Palabras desde otro mundo

31/12/2007

Biografía computeril: 8bits III (Cuestión de tamaños)

Filed under: — Avjaal @ 8:11 pm

En casa estaba el nuevo y flamante MXS (Toshiba, para más datos) y en la tienda había un Apple II con sus dos unidades de 5 y cuarto y su monitor de fósforo naranja (que, por lo que sabía había costado una cantidad astronómica, más aún teniendo en cuenta las fechas de las que os estoy hablando)
La cosa es que, vale, el MSX era más grande y más bonito que el Spectrum, y el Apple era más grande y bonito (al menos espectacular o peliculero) que el MSX. Pero la cosa es que estaba complicado encontrar juegos para aquella máquina (para el MSX, porque para el Apple nunca me plantee la posibilidad de que existieran juegos)
Por supuesto, yo defendía mí (bueno, nuestro, que era de mis hermanos y mío) artefacto. Al fin y al cabo era nuestro (y era más grande que el de “los otros”)
Con toda probabilidad, el MSX era una máquina mejor (por mejor entiéndase más potente) que el cachado ideado por Sir Ives Sinclair. Quizás fuese mejor que el CPC. Pero la cosa es que los juegos que hacían para ella eran escasos, caros y difíciles de encontrar (al menos en Pamplona)
Los juegos buenos eran los de Konami, pero estaban en cartucho y costaban un ojo de la cara y unas cuantas dioptrías en otro.
Apenas había conversiones de recreativas, y las que se hacían (y llegaban hasta aquí), eran bastante malas. Tan solo los programadores españoles parecían acordarse de aquella maquina, y hacían ports de casi todos sus juegos para ella.
Recuerdo los dos primeros juegos que alquilé para él. Fue en el supermecado del cassette y se trató de: Avenger y Jet Set Willy II.
Avenger recuerdo que lo pille sin dudarlo nada más ver la portada (salían un ninja y un tigre, ¿Que más se podía pedir?) El Willy… pues el Willy me lo pille porque no había mucho más entre lo que elegir, pero desde luego no fue por la portada (que si bien ahora me puede hacer gracia, en aquel entonces me parecio poco “impactante”)
Recordando, recordando, aquello debió ser en el ochenta y seis / ochenta y siete. Pero mira tu por donde que podía haber sacado mirando la fecha en las que se publicaron los juegos, pero que ha sido por otra razón.
He recordado que fuimos a Andorra aquel invierno, y que mientras regresábamos, yo escuchaba en el walkman el Nikita, de Elton John, y que también me habían comprado el Buck Rogers para el MSX (de ahí mi deducción de que aún, o ya tenía esa máquina).
Mirando en allmusic.com, he visto que pertenecía a su disco Ice on fire, que es del ochenta y cinco, pero también he visto que el Avenger es del ochenta y seis, así que no, obviamente no podía haberme hecho con él antes de ese año.
Veintiún añitos de nada. Yo tenía trece, debía estar cursando séptimo de EGB (lo cual también me cuadra, ya que Carlos Jordán, uno de mis compañeros de clase también era poseedor de MSX) Como pasa el tiempo.
Voy a soltaros un chascarrillo más para que veáis los mecanismos que hacen que funcione mi memoria en cuanto a la ubicación temporal de los hechos.
Recuerdo que estaba cojo, pero no recuerdo el porque.
Recuerdo que volví del masajista después de que me “arreglase”
Y recuerdo que lo primero que hice nada más llegar a casa, fue ir corriendo a casa de Jordán para jugar al Green Beret (que mira tú por donde, acabo de mirarlo, y su versión para MSX también es del ochenta y seis)
No soy capaz de recordar “tenía nosecuantos años cuando hice tal cosa” (bueno, tampoco es que me preocupen demasiado esos datos). Sólo soy capaz de realizar triangulaciones a partir de hechos, más o menos importantes, que sucedieron en el mismo momento, y que pueda rastrear.

Pero vamos, como de costumbre, ya me he puesto a desvariar.
Corrían tiempos difíciles para la piratería. Los juegos, no sólo daban problemas a la hora de ser copiados, sino que, muchas veces, incluso las cintas originales fallaban alegremente (eso cuando no tenías que andar ajustando los cabezales del casete con el destornillador para ver si había suerte y hacías funcionar aquello)
Cuando conseguías copiar los juegos, tenías que andar para adelante y para atrás con la cinta tratando de calcular donde empezaba un juego y acababa otro. Y, para terminar, las protecciones solían consistir en palabras concretas del manual (así que a gastarte los dineros en fotocopias) o alguna planilla de colorines (más complicado aún de fotocopiar)
Por si eso no era poco, ya os comentaba que los mejores juegos del MSX estaban en cartucho, y ahí si que no había solución. Vamos, que no se podían copiar (al menos sin dejarte un pastó)
En fin, complicadilla la cosa (aunque siempre acabas encontrando a alguien se las arreglaba para saltarse las protecciones, o tenía algún cachivache milagroso que copiaba los cartuchos en cinta.

Mientras tanto, en el mundo pofesioná…
Debió ser por aquel mismo año (a más tardar el siguiente) que apareció por la tienda otro nuevo artefacto maligno: Macintosh Plus.
No sólo era más pequeño que el Apple II, sino que tenía disco duro (no tenía disco duro, sino que era una disquetera de 3 y medio, pero yo había escuchado el palabro ese, y se lo adjudique a aquella cosa)
¡Albricias y zapatetas! Aquel engendro abisal era más pequeño (al menos el teclado) que cualquiera de las otras maquinas que había visto (bueno, más pequeño que el Spectrum o el Oric Atmos, no) y les daba sopas con onda ¡No tenías que escribir! (Menos trabajo aún, como cambian los tiempos y lo que me molan ahora línea de comandos) ¡Se podía dibujar con él! (En los otros también se podía, pero había que currárselo mucho más)
Entre eso, y los amigos que tenían el Spectrum, que vale, como maquina sería inferior, pero que tenían muchos más juegos, la cosa estaba clara:
Con las maquinas el tamaño no es importante.
Aunque la siguiente maquina que tendría sería la excepción que confirmaba la regla: Mi añorado y añorado Commdore 128.

28/12/2007

Biografía computeril: 8bits II (Yo 1)

Filed under: — Avjaal @ 2:21 pm

Ayer (es un decir) lo dejamos en el momento en el que el primer Spectrum llegó a nuestra casa.
¿Primer Spectrum?
Efectivamente, después de ese, llegaría otro (y por después entiéndase uno o dos días).
Allí estábamos nosotros. De nuevo en familia, de nuevo alrededor de una máquina infernal. La escena que habíamos vivido días atrás se repetía de nuevo. El hombre contra la maquina, una lucha desigual. De haber tenido ojos, seguro que el Spectrum nos habría lanzado una mirada desafiante; “Échame todo lo que tengas” era el mensaje que se podía leer entre bits.
De algún manual esotérico surgieron las palabras para la invocación (load””) más nos faltaban los ingredientes para que el sortilegio fuese efectivo (el cassette estaba ahí al lado, pero no estaba conectado. No había cinta en su interior. No hubo amago de darle al Play)
Embobados, continuamos mirando la pantalla. No había movimiento alguno. La magia de la informática se nos demostraba tan falsa como la de los ilusionistas de feria. No había imágenes. El único sonido que escuchábamos era el de nuestra propia respiración.
¿Habríamos ofendido a los dioses de la ciencia?
¿Serían nuestras ansias lúdicas algo pecaminoso?
Poseídos por el espíritu de nuestros ancestros, nos negamos a aceptar aquel castigo que considerábamos injustos, y nos revelamos contra los designios divinos.
Pero nuestra negativa a aceptar el cruel hado nos granjeo la ira de las deidades de la electrónica, y su avatar pereció ante nuestros atónitos e impíos ojos.
Resumiendo: Aquello no tiraba (obvio, cuando haces las cosas mal) así que nos dedicamos a pulsar todas las teclas a la vez y la pantalla se llenó de colorines. Después de eso, la maquina no volvió a funcionar.
Round One: Spectrum Wins

Cualquiera se habría desanimado tras dos fracasos tan rotundos, pero mi padre no. Volvió a la tienda, y apareció de nuevo en casa con otro Spectrum.
No recuerdo como lo logramos pero, la cosa es que, en esta tercera colisión tecnología – nosotros (segunda contra el Spectrum, tercera en el cómputo global) terminamos saliendo indemnes y triunfantes. A partir de aquel momento, ya sólo quedaba jugar.

No trataré de engañaros. Es cierto, lo reconozco. Nunca vi, miré o concebí el ordenador como una herramienta de trabajo. Es más, mi mente se negaba a ver toda posibilidad ajena a su función lúdica. Ojeando estos últimos años las revistas antiguas, me he dado cuenta por primera vez de la existencia de anuncios en las que se ofrecían programas profesionales para aquellas plataformas.

La excusa de siempre para en aquellos tiempos (al igual que, en gran medida, ahora) para pillar algún horror tecnológico era, por supuesto, estudiar. La realidad, triste para los padres, feliz para los hijos, era que se trataba de un cachivache para dedicar el tiempo a cualquier otra cosa, salvo eso.
El mercado del pirateo no estaba tan desarrollado (o quizás debería decir “profesionalizado”), pero estando al precio al que estaban los juegos, siempre te las apañabas para que alguien te copiase las cintas, o alquilar juegos en video clubs o tiendas de juegos y copiarlos tu mismo.
En Pamplona, que yo llegase a conocer, había dos lugares en los que se podían alquilar juegos: Supermercado del cassette y Ramar. Estos lugares llegaría a conocerlos con posterioridad a la posesión del Spectrum, ya su estancia entre nosotros tampoco se extendió durante mucho tiempo. No, esta vez no nos lo cargamos, sino que, en otra de esas jugadas maestras que pasarán a la historia de las ideas brillantes, lo cambiamos por un MSX.
No me miréis así. Era un ordenador más grande… tenía que ser mejor.

24/12/2007

Biografía computeril: 8bits I (Yo 0)

Filed under: — Avjaal @ 2:49 pm

Advertencia: Algunos de los hechos aquí narrados, ya lo fueron narrados antaño cuando me dedique a hablar sobre las distintas etapas de mi crecimiento, maduración y fermentación.
De cualquier manera, en esta ocasión me centrare tan sólo en los aspectos de mi crecimiento como ente apegado a los bytes y el mundo eléctrico-binario, tratando de alejar de estos textos toda emoción ajena a la que en mi provocaron, provocan y provocarán los entes derivados del silicio.
Una vez dicho esto, vamos al tajo.

Hasta donde me alcanza la memoria, siempre me han gustado las máquinas.
De crío, en Alsasua, era un asiduo del salón recreativo, y me encantaba visitar el almacén de recreativas que tenía el tío de mi amigo Rafita.
La primero maquina infernal que invadió mi casa (en aquella lejana época) fue una consola Atari de esas de los mandos con ruedita, y los juegos hechos con dos barras blancas y un píxel a modo de pelotita. De todas formas, aunque sí que recuerdo el juego, no recuerdo la forma exacta de la consola (lo de que era Atari también lo estoy suponiendo)
Pero aquellos eran otros tiempos, y entre mis hermanos y yo tampoco le dimos demasiado tute a aquel engendro del averno.
Ya en Pamplona, mi relación con la electrónica lúdica se limitó durante un tiempo a visitar los bares, cafeterías, heladerías y demás establecimientos del barrio que dispusieran de una recreativa. La verdad es que, aún a día de hoy, mi relación con el entorno urbano tiende a estar filtrado por la capacidad que tienen los locales para captar mi atención. Los nombres de las calles no se me suelen quedar, pero si logro asociar algún establecimiento que tenga relevancia para mí con los nombres que da el resto del mundo a las calles, plazas o avenidas, seré capaz de llegar hasta los lugares.
Así que, durante mis primeros años en Pamplona, los locales alcoholizantes carecían de nombres. Para mí eran “el del Terra Cresta”, “la del Green Beret” o “el del Commando”.

El primero ordenador, merecedor de tal nombre, que visitó mi casa, fue un Commodore 64. Digo visitó porque me parece que no duró más de dos días en ella.
Recuerdo bastante bien aquellas navidades.
Como de costumbre había suspendido bastantes asignaturas. Como de costumbre, iba a tocar bronca en casa. Así que decidí retrasar la bronca, y oculte las notas en un lugar en el que confiaba que no mirase nadie: La funda de una guitarra española que había en mi habitación (la guitarra también estaba dentro, así las notas no se sentirían tan solas) Mentí y me sentí tremendamente culpable (para que voy a querer que me abronquen o castiguen, cuando para eso ya me basto yo solito)
Tras aquella primeriza muestra de ingenio para el mal, fui recompensado (junto a mis hermanos) con la máquina antes mencionada.
Durante un par de horas toda la familia nos dedicamos alternar nuestras miradas entre sus teclas, y el mensaje que aparecía en la tele.
No teníamos ni idea de que hacer. A alguno creo que se le ocurrió mirar el manual de instrucciones, a ver si en aquel texto arcano aparecía algún encantamiento que alterase el estado de la pantalla. Pero nada, aquellas páginas estaban encriptadas en algún código bizarro y meta-intelectual que éramos incapaces de descifrar. Así que terminamos de apagar aquel misterioso y místico artefacto y nuestras vidas (y mi sentimiento de culpa) continuaron con su monótono devenir.

Más ¡NO! Mi padre no se iba a dejar vencer por esa máquina… así que la cambió para tratar de no ser vencido por otra, así a los pocos días teníamos en casa un flamante Spectrum 48k. Era más pequeñito, más negro, y menos que el Commodore en todos los sentidos, pero daba igual, para nosotros era otra creación del maligno. Otro engendro de Belcebú que se negaba a ser doblegado por nuestras rectas y justas ganas de ladear.

Powered by WordPress