lugar: Mundo “real”

Javi trataba de dormir. No sabía cuanto tiempo tenía antes de que llegase Sandra pero, entre la curda que parecía llevar encima, y que nunca había estado en su casa, estaba convencido de aún le quedaría un rato largo.
Aún así, por si acaso, no se atrevía a dormir profundamente.
- Como si dormir profundamente fuese una elección – sonrió resignado mientras se decía esto mentalmente – Trataremos de dormir sin más.

Se imaginó a sí mismo flotando en la posición del loto, en el centro de una esfera infinita en la que sólo existían él y el color blanco. La esfera se expandía con cada uno de sus latidos. Más allá de ella se encontraban los pensamientos conscientes que no le dejaban dormir.
Bueno, también les acompañaba el insistente pitido que aparecía cuando todo lo demás se había silenciado.
Las disquisiciones sobre la posibilidad de que algo fuese esférico (o de cualquier otra forma, ya fuese, o no, geométrica) a la par que infinito las dejaría para las charlas con sus colegas de ciencias.
Vale, de acuerdo, el que algo infinito se expandiese también era un contrasentido en su mismo, por mucho que matemáticamente fuese posible. Pero aquello era otro de los pensamientos conscientes que tenía que estar más allá de la esfera blanca (que, pese a ser infinita y estar en expansión, no impedía que el ruido de las ideas llegase hasta él)
Aunque, claro. Si veía que era blanca, también debía haber por ahí un punto de luz para iluminarla. Pero él se imaginaba con los ojos cerrados, así que tampoco tenía que ser capaz de percibir aquello.
Trató de mandar a paseo aquellas disquisiciones chorras, pero las muy condenadas se empeñaban en rebotar por los limites de la esfera infinita, incordiándole una y otra vez. Parecía que aquel plan no funcionaba… otra vez.
Su universo infinito-pero-menos pasó, sin previo aviso, de tres a dos dimensiones. La esfera se transformó en un círculo y él parecía un dibujo plano sacado de la viñeta de algún cómic.
Ya no se hacían los infinitos como antes.
El tamaño de la circunferencia se reducía por momentos, perdiendo su forma, comprimida por la presión de las ideas que la rodeaban. Mientras tanto, Javi extendía los brazos tratando de impedir el acabar aplastado por aquel, a todas luces, ineficaz campo protector.
- A la mierda – abrió los ojos y miró al despertador. No había pasado ni un minuto desde que los había cerrado.

Se levantó y, tras ponerse la bata, se dirigió al salón. Encendió la tele y el portátil. Hizo zapping hasta encontrar en alguno de los canales algo que no fuese la tele tienda; La reposición de una peli de acción de los ochenta. Había cosas peores.
Abrió los documentos que tenía con textos a medio escribir, y revisó el programa de mensajería. No había nadie conectado.
Se sentó con los pies cruzados sobre el sofá y pilló una consola portátil, en la que se puso a jugar al Tetris.
- Tantas cosas por hacer, y tan pocas ganas de hacerlas – se recriminó mientras las figuras se le acumulaban en la pantalla.

Estaba nervioso y no sabía el porqué. Bueno, sí que lo sabía pero aquella era una reacción que no tenía el más mínimo sentido. Al menos no la tenía analizándola fríamente.
Como no podía ser de otra manera, aquella sensación provocó una nueva andanada de preguntas y soliloquios mentales. Ya podía tener las cosas todo lo claras que quisiese, su cabeza no iba a dejar de darle la paliza por eso.
Se imaginó a sí mismo saltando desde algún punto indeterminado de la pared, y zambulléndose en su cerebro. Buceando entre sus neuronas llegaba hasta una habitación donde había muchos “yoes” sentados formando una circunferencia abierta, hablando entre ellos. En cuando entró en la sala, se hizo el silencio. En el centro había una silla vacía reservada para él. Se adentro en el círculo sintiendo como la mirada de todos aquellos seres le seguían con impaciencia en su camino. En cuanto tomo asiento, todos volvieron a hablar al mismo tiempo, pero ya no entre ellos, sino directamente a él.
Javi trataba de establecer un cierto orden en aquella cacofonía, pero no le hacían ni caso. Después de este primer fracaso, trató de filtrar las voces, pero todas eran la suya.
Tomó aire mentalmente y se levantó dispuesto a irse. Por fin logró que se hiciese el silencio.
- Vamos a ver – le dijo una de sus voces – ¿A que viene tanto alboroto? – esa debía de ser su parte lógica.
- Va a venir una chica – el comentario era demasiado genérico como para dilucidad de que parte de si mismo le estaba hablando.
- Eso no deja de ser una suposición – vale, aquella era su parte puntillosa, aunque también podía ser la tocapelotas o la pesimista.
- Asumamos que lo que nos han dicho es cierto – la lógica volvía al ataque – Continua sin tener sentido este jaleo.
- Los datos de los que disponemos nos indican que ha cortado con su novio – aquello era demasiado aventurado para atribuírselo a la lógica, podía tratarse de la segunda voz que había hablado.
- Eso es una suposición – la lógica contraatacaba. Parecía que estaba logrando imponerse. Aquello era bueno – Carecemos de la información suficiente como para afirmar tal cosa.
- ¿Alguien sabe si tiene novio? – ¿Cotilla o Desesperado?
- Eso es irrelevante – muy bien, se dijo. Dales duro, Lógico – No estamos interesados en ella.
- ¿Seguro? – aquella pregunta no le gustaba, su parte conformista entraba en juego.
- Mientras no cambien las cosas, sí – la respuesta era demasiado críptica como para ser Lógico. Alguien más entraba en juego.
- Las cosas son así, especular es fútil – como le gustaba escuchar aquella voz.
- Vale ¿Puede estar ella interesada en nosotros? – aquello tenía que ser broma, pero no, eran Desesperado y Peliculero hablando al unísono.
- Continúa siendo irrelevante.
- Va a venir a nuestra casa – no, previsor, cuando ya casi estaba solucionado – Hay que tratar de preveer todas sus posibles motivaciones y pensar en las nuestra reacción a cada una de ellas.
- Y las razones que motivarían esas reacciones – llevaba por ahí desde el principio, pero a Analítico le había costado comenzar a hablar aunque, pero no estaba sólo, detrás de aquellas palabras también andaba Inseguro.
De reojo Javi vio a Desesperado preparándose para atacar.
- Es posible que ella quiera “vengarse” de lo que le hayan hecho con nosotros – Peliculero se le adelantó, pero tampoco le ayudaba demasiado.
- Lógico, como vuelvas a decir “irrelevante” te arreo – ahí estaba Desesperado.
- Pues arréame, pero no tenéis ninguna razón real para dedicaros a dar tantas vueltas – ahí, ahí, Lógico, con un par – Os estáis dedicando a marear la perdiz y fantasear.
- Vale, son unos bocas, pero tú estas negándote a aceptar que tienen parte de razón – y dale, estaba tan cerca, pero no, Analítico tenía que abrir la boca otra vez – Podría tratarse de una oportunidad para encontrar, por fin, una pareja – No, espera, era Conformista tratando de utilizar psicología inversa.
- Datos concretos: – Lógico volvía a la carga – Nos ha llamado una compañera de trabajo, para pedirnos ayuda. Hemos aceptado ayudarla, así que le ayudaremos. Más allá de eso, el resto es especulación.
- Pero…
- Ni pero ni leches – vaya, por fin Correcto se había decidido a aparecer – Como cualquiera de vosotros trate de aprovecharse del estado en el que aparezca esa chica, os las veréis conmigo y, Javi, ya sabes lo pelma que me puedo poner.
- Dejar de montaros películas – y Romántico le iba a la zaga – Cuando surja la cosa, sea con quien sea, será de una manera natural y espontánea. Entonces dará igual todo lo que digáis. Yo hablaré, y asumiré el mando.
- Espero que no sea como la otra vez – pensó Javi para sus, aún más, adentros.
- Eso no te lo crees ni tú – Conformista volvía a la carga – Estoy hasta el gorro de tu tiranía. No asumirás el control de facto, pero siempre estas tocando las narices.
- ¿De verdad? – Romántico parecía realmente cabreado – Estoy hasta las narices de Desesperado y de ti. Siempre tratando de buscar cualquier resquicio para debilitar la voluntad de Javi y hacer lo que os venga en gana.
- Eso es lo que quieres, ¿no? – y Desesperado se sumaba al ataque, otra vez – Que acabemos solos. Al menos nosotros tratamos de hacer algo para solucionarlo.
- Si, quejaros y no dejarnos tranquilos a los demás – parecía que aquel comentario había molestado a Correcto – ¿Qué más habéis hecho?
- ¡Ya basta! – a ver si esta vez Lógico zanjaba el asunto – Sabemos o, podemos asumir con un alto grado de certeza y, a partir de los datos de los que disponemos, que esa relación no funcionaría.
Por unos segundos el silencio se apoderó de la sala de nuevo. Unos escasos segundos de paz interrumpidos por el sonido del timbre.
La consciencia de Javi emergió de nuevo para asumir el control de su cuerpo. En aquel momento sus preocupaciones e inseguridades aprovecharon para bajar al estomago y alimentar al alien que trataba de abrirse camino hacia el exterior. Se limitó a abrir la puerta del portal sin preguntar, y se quedó esperando la llegada del ascensor.
- ¿Por qué cojones estoy tan nervioso?
Sabía cual era la respuesta a aquella pregunta. En el remoto caso de que alguna de las voces de su cabeza que trataba de desoír tuviese razón ¿Seria capaz de hacer lo que consideraba correcto, si ella daba un paso hacia donde no debía?
Se decía sí mismo que sí, pero nunca le habían puesto en aquella hipotética situación. Al darse cuenta de lo peregrino de aquella preocupación y lo improbable de aquella reacción, no pudo evitar el sentirse un tanto estúpido, pero el Alien continuaba su desgaste del estómago
- ¿Por qué me tengo que angustiar con estas chorradas?
El ascensor abrió sus puertas, y de él emergió una criatura Sandra. El pedo parecía que, prácticamente, había desaparecido, porque su rostro, sobre todo, mostraba odio.
- Hola – saludó Javi.
- Hola – el rostro de Sandra, repentinamente se iluminó mientras su expresión cambiaba hacía las facciones que él recordaba – Perdona este follón.
- Tranquila – Javi hizo un gesto caballeroso con la mano y se inclinó invitándola a entrar – Tú pasa y descansa.
- Gracias – Sandra se abrazó a su cuello y, tras unos segundos, le dio un beso en la mejilla. Javi fue incapaz de conseguir que su cuerpo respondiese.
- ¿Quieres pasar, sentarte y charlar un rato? – logró decir al rato.
- Casi mejor me voy a echar directamente. Ahora sólo estoy como para gritar.
Javi la acompañó hasta la habitación de invitados tratando de que no diese demasiados tumbos. De repente parecía frágil y desorientada. A punto de echarse a llorar de rabia.
- ¿Puedo abusar un poco más de ti?
- Prueba.
- Me puedes dejar algo para dormir. Mi ropa, ahora mismo, apesta un poco a cualquier cosa.
- Tienes una camiseta sobre la cama.
- Gracias. Hasta mañana – dijo mientras cerraba la puerta.
- Hasta mañana – dijo él con una exhalación, mientras se dirigía meditabundo hacia su habitación.

    
Abril 30, 2009 · Posted in General  

Esta semana pasada, leyendo el blog de SuperSantiEgo, descubrí una cosa que, sería la mar de interesante, de ser yo otro tipo de persona: SoopBook.

Y ¿Qué es SoopBook?
Pues, amigos míos, nos encontramos ante una red social de, por y para creadores literarios.
¡Que resuenen las fanfarrias!

Dicho así suena muy modelno, multimedia y sofisticado. Es más, seguro que hay mucha gente que, no siendo capaz de encontrar en nuestra (pobre y tercermundista) legua palabras capaces de expresar la grandeza del concepto, se rendiría a la superioridad de los anglicismos y la calificaría con un simple, a la par que mayestático “Cool”
Porque ¿Que hay mas modelno, sofisticado y multimedia que el idioma ajeno?
Pero apenas llevo cuatro líneas, y ya estoy desvariando.

A lo que íbamos. La cosa vendría a ser algo, más o menos, tal que así:
Uno comienza a escribir el relato, novela o texto libre.
La gente va votando y se abre la posibilidad para que él mismo, o algún otro (u otros) lo continúe, creando distintas ramificaciones a partir de un mismo comienzo.
Con respecto a los votos de la gente, se va creando una historia… no la llamaría oficial o canónica, sino “popular” ya que, una vez se da por terminada la “obra”, la historia (o, mejor dicho, “ruta”) que se queda como definitiva, es la que mayor puntuación haya recibido por parte de los lectores.

La idea, como tal, no me parece mala. No deja de ser una evolución del juego que practicábamos de críos. Sí, hombre, ese en el que uno comenzaba una trama, y se la contaba al oído a quien tenía a su derecha, para que este la continuase, contándosela, a su vez a quien tenía a su diestra, repitiendo este ciclo hasta que nos aburríamos, para luego contar en voz alta la “historia” (por llamarlo de alguna manera) resultante.

Ya os digo que el concepto, en sí, me parece, cuando menos, interesante.
Es más, hace unos años, después de una cena, comencé con unos amigos un proyecto similar, a la sazón del cual monte un foro. La cosa no avanzó más allá de una docena de mensajes, con resultados más bien anárquicos. Supongo que sólo tendrá gracia para aquellos que participamos pero, por si a alguien le entra la curiosidad, aún sigue colgado aquí.

Pero claro, tenía que haber algún pero. Y este pero que os debo, os lo voy a pagar.

Soy muy maniático con mis cosas (oh sorpresa) y sobre todo con las cosas que escribo (que son más mías que cualquier otra cosa del universo)

En mis tiempos de master rolero, cuando arbitraba partidas ajenas (ya fuesen creadas por aficionados en una revista o fanzine, ya las hubiese escrito el autor de juego que estuviese arbitrando) siempre lo cambiaba todo.
Cuando las leía me decía: Tal o cual idea no esta mal. Empezaba a desarrollar las cosas a partir de ahí, para terminar haciendo algo que no tenía prácticamente nada que ver con lo escrito.
No era algo intencionado (al final era más trabajo para mí) pero siempre era lo mismo.

En los tiempos en los que escribía el trasfondo para Daegon, me planteé en varias ocasiones el pedir ayuda a alguno de mis jugadores para desarrollar alguna parte del mundo que no tuviese muy definida. Pero, era ponerme a pensar sobre cual de los territorios “ceder” y mi mente ya empezaba a inundar las lagunas que no me había preocupado en llenar. Así que, al final, ni lo escribía yo, ni se lo encomendaba a nadie. No porque dudase de sus capacidades, sino porque sabía que iba a escribir algo que no tenia nada que ver con “lo mío”
En la primera lista de correo de Daegon que creé, a un par de usuarios se le ocurrió la “desfachatez” de crear material para mi mundo. Uno creó una criatura y al otro le dio por introducir una ciudad enana (vamos, habitada por enanos) y creo que se me fue un tanto la mano con los comentarios sobre sus contribuciones (no es que me dedicase a meterme con ellos, pero igual si que fui un tanto duro)
Las criticas no eran por la antes mentada “desfachatez”, sino porque el material me pareció bastante malo, aparte de tremendamente tópico (no digo que lo mío no pueda parecer tópico a ojos de otros) y no lo veía conexión alguna con el material en el que supuestamente se basaba.

Asimismo, no me veo capaz de desarrollar argumentos de otros sin una libertad absoluta. Si la historia, los personajes y el trasfondo no son totalmente míos no me siento cómodo. Es como si sintiese que no iba a llevar a cabo la idea del creador original.
Cada vez que he pensado en historias para creaciones preexistentes, acabo creando cosas radicalmente distintas. Ya me pueden gustar mucho los personajes o la ambientación; Siempre introduzco cambios sustanciales y de raíz.

Porque para mí historia y personajes son entidades completas e indivisibles. No hay espacio para la improvisación o el cambio de planes (aunque si para la matización) Si, una vez que he comenzado a escribir, se me ocurre una idea que podría quedar bien dentro del relato, no la incluyo, sino que la dejo como germen para otra.
No me parece bien el alterar la historia una vez que la he dado por completada en mi cabeza. Siento como si “mintiese” al posible lector.
Peor aún. Si estoy ya en la fase de escritura y me doy cuenta de que alguno de los detalles que tenía en la cabeza no “funciona” fuera de ella, me cuesta horrores el cambiar ese detalle. Es más, tampoco puedo evitar el sentirme “deshonesto” pese a saber que es un cambio a mejor.

Concluyendo. No diré que no me gustaría que otros escribiesen relatos utilizando mis personajes o mi trasfondo (es más, me encantaría) Lo que no se es si, por muy bueno que fuese, sería capaz de aceptarlo como parte de “mi visión”

    
Marzo 29, 2009 · Posted in Biografía computeril  

Ya os comentaba, en alguna de las anteriores entradas, que el cambio de generación binaria no significó, implícitamente, un salto cualitativo en lo que a la experiencia lúdica se refería.
Así como recuerdo montones de juegos para las plataformas de 8 bits, con los que me lo pasé en grande jugando, apenas recuerdos media docena a los que jugase en el Atari más de una partida. Es más, para más INRI, dos de estos juegos ya los había jugado en su versión de Commodore: Airborne Ranger y Pirates.

Ya os comenté en la anterior entrada que la distribución de juegos (iba a decir programas, pero, en mi caso, no dejaría de ser un eufemismo) para el Atari no era especialmente boyante por Pamplona. Aún así, pronto descubriría otros (ejem) “métodos” para obtenerlos.
En efecto, mi camino se desvió hacia la ilegalidad. No se trata de que, antes de aquello, no hubiese catado las mieles de la piratería. El los tiempos del MSX me hice con más de un volcado de cartucho a cinta, pero aquello era distinto; nunca había pagado por un juego no-original.
La cosa es que, la precariedad de medios monetarios y materiales hizo que aguzáramos el ingenio (iba a decir que nos obligó, pero eso no dejaría de ser otro eufemismo)
Para seros sincero, la verdad es que no recuerdo a través de quien logré contactar con “ÉL” pirata y digo “ÉL” porque solo hubo uno (de verdad, señor juez)
Supongo que lo localizaría gracias a alguno de los amigos que también tenían Ataris aunque, cabe la posibilidad de que obtuviese si teléfono de la sección de anuncios de la Micromanía. Viniese de donde viniese la información, lo que cuenta es que al final accedí a aquel nuevo mundo.
Aquello, en un principio era una maravilla. No tanto porque los juegos saliesen más baratos que originales (que lo eran, y mucho) como por la inmediatez con la que podía conseguirlos con respecto a la publicación en su país de origen.
Al abandonar el Commodore 128 también abandoné la Commodore User, pero continuaba comprando la Computer + video games y, cuando se ponía a tiro, la Computer gaming world. En estas revistas, aparte de bastantes páginas más, también aparecían títulos que jamás llegue a ver en las tiendas, o en las revistas españolas, pero que si que podía conseguir gracias mi (ejem) contacto telefónico.

Así lograría jugar a juegos como el Bards Tale, Curse of the azure bonds o el Pool of radiance, aunque nunca llegue a hacer gran cosa con ellos.
Del Bards tale había escuchado montones de historias de amigos que lo tenian para PC y Amiga. Gente que se dedicaba a hacer cosas que a mi me sonaban poco menos que a magia como editar los personajes y trampearles los puntos de vida, o conseguir que un Golem de piedra les acompañase como parte del grupo.
Como a mí todas esas cosas me quedaban un tanto grandes, me dedique a hacer otros pequeños apaños para que el grupo pudiese avanzar. Mirándolas desde el punto de vista rolero eran un tanto aberrantes, pero en el ordenador colaban sin problemas.

Atención, momento batallita del abuelo cebolleta.
Lo primero que hice fue crearme un guerrero hobbit, repitiendo las tiradas hasta que me coincidían la destreza máxima con los puntos de vida máximos y una fuerza medio decente.
Después de esto, creaba montones de personajes para el grupo a los que, tras hacer que le diesen su dinero de salida al hobbit, borraba.
Cuando el hobbit tenía el dinero suficiente, le compraba una coraza y una alabarda. No tratéis de imaginároslo, ya se que es una imagen de lo más patética.
Muy bien, tenemos una cosa de menos de un metro acorazada y con un arma que mide dos o tres veces más que él.
¿Qué hacemos?
Lo sacaba a la calle y lo llevaba a dos lugares concretos que había cerca de la posada. En uno de ellos había un samurai, y en el otro un Golem. Después de acabar con ellos regresaba a la posada a descansar y, al día siguiente, volvían a estar ambos en el mismo sitio dispuestos a ser humillados, mutilados y ejecutados, día tras día, por nuestra abominación acorazada.
Poco elegante, lo sé, pero increíblemente práctico.
Cuando nuestro hobbit había subido cuatro o cinco niveles gracias al sacrificio cuasi-ritual de aquellos dos pobres desgraciados, me hacía un personaje mago y lo sacaba de paseo con el tanque de medio metro, a visitar a sus dos viejos amigos. Una vez allí, el hobbit pegaba y el mago se defendía. No importaba, los puntos de experiencia se repartían a partes iguales entre ambos.
Repitiendo esto hasta unos niveles rallaban en la más completa e infinita absurdez, terminábamos teniendo un grupo de personajes medianamente competentes… dispuestos a ser exterminados entre gran dolor y sufrimientos en las catachundas que había bajo los templos.
Vale, ya dejo la batallita y continúo.

Mientras practicaba mi faceta de rolero aberrante y solitario en el Bards tale, aproveché más de un día para quedar con un par de amigos y jugar en modo “cooperativo” a los juegos de SSI.
Cada uno de nosotros creábamos un par de personajes y luego nos dedicábamos a discutir hacia donde los encaminábamos en el mapeado del juego, y que hacía cada uno de ellos en los combates (con resultados, generalmente, esperpénticos a la par que hilarantes)

Y… básicamente eso es todo lo que hubo de bueno con el Atari. A los anteriormente citados podría añadir otros dos grandes juegos como el Zanny golf, los Rick Dangerous o el Another World (del que no me cansaba de poner a todo el mundo su intro) pero todo lo demás era un aburrimiento supino.
Descubrí que, por lo general, los criterios de las revistas inglesas coincidían con los de las españolas (o que las distribuidoras se empeñaban en promocionar lo mismo en todas partes) y que seguían sin ser compatibles con los míos. Ni el Populous, ni el Powermonger, ni el Mega Lo Mania me dijeron nunca nada, igual que me han aburrido sus descendientes.

Menos mal que los 16 bits también tuvieron entre sus filas a la MegaDrive, pero eso os lo contaré en la siguiente entrada.

    
Febrero 13, 2009 · Posted in Frikcionario, General  

Decir que el Frikcionario estaba vivo sería, aparte de un eufemismo, una estupidez y una mentira de las que es harto difícil que cuele (¡Como un huevo Kinder, tres en uno!)
¿Que, qué es (ha sido, fue y/o/u será) el Frikcionario?

Pues fue mi intentona (fallida) de hacer un blog tematico sobre mis aficiones.
El frikcionario nació hace ya tres años pero, como si se hubiese quedado atrapado en alguno de esos caos cronales chungos de Morrison (Jim no, Grant) nunca llegó a crecer o prosperar.

Éste blog que leéis ahora ha tenido muchas razones de ser a lo largo del tiempo. Primero fue una tontería para dar un poco de movimiento a la página de un amigo. Luego una manera de forzarme a escribir y tener una cierta regularidad (y sin comer cosas con fibra) Después de esto, vino el momento “catártico” en el que me dedicaba a decir a mis amigos las cosas que no suelo expresar de manera verbal.
Fue entonces cuando decidí crear el Frikcionario, ya que, hablar por aquí de mi vertiente lúdica me pareció que era como “traicionar” el espíritu que tenía el blog (al menos en aquel momento)
Coincidió que en aquella época encontré y comencé a leer con asiduidad varios blogs sobre comics como: Un Tebeo con otro nombre, El blog de ADLO, el desaparecido Heroe.com o El Blog de Jotace) (No, Viruete no. A ese ya lo conocia de mucho antes gracias a la 2D10 y, además, tampoco es “de cómics”) y me entró la envidia del colegueo que se veía entre ellos y en los comentarios.
Aceptémoslo. Me encanta Pamplona, pero en lo relativo a mis aficiones no hay, lo que se dice, una oferta diversa.
La gente más afín a mi vertiente retro (ya sea en lo relativo a la informática, los tebeos, las series o los juegos de rol) ha ido emigrando a otras ciudades y los que se han quedado aquí no comparten esa faceta mía.
Así que decidí dejar este blog para “los de aquí” (que, al fin y al cabo, los únicos que lo leían pertenecían a ese grupo), y crear uno nuevo para los que pudiesen surgir “por allí”

Y la cosa comenzó bien. Al principio hubo un poco de regularidad (durante casi un par de meses). Mientras me limitaba a dar opiniones sobre esas pequeñas joyas que me encantaron (y encantan) y parece que nadie más parecía haberse enterado de su existencia, la cosa se mantuvo con una moderada estabilidad.

Si iba tan bien la cosa ¿Qué falló?
Puesss… estooo… mmmmm ¡Un mapache tecnofago gigante de la quincuagesimotercera dimensión se comió mi ordenador!
¿Cuela?
¿No?
Vale. Ya lo suponía.
¿Pues que creéis que iba a fallar?
Pues yo, almas de cántaro. Yo.

Vale, reformularemos la pregunta ¿Porque falló la cosa?
El problema vino cuando quise hacer un poco más que sólo eso. Algo más que limitarme a dar mi opinión y comencé a buscar documentación.
Pero claro, la interné es asín y basta que quieras buscar información de algo o alguien para que no encuentres nada, o para que lo poco que encuentres sea contradictorio lo uno con lo otro. Así que me dedicaba a perder el tiempo buscando información, pero sin saber si esta era correcta. Así que buscaba más.
Tampoco quería dedicarme a copiar o reciclar información de la wikipedia, o a tratar temas de la misma manera que los habían tratado en otro lugar. Aparte de todo esto, tampoco me terminaba de sentir cómodo hablando de cosas que no conocía en primera persona, sino que tenia que dedicarme a escribir sobre lo que alguien había oído, creído o leído sobre el asunto que estuviese escribiendo.
Por otro lado, había temas sobre los que no escribía aquí, porque eran más adecuados para el Frikcionario, pero tampoco escribía ahí sobre ellos, porque tampoco sabía si era el lugar mas adecuado. Por esto llegue a plantearme la posibilidad de crear un tercer blog, pero sabía que, con toda seguridad, también acabaría igual de abandonado, así que me dedicaba a no escribir también sobre esos temas.
Así que el Frikcionario iba languideciendo lentamente mientras decidía sobre que narices escribir o hacer en él.
Y el tiempo pasaba y todo cambiaba: Mi vida, mi trabajo el blog (bueno, mis aficiones no). Vamos (casi todo) yo en mi conjunto.

Bien, pues ésta es la razón por la que estamos aquí hoy (estemos quienes estemos)
Definitivamente, declaro como oficialmente muerto al Frikcionario. Larga vida al difunto (Lo sé, no tiene sentido, pero es lo que se suele decir en estas ocasiones, ¿no?)

¿Habéis derramado la lagrimita?
Supongo que no, pero bueno, por preguntar tampoco se pierde nada.

Pero el Frikcionario no ha muerto de verdad.

Ahora es cuando vosotros decís (venga, pofavó, decilo):

¡¿COMO?! ¡¿Y PARA ESO NOS CAUSAS TANTO DOLOR Y SUFRIMIENTO?!
¡ERES UNA CRIATURA CRUEL QUE DISFRUTA JUGANDO CON LOS SENTIMIENTOS DE LOS DEMAS. QUE SE RECREA Y REGODEA DESTRUYENDO NUESTRAS ILUSIONES!

¿No decís nada?
Bueno, al menos tenía que intentarlo.

Lo que os iba diciendo.
El Frikcionario como blog ha muerto. Tenerlo ahí comiendo polvo virtual me parece un tanto chorra, así que he optado por ponerlo como una categoría más de éste.
Hace una semana importe las entradas que había escrito en él (pero nadie se ha dado cuenta, malditos desagradecidos) pero no podré los comentarios, ya que no se hicieron en este blog, y morirán con él (pero los textos son míos y me los quedo)
En breve (no se si será una semana o un siglo) comenzaré también a hablar sobre algún temilla más (Linux, algún truquillo de vindous, cacharros que he ido encontrado por ahí y cosas por el estilo) e iré creando más categorías para aglutinarlas.

Por que, como os iba comentando antes, las razones por las que va avanzando este blog van cambiando conmigo, al igual que van surgiendo y desapareciendo sus lectores. Al fin y al cabo, todo esto forma parte del “mundo” que soy yo y desde el que os hablo (y si me quiero ahorrar una pasta en psiquiatras para que traten mi esquizofrenia, mejor dejo de fraccionarme en la red)

Y dentro de nada, a ver si le cambio el aspecto al garito éste, que ya me vale.

    
Febrero 4, 2009 · Posted in Macroverso  

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Enero 12, 2009 · Posted in Biografía computeril  

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Enero 2, 2009 · Posted in Daegon, Relatos  

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Diciembre 31, 2008 · Posted in Macroverso  

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Diciembre 5, 2008 · Posted in General  

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Noviembre 24, 2008 · Posted in Macroverso  

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Noviembre 3, 2008 · Posted in Biografía computeril  

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Octubre 13, 2008 · Posted in Daegon, General  

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Octubre 8, 2008 · Posted in Macroverso  

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Septiembre 3, 2008 · Posted in General  

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Agosto 12, 2008 · Posted in Biografía computeril  

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Agosto 11, 2008 · Posted in General  

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Agosto 6, 2008 · Posted in Nostalgia en cuatro colores  

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Junio 12, 2008 · Posted in General  

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Mayo 14, 2008 · Posted in Macroverso  

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Abril 8, 2008 · Posted in General  

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Marzo 31, 2008 · Posted in General  

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Marzo 16, 2008 · Posted in Nostalgia en cuatro colores  

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Marzo 11, 2008 · Posted in General  

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Enero 31, 2008 · Posted in Biografía computeril  

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Enero 16, 2008 · Posted in Biografía computeril  

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Enero 4, 2008 · Posted in General  

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Diciembre 31, 2007 · Posted in Biografía computeril  

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Diciembre 28, 2007 · Posted in Biografía computeril  

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Diciembre 24, 2007 · Posted in Biografía computeril  

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Noviembre 27, 2007 · Posted in General  

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