Palabras desde otro mundo

31/1/2008

Biografía computeril: 8 Bits V (El arte no es morirte de frío)

Filed under: — Avjaal @ 1:35 pm

Era pequeñito y apañao. Negro él. Elegante. Sobrio.
Sólo tenía dos botones, pero tampoco necesitaba más.
Todo lo que alguien como yo podía desear.
El sueño de todo friki.
La máxima expresión del ideal austero.

Bueno, igual no era para tanto, pero molaba. Molaba mucho.
Era el ¡ACTION REPLAY! (Sí, continuo con las mayúsculas y, además, ahora con exclamación)
Y era mío.
Ya nada interponía en mi camino hacia el dominio el universo.

Vale, sí. Sigo exagerando (pero sólo un poquito)
El ¡ACTION REPLAY! (lo siento, no quiero evitarlo) vendría a ser una versión antediluviana del Ghost. Y ahora es cuando vosotros decís ¿Y eso es todo? (malditos infieles)
Pues no. Eso no era todo. Era eso y mucho más.
Era darle a un botón, y poder guardar la partida de cualquier juego. Daba igual que no tuviese opción de salvar. Daba igual que si estaba protegido o no.
El ¡ACTION REPLAY! guardaba el estado en el que se encontraba la memoria del ordenador, y te permitía hacer un volcado de él, para volver a cargarlo cuando a ti te diese la gana.
Lo bueno del asunto era que podías guardar esos archivos tanto en cinta (¡Buuuuuuuh!) como… ¡EN DISCO! (y hubo gran regocijo)
Ya sólo hacia falta que los juegos cargasen bien una vez para poder jugar todas las veces que quisieras. La disquetera se convirtió en un elemento útil de aquel ordenador (y el perforador de hojas en un elemento más del ámbito informático)
Que tiempos… cuando los discos tenían dos caras, como las cintas. Antes del CD. Antes del DVD. Antes de la decadencia del mundo occidental.
Vale, sigo exagerando un poco. Yo soy uno de esos blasfemos herejes que prefieren los CD a los vinilos y los DVD a los VHS. No todo cambio implica un avance, y no toda mirada hacia los tiempos pasados debe estar teñida por la nostalgia (pero eso es algo totalmente alejado del espíritu de lo que estamos hablando estos días, y que queda para otra columna, sea cuando sea)

Pues eso. Gracias al ¡ACTION REPLAY! mis días de cargas inciertas con el Commdore se terminaron. También deje de escuchar las músicas que ponían los chicos de Imagine: The name of the game, en sus juegos. Pero es un precio que pague gustoso (aunque había músicas muy chulas, como la del Terra Cresta)

Más o menos por esa misma época llegaría a casa la Sega Master System. Si no recuerdo mal, se lo compramos al mismo morador de Ramar a quien le compramos el ¡ACTION REPLAY! (así que ambos fueron de segunda mano)
Recuerdo la conversaciones con él en el salón de juegos Carlos III en los que elucubrábamos sobre la calidad que tendría la versión del Altered Beast para aquella máquina (así que supongo que la consola llegaría a casa en navidades del ochenta y ocho, ya que la conversión para la Master System salió en el ochenta y nueve)
Al final, me hice con el juego cuando llegó hasta estas tierras norteñas… y la verdad es que fue un poco decepcionante. Era muchísimo mejor que las conversiones para el resto de maquinas de 8 bits, pero seguía estando muy lejos aún de lo que ofrecía la recreativa (por eso la Master System no esta en mayúsculas y entre exclamaciones) pero aún así, aquella consola era una gran maquina.
Peeeeeero, como todo aquello tocado por la balanza kármica, aquella adquisición acarrearía un pequeño problema (logístico): ¿Donde narices pillaba yo juegos para ella, si en las tiendas que solía visitar no sabían que era aquello?
Ni Ramar, ni Iguzquiza traían la consola (y de las tiendas de electrodomésticos ya ni hablamos) así que tras preguntar al vendedor me informo de un ignoto lugar llamado Radio Frías. Una especie de relojería-tienda-de-pequeña-electrónica-en-general (Sí, un bazar en toda regla, pero algo mas serio que los de ahora, antes de que comenzasen a proliferar por estas tierras) Como no podía ser de otra manera, también estaba en el centro (a escasos cien metros de la librería Gómez)
Me costo un cierto tiempo dar con aquel lugar (entre que estaba algo escondido, su nombre no estaba muy claro, y lo que se veía en el escaparate como que no era fácil de asociar con los videojuegos, la cosa no era sencilla) pero mis exploraciones tuvieron éxito.
Como ya os decía, el local era un bazar en toda regla, y al entrar como que me daba un cierto noseque el preguntar por “el asunto”. Me daba la impresión de que me iban a mirar con cara rara y a señalar con el dedo.
Pero sí, aquel era el lugar marcado con la “X”. Tras pasar por un pequeño pasillo al fondo de la tienda, hasta lo que parecía un taller de reparación de electrónica, ante mi se mostraron en una vitrina las características cuadricula que tenían todas las cajas de juegos de aquella consola. Lo cierto es que no había mucho donde elegir (y mira que eran caros, con lo que nos había costado que bajasen las cintas a 875) así que la elección de aquellos juegos si que era aventura cien por cien.
Pero luego los juegos molaban, y mucho. No había que esperar las cargas. No había que configurar teclados. Se podían guardar las partidas (en algunos de los juegos) y, quizás por lo que te había costado comprarlos, quizás por el tiempo que tenías que esperar entre hacerte con uno o con el siguiente, quizás porque realmente eran tan buenos… los disfrutabas como pocas cosas antes.

16/1/2008

Biografía computeril: 8 Bits IV (Menamorau)

Filed under: — Avjaal @ 3:20 pm

Que bonico que era él.
En ésta ocasión no se trataba de una compra, sino de un regalo. La tienda había decidido informatizarse en serio, y había pillado un servidor Bull con un par de terminales tontos. Como la cosa costaba un pastón, pues le regalaron (o mi padre consiguió sacarles, o lo que sea) un flamante Commodore 128, con su datasette, su disketera 1571 (de 5 y cuarto) y su monitor a color de 14”.

No recuerdo que hicimos con el MSX, pero desapareció por siempre jamás de nuestras vidas. Quiso coincidir esto, más o menos, en el tiempo con dos grandes eventos: La bajada de precios de Erbe y el descubrimiento por mi parte de la existencia de Ramar.
Se acabó la tele en blanco y negro y el andar resintonizando. Se acabó el peregrinar por tiendas de electrodomésticos buscando alguna en la que vendiesen juegos. Se acabó el pagar dos mil o tres mil pelas por un juego. Aquello era el advenimiento del paraíso utópico-lúdico.
Cada semana realizaba mi peregrinaje hasta la meca tecnisciente para gastarme la paga en un nuevo juego para el Commodore. Con el tiempo hasta llegue a tener una cierta confianza con el tendero, lo que me granjearía un extra de juegos gratis.
Ellos sólo vendían ordenadores Amstrad y Spectrum (es posible que también PC primigenios en la otra tienda que tenían, que también era distribuidora de los productos de Logic Control) Así que, como no vendían Commodore, no podían probar los juegos que la gente les trataba de colar como defectuosos.
Ahí es donde entraba yo. Primero comencé como “catador” de juegos supuestamente rotos (había mucho listo que los compraba, los copiaba y luego, alegando que no funcionaban, esperaba a que no quedasen mas unidades de ese juego e iban a que se lo cambiasen por otro distinto) y, con el tiempo, me acabó pasando todos los juegos que llegaban nuevos para que los “probase”. Era majo aquel hombre, creo que se llamaba Ramón, a saber por donde andará ahora.

El centro de Pamplona era como el paraíso para mí en aquellos tiempos. Por un lado teníamos los multicentros (como un centro comercial, pero en pequeñito. Vamos, unas cuantas tiendas juntas en el mismo portal): Roncesvalles, con Ramar como máximo reclamo y al otro lado estaban los Avenida, con Iguzquiza y su eterno escaparate lleno de juegos y cachivaches vários.
También estaban ahí los multicines Príncipe de Viana (descansen en paz) y el gran cine Carlos III (ahora multicines, si es que ya no se respeta nada)
A cuatro pasos tenías el salón de juegos Carlos III, a otros cuatro la librería Gómez y a otros cuatro más Tebeo. En menos de quinientos metros tenías todo lo que podías soñar y desear.

Es más, mis visitas al centro no eran excursiones meramente lúdicas, sino que poseían también un elemento educativo (ejem, bueno, es un decir) pues, otro de los grandes descubrimientos de aquellos lejanos días fueron las revistas extranjeras.
Fue verlas en las estanterías de la librería Gómez y no poder soltarlas. Estaban en ingles, y no me enteraba de gran cosa, pero me convertí en un asiduo de la Computer + Video Games y la Commodore User.
Luego pasaba lo que pasaba. En sus páginas veía juegos y periféricos que nunca llegarían a España. ¡HASTA HABÍA JUEGOS PARA COMMODORE QUE SALÍAN EN DISCO! El acabose, vamos.
Pero estábamos en Pamplona y, no solo no llegaban juegos en disco para el Commodore, sino que había juegos que simplemente no se traerían jamás.
De todas formas tampoco era necesario. Siempre me quedaban las fotos de las revistas y el inventarme la mitad de las cosas que decían de aquellos juegos.

A falta de otras aficiones (los tebeos siempre han estado ahí, pero aún no había descubierto tebeo pese a tenerlo a dos pasos) el ordenador era el elemento socializador de mi vida.
Tampoco es que hiciese grandes amigos allí, ni que se llevaran a cabo conversaciones sesudas sobre el estado de la comunidad jueguera, pero ahí estaba yo todas las tardes de sábado a ver que juego había salido y a charlar (o a que me aguantase un rato aquel pobre hombre)
Allí conocería también a otra persona (de cuyo nombre tampoco me acuerdo) que ampliaría mis horizontes electrónicos. Tendría dos o tres años más que yo, pero para mí era una especie de arcano / gurú de los ordenadores. No sólo ¡TENIA UNA SEGA MASTER SYSTEM! Sino que también era poseedor del artilugio que mayores satisfacciones me ha hecho pasar con un ordenador (en el terreno jueguil): El ACTION REPLAY (Arrodíllense todos y alaben a nuestro salvador) Yo no creo en dios, creo en el ACTION REPLAY (ahí, con bien de mayúsculas, que se merece todo eso y más)
¿Qué que es era el Action Replay?
La obra de un genio o un loco.
El exponente de la máxima grandeza a la que jamás podrá aspirar la humanidad.
Y claro.
Tenía que ser mío.

4/1/2008

Flujo de datos insuficiente – error de sintaxis

Filed under: — Avjaal @ 8:17 pm

Pues sí, hay veces que mis neuronas van por libre, incluso las unas de las otras.
La cosa es que, hace algo más de un mes, en el blog de Manu salió un concurso muy apetecible para aquellos que gustan de ladear electrónicamente (más concretamente aquí)
Yo, listo como soy, deje un comentario que, a parte de decir justo lo contrario de lo que pretendía (decía que no juego a nada que tenga más de 15-20 años, cuando no juego a nada que tenga menos de esa edad) también le decía que me parecía una gran idea, no concursaría pero si que pondría alguna entrada en mis blogs al respecto.
Eso, y otra entrada anterior suya en la que hablaba de sus comienzos en esto de las maquinitas, fueron parte de los desencadenantes de mi Biografía computeril.
Pero como os decía, soy así y, pese a tener perfectamente claro que iba a decir algo al respecto… no lo he hecho (hasta ahora, claro)
¿Qué me lo ha recordado?
Pues la entrada que ha puesto hoy en la que dice que se alarga el plazo de entrega de materiales para el concurso. Así que, antes de que vuelva a dar por supuesto y realizado algo que no lo es, ahí lo tenéis.
Ya estáis tardando en participar (y si os toca algo ya me invitareis a vuestra casa a ver como jugáis)

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